Redacción

Dentro del ciclo de charlas-coloquio que, bajo el título “Los desayunos de Aguere” se desarrollan en el local de la Agrupación Domingo Medina por La Laguna, el sábado día 22 de mayo le tocó el turno al historiador del arte y periodista Juan Carlos Díaz Lorenzo (Fuencaliente de La Palma, 1959). Su disertación trató el tema La Laguna, ciudad patrimonial, haciendo un recorrido histórico desde su fundación hasta nuestros días.

 El conferenciante, discípulo del catedrático Alberto Darias Príncipe y licenciado por la Universidad de Santiago de Compostela, señaló las fechas más significativas de la historia de la ciudad, documentando su exposición con numerosas instantáneas fotográficas y aportando datos sobre los hechos más importantes acaecidos en Aguere a lo largo de sus más de quinientos años de vida. 

Hizo un recorrido por el casco histórico, a modo de paseo virtual por las calles principales, con fotos de los edificios y los rincones más emblemáticos de la ciudad, así como una descripción de los acontecimientos más significativos ocurridos en cada uno de ellos. Y concluyó con un análisis crítico de lo que denominó “asignaturas pendientes” de La Laguna en materia de patrimonio histórico-artístico, a la que calificó como “ciudad única” de Canarias.

Su intervención acabó con un coloquio, finalizando el acto con la proyección de unos vídeos sobre La Laguna de los años sesenta del siglo XX, con imágenes filmadas de la procesión del Cristo, la Romería de San Benito, Semana Santa, Corpus, entierro de Domingo Pérez Cáceres y colocación e inauguración de la escultura del Padre Anchieta. 

Estas películas fueron realizadas en cine de ocho milímetros por Manuel Luis Ramos Izquierdo en su productora Tomatoes Films, habiendo sido cedidas a la Filmoteca Canaria. Dicha institución las tiene en custodia y las ha pasado a DVD para su proyección y difusión pública. La proyección fue muy bien acogida por los presentes, que sumaban medio centenar personas.

Juan Carlos Díaz Lorenzo y Domingo Medina, en la presentación de la conferencia

Foto: Manuel L. Ramos García

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Juan Carlos Díaz Lorenzo. Licenciado en Historia del Arte por la Universidad de Santiago de Compostela 

Otros santuarios, edificios y construcciones 

El templo de los Dioscuros se alza sobre un témenos que es el más antiguo de todos los lugares de culto conocidos en Agrigento. Al sur del templo se encontraron los restos del denominado templo L, construido después y con el mismo plano, pero más grande. Es posible que fueran levantados sobre edificios de culto preexistentes. 

En la parte norte del santuario se encuentran aún los basamentos de lugares de culto que se remontan a la primera mitad del siglo VI, es decir, poco tiempo después de la fundación de la ciudad. Los griegos honraban allí a las divinidades ctónicas, sobre todo a las diosas de la tierra y de la fertilidad, Deméter y su hija Perséfone, pero también a Hécate y Hades. 

En medio de estos lugares de culto se encuentra un altar circular y otro rectangular. El primero tiene una cavidad mediana que servía para depositar las ofrendas líquidas o para recoger la sangre de los animales ofrecidos en sacrificio. Alrededor de estos altares se ordenan los edificios en forma de megarón con pronaos, naos y ádyton, dos en dirección este-oeste, y otro en dirección norte-sur. Este último se relaciona con un edificio de culto de cella rectangular que tiene una entrada cuya fachada está constituida por cuatro pilares. Al norte se encuentra otro edificio de culto con aspecto laberíntico, con un altar cuadrado en una parte lateral, y un altar circular en la última sala. 

La necrópolis paleocristiana se encuentra junto al Templo de la Concordia. Se sabe que esta zona fue reutilizada por los primeros cristianos de la comarca como enterramiento, con tumbas extraídas de los acantilados y los afloramientos rocosos. Al norte del lugar donde se encuentran los templos de las divinidades ctónicas hasta el templo de Juno se encuentra la colina de san Nicolás, donde se asienta el barrio y la necrópolis helenístico-romana. También puede apreciarse la ubicación del Eclesiasterión y el oratorio de Falaris y un poco más al norte se encuentra el Bouleuterion. 

La llamada tumba de Terón es un monumento funerario del siglo I a.C., con planta cuadrada coronado por una torre con las puertas ciegas talladas en piedra calcárea y columnas dóricas coronadas por capiteles jónicos en los ángulos. Por último, en el extremo noroeste de la ciudad, se encuentra la Acrópolis y los templos de Zeus y de Atenea, mientras que al este está el templo de Deméter. 

Agrigento. Restos del santuario de las divinidades ctónicas

 

Agrigento. Gran altar circular de las divinidades ctónicas

Agrigento. Ágora y Boleuterion

Agrigento. Restos de viviendas

Agrigento. Calle para el paso de carruajes

Agrigento. Tumba del tirano Terón

 

Fotografías: 

Juan Carlos Díaz Lorenzo, Clemensfranz, Giambattista Scivoletto, Urban, Valerio Perticone y Matthias Süßen. 

Bibliografía  

–   AA.VV. Enciclopedia Universal del Arte. Plaza y Janés Ed. Barcelona, 1978. 

–    AA.VV. Grecia, cuna de occidente. Ediciones Folio. Madrid, 1992. 

–    Bianchi Bandinelli, R. et al. El arte de la Antigüedad clásica. Grecia. Akal Ediciones. Madrid, 1998. 

–    Blanco Freijeiro, Antonio. Arte griego. CSIC. Madrid, 2004. 

–    Elvira Barba, Miguel Ángel. Arte clásico. Col. Historia 16. Madrid, 1996. 

–    Olmos, Ricardo. El arte griego. En Historia del Arte. El mundo antiguo. Dirigida por Juan Antonio Ramírez. Alianza Editorial. Madrid, 2006. 

–    Spawforth, Tony. Los templos griegos. Akal Ediciones. Madrid, 2007. 

–    Spivey, Nigel y Squire, Michael. Panorama del mundo clásico. Ed. Blume. Barcelona, 2005. 

–    Stierlin, Henri. Grecia. De Micenas al Partenón. Taschen GmbH. Köln, 2009. 

  

Juan Carlos Díaz Lorenzo. Licenciado en Historia del Arte por la Universidad de Santiago de Compostela

Templo de Heracles (Templo A)

Junto a la Porta Aurea se encuentra el Templo de Heracles, dedicado a la veneración del héroe Heracles o Hércules, uno de los más admirados por los habitantes de la antigua Akragas. La identificación la proporciona Cicerón, cuestor de Sicilia en el año 75 a.C., quien alude a una gran estatua de bronce de Heracles, en un templo situado en el ágora: sus labios y su mentón estaban desgastados, se decía, a fuerza de ser tocados por los peregrinos.

El templo de Heracles es el más antiguo de todos los situados cerca de la muralla meridional y el segundo más grande de Agrigento. Data del año 500 a.C. y mide 25,34 × 67,00 m. Se alza sobre un basamento de tres gradas y tiene un peristilo de 6 x 15 columnas, si bien alargado algo más de lo normal, lo que permitió proporcionar a las extremidades un espacio igual a la anchura de dos columnas, tanto delante el pronaos como detrás del opistodomos. Falta el ádyton, espacio habitual en los templos de Sicilia y se observa, además, cajas de escaleras de piedra en los flancos de la entrada al santuario, siendo las primeras conocidas en la isla[1].

Los elementos de arquitrabe muestran sangrías de elevación con forma de U, destinadas a pasar cierres de descarga simétricos. El edificio fue destruido por un terremoto, encontrándose parte de los restos dispersos por toda la zona, entre ellos capiteles cubiertos de estuco. En la actualidad sólo quedan en pie ocho columnas visibles en el lado meridional, que fueron levantadas en 1924, mientras que el conjunto del lado septentrional lo estuvo a partir del siglo XIX.

Agrigento. Planta del templo A

Agrigento. Ruinas del templo de Heracles

Templo de Hefesto (Templo G)

El Templo de Hefesto (Vulcano en la mitología romana), también del siglo V a. C. (hacia el año 430 a.C.), se cree que era una de las construcciones más imponentes del lugar, pero actualmente es uno de los más afectados por el paso del tiempo y los fenómenos naturales. Se encuentra situado en el ángulo suroeste de la ciudad antigua, al otro lado del valle, siendo el que queda en el extremo oeste de la colina de los templos. Es de estilo dórico períptero de 6 × 13 columnas, y mide 17,06 × 35,19 m.

Precedido por un anticuado sacello, se trata de un edificio con cella y pronaos (de 13,25 x 6,50 m). La decoración arquitectónica ha sido reconstruida en época reciente, aunque el edificio dórico superpuesto al citado sacello está mal conservado. Sobre una crepidoma de cuadro gradas, las columnas presentaban una rudentatura de claro influjo jónico.

Sobre el lado occidental de la ciudad se conservan los restos de las Puertas VI y VII, la primera probablemente con puerta y contrapuerta situada en el centro de un pequeño valle atravesado por una carretera directa hacia Heraclea. La segunda está guarnecida por dos torres y, en el valle, de dos poderosos baluartes externos, un sistema de defensa avanzada parecido al que existe en Camarina (Sicilia). Más al norte quedan los restos de las Puertas VIII y IX. 

Templo de Asclepio (Templo H)

El Templo de Asclepio (Esculapio en la mitología romana) se construyó al sur de la ciudad antigua, por lo que puede considerarse ubicado en un barrio distinto al valle de los Templos, siendo el más meridional de los edificios. Data de la segunda mitad del siglo V a. C. y es de estilo dórico in antis con unas dimensiones de 10,70 × 21,70 m.

Se le identifica a partir de la descripción de Polibio, según la cual dicho templo debía encontrarse “ante la ciudad, a la distancia de una milla. Aunque se ha comprobado que el dato no es exacto, el aislamiento y la relativa modestia y antigüedad del edificio, sobre todo para el culto de Asclepio, hacen que la identificación resulte insuficiente.

En el santuario de Asclepio se conservaba una estatua de bronce de Apolo, obra de Mirón, donada por Escipión a la ciudad y robada por Verres. Se alza sobre una crepidoma de tres gradas y tiene la particularidad insólita de que el falso opistodomos está representado por dos semi-columnas puestas en la parte externa del fondo de la cella, imitando así una estructura anfipróstila. También destacan parte del entablamento, con grandes cabezas leoninas, friso y geison del frontón.

Agrigento. Dibujo del templo de Asclepios, por Koldewey

Templo de los Dioscuros (Templo I)

Al oeste del Olimpeion se extiende hasta la Puerta V un barrio de la ciudad, con vestigios de zona habitacional. Del norte de este templo parte una vía procesional que rodea las viviendas para incorporarse a la Puerta V y al templo de los Dioscuros. Es un nombre atribuido arbitrariamente: fuentes antiguas citan que en Akragas se honraba a Cástor y Póllux, pero las últimas investigaciones tienden más bien a vincular a los gemelos al llamado tradicionalmente “templo de la Concordia”. Data de mediados del siglo V a. C., construido en estilo dórico períptero y mide 13,86 × 31,70 m.

La esquina sureste se reconstruyó en el siglo XIX por el escultor Valerio Villa Reale y el arquitecto Saverio Cavallari. Se trata de una reconstrucción un tanto pintoresca, e incluso se ha convertido en un símbolo y uno de los temas más fotografiados de los vestigios de Agrigento, pero no cuenta con el respaldo de los investigadores e historiadores del arte, ya que se produce una mezcla de elementos de distintos estilos y épocas y, además, la reconstrucción (1836-1871) del ángulo noroeste se hizo en sillería contemporánea y convenientemente envejecida. Numerosos restos de tambores de columnas acanaladas que formaban antes un peristilo están diseminados por toda la superficie del templo[2]. En el lado este pueden distinguirse igualmente, restos del altar.

Agrigento. Restos del templo de los Dioscuros

Agrigento. Esquina reconstruida del templo de los Dioscuros


[1] Spawforth, op. cit.

[2] Op. cit.

Juan Carlos Díaz Lorenzo. Licenciado en Historia del Arte por la Universidad de Santiago de Compostela

Templo de Hera (Templo D)

El Templo de Hera, llamado también Templo de Juno Lacinia, es un edificio de orden dórico períptero de 6 × 13 columnas y mide 16,90 × 38,15 m, con pórticos y un santuario con cajas de escalera a los lados de la entrada. Conserva gran parte de las columnas originales, que ha sido parcialmente restaurada y aún se mantiene en pie. Está situado en el extremo suroeste de la meseta de Agrigento y su dedicación a la diosa Hera se basa en una supuesta confusión con el templo de Hera en el Cabo Licinio, próximo a la ciudad calabresa de Crotona.

El templo de Hera fue levantado entre los años 460-450 a.C. sobre una crepidoma o basamento de cuatro gradas, destinado a compensar desigualdades del terreno y, al mismo tiempo, para resaltar su visibilidad. El conflicto de ángulos consustancial a los templos dóricos se solucionó de manera diferente a otros edificios del conjunto, caso del Templo de la Concordia: los ángulos norte, oeste y sur sufrieron una simple contracción, es decir, solamente se redujo la separación de las columnas del extremo, mientras que sobre la fachada (lado este) no se practicó ninguna contracción lateral, sino sólo una reducción del espacio entre las dos columnas centrales.

El templo fue incendiado en el año 406 a.C. por los cartagineses y reconstruido por los romanos en el siglo I a.C, sustituyendo las tejas de mármol por otras de terracota, dando también cromatismo a las paredes de la cella. El anástilo se comenzó a reconstruir en el siglo XVIII. En  la actualidad, 25 de las 34 columnas del peristilo han sido rehabilitadas. La columnata septentrional conserva el conjunto de sus capiteles y su arquitrabe, mientras que la cella está reducida a elementos de basamento y basas de columnas[1]. A un lado se encuentra un altar de 29,3 m × 10 m, casi tan amplio como la cella, pero inclinado respecto a ella. Asimismo, en las excavaciones del lado oeste se encontró una cisterna detrás del templo.

Agrigento. Panorámica del templo de Hera

 

Agrigento. Crepidoma del templo de Hera

Agrigento. Planta del templo de Hera (templo D)

Templo de la Concordia (Templo F)

El Templo de la Concordia es uno de los mejor conservados del Occidente griego, junto con el Hefesteión (Teseión) de Atenas y el templo de Poseidón en Paestum. Es una de las más perfectas realizaciones de la arquitectura dórica. Se trata de un edificio períptero de 6 × 13 columnas y mide 16,92 × 38,15 m.

Recibe su nombre por una inscripción en latín encontrada cerca del templo, en la que figuraba la palabra latina “concordia”. Sin embargo, en la actualidad se considera que pudo consagrarse en realidad a los Dioscuros, por creerse que en tiempo de los griegos se habían honrado allí a dos divinidades.

El edificio fue construido entre los años 450-400 a.C. Las desigualdades del terreno sobre el cual se levanta son superadas por un basamento importante. Su plano corresponde a la forma más clásica de los templos de Agrigento: pronaos, naos, opistodomos y peristilo.

De los edificios existentes en Agrigento, el templo de la Concordia es el construido con mayor precisión. El problema de los extremos, consustancial a los templos dóricos (conflicto entre la regularidad de las metopas y triglifos por una parte, y el espaciado regular de las columnas por otra) se solucionó de una manera inusual: se procedió al mismo tiempo al estrechamiento del espacio entre las dos últimas columnas y a la prolongación de la última metopa, para un mejor efecto visual. Las investigaciones pusieron de manifiesto también que las partes inferiores del templo se adornaban con estuco blanco, mientras que los frisos, las metopas y las partes altas se pintaban de colores vivos. La techumbre estaba cubierta con tejas de mármol.

En el año 597 de nuestra era fue transformado en iglesia cristiana por decisión del obispo Gregorio de Agrigento, razón por la cual se conserva en magnífico estado. Durante algo más de 1.100 años sirvió de basílica consagrada a los apóstoles Pedro y Pablo. Cada una de las paredes de la cella fue entonces perforada con doce arquerías, y se emparedaron los intercolumnios.

La entrada se prolongó sobre el lado occidental, lo que implicó la supresión de la división entre la naos y el opistodomos, mientras que la sacristía fue ubicada en el antiguo pronaos. La iglesia se usó como tal hasta el año 1748, fecha en que se devolvió el templo a su estado inicial, siguiendo las directrices de la restauración de Bourbon, como se expresa en su fachada[2].

Agrigento. Panorámica del templo de la Concordia

Agrigento. Vista lateral en la que se aprecia el muro de la antigua iglesia

 

Templo de Zeus Olímpico (Templo B)

Los otros templos están bastante más fragmentados, pues han sufrido los efectos de terremotos y saqueos. Situado al oeste del conjunto arqueológico se encuentra el templo de Zeus Olímpico. Este templo es, con diferencia, el de mayor tamaño. Se trata de un edificio dórico pseudoperíptero con unas dimensiones excepcionales: 52,74 × 110,10 m. Se pretendía que fuese el templo principal de la ciudad y supera por muy poco, en anchura, al enorme templo G de Selinunte, con el que pretendía rivalizar.

Fue construido por el tirano Terón en 480 a.C., después de su victoria sobre los cartagineses en la batalla de Hímera, y dedicado a la gloria de los griegos vencedores de los bárbaros. Su identificación como templo de Zeus se basa en el testimonio de Diodoro Sículo, que dejó una descripción. Al este se encuentra aún el altar sobre el que se procedía a las hecatombes o sacrificios de cien toros.

El basamento tiene cinco gradas que soportaban una sala hipóstila de inspiración cartaginesa, compuesta de dos hileras de 12 pilares cuadrados cada una, de 21 m de alto, con muros hasta aproximadamente media altura. El peristilo se componía también de pilares, 7 m de ancho y 14 m de largo, de una altura de 17 m, con medias columnas unidas por las caras, todo ello formando masas de piedra de 4,2 m de diámetro. Estos pilares externos estaban conectados entre ellos por divisiones y  estaba adornado con 38 estatuas de telamones de casi ocho metros de altura.

El peristilo y las naves laterales estaban cubiertos, mientras que la cella en sí sería probablemente hipetra, es decir, abierta al cielo. El número de columnas en la fachada era impar, encontrándose un pilar central en vez del habitual acceso hacia la cella; la entrada se hacía por dos pórticos situados en los extremos de la fachada este, dando acceso directo a las naves laterales, así como, según parece, por una pequeña entrada practicada en el medio del lado meridional[3].

Este templo se caracteriza este templo por la presencia de los telamones, estatuas colosales de aspecto humano. Se encontraban en una especie de nichos creados en la parte alta de las divisiones situadas entre las columnas exteriores. Estas estatuas tenían alrededor de 8 m de alto y soportaban el peso de la cubierta. Tenían rasgos cartagineses y simbolizaban a los bárbaros vencidos, reducidos a la esclavitud por los griegos. Se añadían a una representación del combate de los dioses del Olimpo contra los gigantes, tallada sobre el frontón este del templo.

Desafiando el espacio y la gravedad, su técnica era hábil y rompió con los cánones de la arquitectura. En el muro interior tenía pilastras que correspondían a las columnas dóricas del muro exterior. Los propios telamones, que eran alternativamente bárbaros y lampiños, constituían un elemento audaz. Al contrario que las cariátides que sostenían el Erecteion de Atenas, estos gigantes no cumplían la función que aparentaban, pues ésta, en realidad, la efectuaban barras de hierro que iban de columna en columna y que resultaban invisibles desde el suelo. Los gigantes ni siquiera eran sólidos: estaban construidos con bloques de piedra recubiertos de yeso y pintados[4]. Por su enorme magnitud, su ambición y su profusión, este templo representaba un mundo en el que cabe reconocer algo más sobre la historia trágica de los griegos occidentales: los grandes tiranos de las ricas colonias y el de su sobrecogedora magnificencia.

En 1825, el pintor y arqueólogo Rafaello Politi hizo reconstruir en el suelo a uno de estos gigantes, a partir de elementos dispersos. El gigante visible sobre el lugar es una copia, dado que el original se encuentra expuesto, en posición vertical, en el Museo Arqueológico de Agrigento.

Al parecer, este templo nunca se acabó, pues la construcción se abandonó después de la invasión cartaginesa del año 406 a. C. Sus piedras se reutilizaron ampliamente en construcciones de siglos posteriores, caso del embarcadero de Porto Empédocle, en el siglo XVIII.

Agrigento. Planta del templo de Zeus Olímpico (Templo B

Agrigento. Muy poco queda del fastuoso templo de Zeus Olímpico (Templo B)

Agrigento. Restos atribuidos al templo de Zeus Olímpico

Agrigento. Telamón destinado al templo de Zeus Olímpico

Agrigento. Maqueta del templo B expuesta en el Museo Arqueológico de la ciudad


[1] Spawforth, Tony. Los templos griegos. Ediciones Akal. Madrid, 2007.

[2] Op. cit.

[3] Bianchi Bandinelli et al. El arte de la Antigüedad clásica. Grecia. Akal Ediciones. Madrid, 1998.

[4] Op. cit.

Juan Carlos Díaz Lorenzo. Licenciado en Historia del Arte por la Universidad de Santiago de Compostela

“La más hermosa de las ciudades mortales”, como la describió el poeta griego Píndaro, la antigua Akragas, llamada también Acragante, nos ha dejado uno de los legados arquitectónicos más importantes de la Magna Grecia. El emplazamiento geográfico consiste en un amplio anfiteatro natural con un semicírculo rocoso orientado hacia el norte y una pequeña barrera de terreno elevada que se extiende hacia el sur, a partir del semicírculo, como si fueran dos largos brazos que se unen encerrando una gran área de suelo fértil y protegido.

Acragante fue fundada alrededor del año 581 a.C. por un grupo de gentes procedentes de Rodas y de Gela, la rica colonia comercial distante unas millas hacia el sureste. Gela remonta sus orígenes a unos años antes, hacia 688 a.C., debido a la  presencia de colonos de Rodas y de Creta y de otras islas menores.  

Los primeros colonos de Acragante se instalaron en la cadena norte. Sin embargo, el más antiguo e interesante lugar sagrado que se conserva es el santuario dedicado a Deméter, diosa de los cereales, construido sobre la roca en el exterior de los muros. 

Durante el siglo VI la influencia griega penetró hasta los más recónditos lugares de la Sicilia central, del mismo modo que alcanzó otros lugares de Europa. Acragante alcanzó un nivel peligroso de riqueza cuando los griegos sicilianos, bajo la influencia de Siracusa, adoptaron una actitud más agresiva, después de que hubieran transcurrido unos años pacíficos. Por entonces, los griegos eran mercaderes y controlaban los pastos de montaña y con ellos los rebaños. Lo mejor de las cosechas de aceitunas era vendido a fenicios y cartagineses. El gobierno de Acragante era despótico y a comienzos del siglo V uno de sus dirigentes más efectivos, el tirano Terón, casó a su hija con el poderoso gobernante de Siracusa.  

La ciudad de Hímera, situada al norte de Sicilia, había mantenido buenas relaciones con los cartagineses. Sin embargo, cuando Terón de Acragante se apoderó de ella en 483, el gobernante depuesto pidió ayuda a los cartagineses. La fuerza de Siracusa, más que Acragante, ganaría, tres años después, la batalla de Hímera, una victoria que posteriormente resultaría calamitosa. La batalla dio origen a un hermoso monumento recordatorio en Delfos y a un espléndido templo conmemorativo en el llano, cerca de la ciudad en que se había combatido. Antes de que finalizara el siglo, Cartago hizo desaparecer Hímera y Selinunte, al oeste de Acragante, ciudad tomada anteriormente por Terón, y finalmente la propia Acragante en el año 406. Hubo varios resurgimientos posteriores, como sucedió a fines del siglo IV e incluso durante el siglo III se había convertido en una plaza fuerte cartaginesa que posteriormente sería arrebatada a éstos por los romanos. 

En Sicilia, los conflictos entre griegos y cartagineses estaban relacionados con las concesiones comerciales, sobre todo tratándose de metales preciosos. Sin embargo, una ciudad como Acragante necesitaba paz. Si riqueza era inmensa, tanto por la agricultura como por la cría de caballos y el comercio. Se construyeron edificios públicos, acueductos e incluso un lago artificial, de considerables proporciones, dentro de la ciudad.

Los templos de Hera y de la Concordia coronaban la colina por la parte sur. No son tales los nombres de dichos edificios, puesto que hay pocos testimonios sobre sus verdaderas denominaciones, pero así se les conoce. Como veremos, el templo de la Concordia sobrevivió transformado en iglesia y figura entre los mejor conservados de todo el mundo griego. La iglesia de San Biagio fue construida por los normandos sobre los restos del templo de Deméter. En la moderna ciudad de Agrigento, bajo los cimientos de la iglesia de Santa María dei Greci, existe una galería subterránea donde pueden verse las bases de las columnas de uno de los templos de Terón, fechado en el siglo V a.C.

Los templos de Agrigento son los más importantes de Sicilia

El estado de conservación de algunos de ellos es admirable. Otros, sin embargo, han desaparecido

Por entonces, la ciudad era un floreciente centro cultural: patria del filósofo presocrático Empédocles, frecuentada por Píndaro y Simónides de Ceos, quienes gozaban de la protección de la clase dominante. El enclave conservó su esplendor hasta el año 406 a.C., cuando los cartagineses sitiaron y saquearon la ciudad, que por entonces tenía una población de unos 200.000 habitantes. En época romana se cambió el nombre por Agrigentum (Agrigento) y lograría una nueva etapa de esplendor en el siglo III a.C. hasta su decadencia final con la llegada de los bizantinos y cristianos, que arrasaron la mayor parte de sus templos paganos[1].

En época romana, Cicerón visitó la ciudad para investigar el saqueo y las malversaciones del procónsul Verre, y Virgilio la describió en la Eneida. Desde el medioevo hasta nuestro días, los restos, los múltiples panoramas, la vegetación, los colores y los ecos de las civilizaciones perdidas han evocado e inspirado a filósofos, escritores, poetas y pintores: Ludovico Ariosto, Goethe, Maupassant, Alexandre Dumas, Anatole France, Murilo Mendes, Lawrence Durrell, Francesco Lojacono, Nicolas de Stäel, Salvatore Quasimodo y Luigi Pirandello.

El parque arqueológico del denominado, erróneamente, Valle de los Templos, está situado cerca de la ciudad de Agrigento y es uno de los más representativos de la civilización griega clásica, incluido por la UNESCO en el año 1998 en el inventario del Patrimonio Mundial.

Sobre una cumbre rocosa que delimita al sur con el altiplano sobre el cual surgía el poblado clásico, aún emergen los restos de los templos dóricos, de incierta atribución: de este a oeste, de los 127 a los 70 m de altitud, Hera (Juno) Lacinia, Concordia, Heracles (Hércules), Zeus (Júpiter) Olímpico, Cástor y Póllux (Dioscuros) y Hefesto (Vulcano). Más abajo está la llanura de San Gregorio atravesada por el curso del río Akragas, en cuya desembocadura se encontraba el puerto y emporion de la ciudad antigua. Cercano al río está el templo dedicado al dios de la medicina, Asclepio (Esculapio).

El parque arqueológico de Agrigento no sólo comprende el conjunto propiamente dicho, sino también otros vestigios situados sobre la acrópolis y en diversos lugares de la ciudad. La zona sagrada ocupa una considerable superficie situada en la parte sur de la antigua ciudad donde fueron construidos, durante los siglos VI y V a.C., siete templos griegos, monumentales ejemplares hexástilos de orden dórico. Varios de ellos han sido excavados y restaurados parcialmente y están considerados entre los edificios griegos más antiguos y mejor conservados fuera de Grecia, si bien, como señala el profesor Blanco Freijeiro, “en Sicilia y en el sur de Italia los arquitectos construyen el orden dórico con una libertad mucho mayor”[2]

 Sus denominaciones y respectivas identificaciones, excepto la del Olimpeion o Templo de Zeus Olímpico, se considera que son meras especulaciones humanísticas, pese a que se utilizan habitualmente. Los templos mejor conservados son dos edificios muy parecidos, atribuidos según la tradición a Juno Lacinia y Concordia (aunque los arqueólogos creen que esta atribución es incorrecta) y fueron construidos siguiendo un diseño de edificio períptero hexástilo.

(continuará)

 


[1] AA.VV. Grecia, cuna de occidente. Ediciones Folio. Madrid, 1992.

 

[2] Blanco Freijeiro, Antonio. Arte griego. CSIC. Madrid, 2004.