En salvaguarda del Roque Teneguía

noviembre 6, 2009

Juan Carlos Díaz Lorenzo [Cronista Oficial de Fuencaliente de La Palma]

En agosto de 2007, la asociación “Tagoror Amigos de Fuencaliente” realizó un vallado simbólico del Roque Teneguía, utilizando para ello postes de madera y sogas, llamando así la atención ante la necesidad de proteger la zona.

El colectivo fuencalentero manifestó entonces que la afluencia “masiva e incontrolada” de visitantes que acuden constantemente a visitar el citado roque, ya sea de manera intencionada o inconsciente, está provocando un preocupante deterioro en la conservación de las inscripciones, por lo que reclama la adopción de medidas de protección necesarias para uno de los ejemplos más importantes del patrimonio cultural y natural del municipio y de la isla, incluyendo vigilancia, si posible fuera, lo que generaría puestos de trabajo y ofrecería la posibilidad de que los visitantes conozcan los valores culturales, geológicos y biológicos de este emblemático enclave.

Consultado el consejero insular de Cultura y Patrimonio, Primitivo Jerónimo Pérez, cuya sensibilidad con Fuencaliente es manifiesta, manifestó, al respecto, que el Roque Teneguía “es uno de los símbolos de La Palma y su valor trasciende más allá del meramente arqueológico. Ha sobrevivido miles de años a las erupciones volcánicas que han configurado la isla y también a la meteorización y a la mano del hombre. Se trata de un referente indiscutible para todos los palmeros”, agregó.

El Roque Teneguía, declarado Bien de Interés Cultural en 1985, se encuentra en una finca particular, titularidad de Aída Cabrera Díaz, de casi 41.000 metros cuadrados de superficie. En 2002, el Cabildo Insular de La Palma encargó a la empresa ArqueoCanarias un proyecto para la señalización y delimitación del lugar mediante unos tensores y pies derechos de acero, así como papeleras y mobiliario urbano, todo ello perfectamente integrado en el paisaje, por importe de 20.980 euros, que recibió el visto bueno de la comisión de patrimonio y de la comisión de gobierno del Cabildo.

El consejero insular de Cultura manifestó, asimismo, que en breve se retomarán las negociaciones con los propietarios de la finca -tasada en 122.700 euros- en la que se encuentra el Roque Teneguía, para su previsible adquisición por el Cabildo. “El trato ha sido siempre exquisito. Ellos son conscientes de la importancia que este lugar tiene para La Palma, aunque sabemos que el proceso es lento. Mientras tanto, queremos llevar a cabo el proyecto de protección diseñado por ArqueoCanarias, y para ello necesitamos el apoyo de la propiedad”.

El consejero insular insistió en que la actuación que se pretende acometer en el Roque Teneguía “trata de evitar que los visitantes pisen los petroglifos, que discurran por unos senderos previamente establecidos, que exista un panel informativo acerca de su importancia desde el punto de vista arqueológico, geológico, botánico e histórico. No podremos evitar que continúe la acción implacable de la naturaleza, pero sí trataremos de conservarlo lo mejor posible. En La Palma tenemos catalogados unos 4.000 yacimientos arqueológicos, no podemos vallarlos y tener vigilancia en todos ellos, pero sí mantenemos un interés constante en su salvaguarda, con acciones que permitan su conocimiento y disfrute”.

El Roque Teneguía se sitúa a una altura superior al lugar donde se encuentra la redescubierta Fuente Santa y descansa sobre una profunda capa de basalto olivínico. Hasta su base llegó la lava del volcán de San Antonio, en los días finales de la erupción de 1677. Concurren en él varias circunstancias que lo destacan no sólo como referencia topográfica, sino también como lugar de elevado interés científico, al conjugarse en él aspectos geológicos, botánicos, literarios y arqueológicos.

Situado a unos 418 metros de altitud sobre el nivel del mar y en la falda SW del volcán de San Antonio, el Roque Teneguía es un promontorio de fonolita haüynica y de color pálido amarillo-rosado. Se trata, desde luego, de una formación geológica muy antigua, al que se le calcula una edad aproximada de unos 600.000 años. La palidez de la roca contrasta notablemente con el negro de las lavas vecinas, de ahí que autores como Hausen no duden en calificarlos como monumentos gastados y castigados por el viento. El inolvidable Luis Diego Cuscoy (1907-1987) se refería a las “fuentes calientes” que se producen en el Roque Teneguía y las consideró causadas por la radiación permanente de fuentes magnéticas de calor.

El acceso al enclave se hace por una pista que bordea la falda del volcán de San Antonio y se desvía en dirección al cráter del volcán Teneguía. De Los Canarios al Roque hay, aproximadamente, una distancia de 5,5 kilómetros, aunque los últimos 500 metros hay que recorrerlos a pie sobre un manto de lápilli. Esta eminencia rocosa es visible desde el Sur y Oeste y sirvió como punto de referencia para los pescadores y la navegación de cabotaje.

El estado en que se encuentra, roto y resquebrajado, se debe no sólo a los seísmos que acompañan a las erupciones volcánicas, sino también porque el Roque fue durante siglos la cantera de la que los vecinos de Los Quemados, Las Indias y de otros lugares extrajeron la piedra para construir sus casas, al tratarse del único material disponible entonces para la edificación, ya que el resto del suelo estaba cubierto de lavas, cenizas y arenas. Se calcula que la extracción de piedra pudo comenzar a principios del siglo XVI, fecha que nos aproxima al nacimiento de las primeras casas en Los Quemados y Las Indias.

Hace ahora 37 años, el Roque Teneguía estuvo a punto de desaparecer. En el mes de marzo de 1970, un grupo de jóvenes fuencalenteros -Juan José Santos Cabrera, su hermano Octavio (fallecido), Rosa Díaz Martín, Toña Carballo Pérez, Juan Luis Curbelo Pérez y Rafael Díaz Pérez- visitaron al director del Museo Arqueológico de Santa Cruz de Tenerife, Luis Diego Cuscoy, mostrándole unas fotos del lugar y trasladándole la alarmante noticia de su inminente desaparición, al haber sido trazado por aquel lugar el paso del canal Barlovento-Fuencaliente, que debía pasar justo a la altura del Roque. Las obras se encontraban en una fase muy avanzada, hasta el punto de que ya se aproximaban a la base del Roque y, además, éste había sido minado y su voladura se iba a realizar en fechas próximas.

La noticia justificó la alarma de Luis Diego Cuscoy, quien, de inmediato, informó de la situación al comisario general de Excavaciones Arqueológicas, Martín Almagro. Su rápida gestión decidió la inmediata intervención del director general de Bellas Artes, Florentino Pérez Embid, quien telegrafió al alcalde de Fuencaliente, Emilio Quintana Sánchez, en los siguientes términos:

“Ordeno detengan obras hidráulicas que afectan al paraje Roque de Teneguía. Deberán realizarse según instrucciones director Museo de Tenerife, señor Cuscoy”.

Las obras se detuvieron y el Roque Teneguía pudo salvarse conservando el impresionante conjunto de grabados existente, en el que, por entonces, Luis Diego Cuscoy realizó dos campañas, entre 1970 y 1971 respectivamente, obteniendo calcos y fotografías, así como un estudio de técnicas y patinas, además de realizar diversas excavaciones.

El Roque Teneguía contiene casi un centenar de inscripciones. En opinión de Luis Diego Cuscoy, que los estudió con detalle, la mayoría de los temas -espirales, meandros, laberintos, líneas serpentiformes, etcétera- pueden tomarse como símbolos de agua.

La cara oriental del Roque es la que ofrece mayor interés arqueológico, por encontrarse en ella los petroglifos, que aparecen agrupados o aislados y, en su conjunto, forman más de un centenar de temas, constituidos por espirales simples, dobles y acorazonadas, laberintos espiraliformes, meandros, círculos simples y múltiples, arcos múltiples, óvalos y temas lineales esgrafiados. Algunos temas aparecen superpuestos.

La técnica utilizada es la del picado y deslascado. No se puede precisar su cronología y tampoco puede excluirse una afinidad temática, tipológica e incluso estilística con los grabados africanos de Uad Yerat, Uad Djorat, Oukaimeden, Koudiat, Talat N’ Lisk, etc., aunque sí cabe relacionarlos -lo que sucede también con otras estaciones de La Palma- con grabados del grupo atlántico.

La superficie del Roque es muy irregular a causa de la caprichosa disposición de las rocas y por encontrarse resquebrajada. La base mide unos 55 metros, 36 metros de Este a Oeste y unos 80 metros de Norte a Sur, tomando las medidas en la parte superior del Roque. La superficie, aproximadamente trapezoidal, es de unos 2.000 metros cuadrados.

Desde el punto de vista botánico, es preciso señalar que en el Roque Teneguía habita la Centáurea Junoniana, llamada también cabezuela, descubierta en 1945 por el botánico sueco Eric Ragnar Sventenius (1910-1973), quien, al mismo tiempo, redescubrió los grabados rupestres que cubren las rocas.

Siguiendo las enseñanzas de este autor, que vivió en Canarias desde 1931, sabemos que existen dos grupos de centáureas, es decir, las especies del grupo rubriflorae y las del grupo flaviflorae. Las centáureas que viven aferradas a las grietas del Roque pertenecen al primer grupo “y se limitan a formaciones geológicas más recientes”. Como dato significativo hay que señalar que no existe otro lugar de La Palma donde habite esta especie y que el Roque Teneguía es su último refugio.

El Roque Teneguía forma parte del Parque Natural de Cumbre Vieja, que abarca todo el centro-sur de la isla, extendiéndose por cinco municipios (Fuencaliente, Mazo, El Paso, Breña Alta y Breña Baja), con una superficie de 7.499,7 hectáreas. El parque fue creado por ley 12/1987, de 19 de junio, de Declaración de Espacios Naturales de Canarias, como dos espacios separados, el parque natural de Cumbre Vieja y Teneguía y el paraje natural de interés nacional de Coladas del volcán de Martín. Ambos fueron unidos por la Ley 12/1994, de 19 de diciembre, si bien los Volcanes de Teneguía formaron un espacio protegido independiente, con categoría de Monumento Natural, por Ley 13/1994 de 22 de diciembre y una superficie de 857,4 hectáreas.

La dorsal de Cumbre Vieja constituye una estructura volcánica de gran interés geomorfológico y representativa de la geología insular, con elementos puntuales muy singulares, tales como los roques de Jedey y de Niquiomo, y muestras de la mayor parte de los episodios de volcanismo histórico de la isla. Estos valores se enmarcan en un entorno paisajístico de gran belleza y valor natural, con numerosas masas de pinar que conforman la mejor garantía de protección de los suelos y de recarga hidrológica subterránea. Tanto la flora como la fauna poseen especies protegidas y amenazadas, algunas con las mejores poblaciones en este lugar.

El parque es, por definición, área de sensibilidad ecológica en toda su extensión, a efectos de lo indicado en la ley 11/1990, de 13 de julio, de Prevención de Impacto Ecológico. Además, comprende los montes de utilidad pública Pinar de los Faros, Las Calderas, Malpaíses y Manteca y un sector del área conocida como Ferrer, Ladera y Monclás. Por otro lado, el norte del espacio forma parte de la zona periférica del parque nacional de la Caldera de Taburiente. Además, un amplio sector al SW del parque linda con el paisaje protegido de Tamanca.

El parque fue creado con el objetivo de preservar los conos y las coladas volcánicas de las diferentes erupciones acaecidas en la zona del edificio volcánico de Cumbre Vieja, desde las prehistóricas hasta la del volcán Teneguía (1971). Está atravesado de norte a sur por un sendero denominado Ruta de los Volcanes, que discurre por los conos más importantes y ofrece, en días despejados, unas panorámicas impresionantes de la isla y de las vecinas.

El parque, en el que existen grandes masas boscosas de pinar canario y laurisilva (en la vertiente oriental) es zona de sensibilidad ecológica, y la parte norte corresponde a la denominada zona de protección pre-parque del Parque Nacional de la Caldera de Taburiente.

Una de las primeras referencias que poseemos sobre el Roque Teneguía se encuentra en la escritura pública otorgada el 29 de agosto de 1582, en la que el propietario de los terrenos de la comarca, Hernán González de Justa -que los había adquirido en 1580 a los hijos menores de Pedro Riveros-, los vendió a su hijastro Juan Sánchez y a sus yernos Pedro Yanes y Domingo Pérez, incluyendo las casas, cuevas, corrales y estanque de madera de tea para recoger el agua (ver DIARIO DE AVISOS, 12 de junio de 2005).

Publicado en DIARIO DE AVISOS, 16 de septiembre de 2007

Roque Teneguía (2007)

Perspectiva del Roque Teneguía desde la ladera del volcán de San Antonio

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