Juan Carlos Díaz Lorenzo. Licenciado en Historia del Arte por la Universidad de Santiago de Compostela

Todos los mitógrafos, estudiosos y seguidores de la mitología clásica coinciden al afirmar que Heracles es el héroe más célebre y popular. No les falta razón. Del estudio de la bibliografía que se resume al final de este trabajo de asignatura, se concluye que el tema de Heracles –o Hércules, en el mundo latino- es uno de los más atrayentes para escritores y artistas. La imagen del héroe por excelencia aparece representada con una gran profusión y figura entre los temas más divulgados, lo que nos da una idea de su singular protagonismo.

Las aventuras y episodios del personaje de leyenda fueron divulgadas en el mundo heleno a través de los poetas más famosos, entre ellos Homero y Hesíodo (s. VIII a.C.). Mientras que el primero lo cita como héroe nacional exclusivamente griego, el segundo amplía su imagen en sus obras Teogonía y El escudo de Heracles[1].

El bebé Hércules se enfrenta a las serpientes que le ha enviado Hera. Moneda de plata acuñada en la costa del Propontis (c. 390 a.C.)

Píndaro (518 a.C. – 440 a.C.) se ocupó en su obra de depurar la moral de los mitos. Dramaturgos como Eurípides (485 a.C. – 406 a.C.) lo recoge en su obra Heracles y Sófocles (495 a.C. – 406 a.C.) recurre al antiguo mito de las sagas heroicas, entre ellas Heracles, junto a la Troyana, la de Tebas y la de Micenas.

El filósofo Pródico de Ceos (n. 460 a.C.), más joven que Protágoras y unos años más viejo de Sócrates, también se ocupa de la figura del héroe, estableciendo la base para una teoría naturalista de la religión y de la interpretación de los mitos según el evemerismo. Se le atribuye la fábula de Hércules en la encrucijada, donde relata la dificultad de elección entre dos modos posibles de vida, personificados en dos mujeres que se le acercan: la Virtud y el Vicio. Mientras la primera ofrece una vida austera, esforzada y sencilla, la segunda le propone una agradable existencia dedicada al ocio y los placeres. Pródico elegirá la Virtud, ya que el vicio proporciona un placer que no es real, pues da comida antes de tener hambre y agua antes de tener sed.

El historiador y geógrafo Heródoto (484 a.C. – 425 a.C.) fue quien primero habló de la difusión del mito heracleo por el Mediterráneo y el gran Aristóteles (384 a.C. – 322 a.C.) se refirió a la ruta heraclea, desde Italia hasta España. Apolonio de Rodas (295 a.C. – 215 a.C.) lo cita en la epopeya Argonáuticas, su obra más importante.

Convertido en Hércules en el mundo latino, aparece citado por Cicerón (106 a.C. – 43 d.C.) en su obra Sobre la naturaleza de los dioses. Los poetas Virgilio (70 a.C. – 19 a.C.), que lo incluye en los relatos épicos de la Eneida; y Ovidio (43 a.C. – 17 a.C.), en su obra Metamorfosis. Séneca (4 a.C. – 65 d.C.) hace lo propio en sus célebres Tragedias (Hércules loco, las Troyanas y Hércules en el Eta. Diodoro de Sicilia (mitad del siglo I a.C.) también lo recoge en su Biblioteca Histórica (libros I-III).

Heracles arremete contra Lino, su profesor de música. Vaso ático (c. 480 a.C.)

Posteriormente, Lactancio (245 – 325), criticado por los cristianos por sus creencias poco ortodoxas, en uno de los capítulos de Divinarum institutionum libri (Instituciones Divinas), niega categóricamente cualquier divinidad del héroe y argumenta que se trata de la personificación de la fortitudo, lo cual, en modo alguno, confiere virtud, ya que se trata del esfuerzo del cuerpo y no de otras cualidades.

La historia completa de las hazañas del héroe se conocen, principalmente, por la famosa Biblioteca de Apolodoro (c. 61 a.C.), que verificó una sistematización de sus célebres Trabajos, que ordenó en el número de doce[2], número tradicional que ha continuado en las obras posteriores, y también por las Fabulae de Higinio (c. 207 d.C.).

La historia de Heracles es una de las más ricas de la mitología clásica y se puede distribuir en cuatro bloques principales:

1.- Genealogía, concepción, nacimiento y episodios de su infancia hasta la muerte del león del Citerón.

2.- Los Doce Trabajos realizados por imperativo de Euristeo. Se trata de la etapa más famosa e interesante desde el punto de vista artístico, y a la que se suman otros trabajos secundarios, también elevados a la fama.

3.- Las aventuras realizadas después de obtener la libertad de Euristeo.

4.- Muerte y divinización.

Templo de Apolo en las faldas del Parnaso, cerca de Delfos

Debemos citar, asimismo, un episodio que se sitúa en la juventud del héroe: la elección entre el Vicio y la Virtud, denominado por algunos autores como “Hércules en la encrucijada”. Este episodio es, en realidad, una alegoría del camino que eligió Hércules en su vida y se debe a Pródicos de Ceos. La narración está recogida por Platón y Jenofonte en su obra Las Memorables o Recuerdos Socráticos.

La etapa romana resulta poco novedosa para la historia de Hércules, excepto si tenemos en cuenta algunos episodios inventados, entre los que se cita el encuentro con Caco en el Aventino, orientado a vincularle más estrechamente con Roma.

De Hércules debemos resaltar dos características principales: su extraordinaria fuerza física y también su extraordinaria fuerza moral, pues decidió someterse a alguien que era mucho más débil que él, como queda suficientemente acreditado en los diversos relatos. De aquí nacería su talante ejemplar para los hombres y esto sería también, al final de su vida, el origen y argumento para su divinización, siendo de advertir el hecho, además, de que tales características permanecerán a lo largo del tiempo.

Hércules aparece representado en el arte clásico como hombre maduro, de fuerte complexión y gran musculatura, en sintonía a su enorme fuerza física y otorgándole como atributos la piel del león, colocada como coraza y yelmo, la maza, el arco y las flechas y, en menor medida, la espada. Tales elementos quedarán claramente reflejados en toda la iconografía posterior.

Con la influencia del Cristianismo, no se aprecia disminución en cuanto a la presencia de Hércules en la literatura y en las artes plásticas. Al contrario. Algunos pueblos, al amparo de la mención, más o menos fiel, que de ellos se hace en determinados pasajes de las aventuras de Hércules, tomaron al héroe como antecesor real de su historia. Entre los casos más famosos figuran los del Hércules romano, florentino, gálico e hispánico.

El personaje surgirá como modelo de virtudes cristianas, a modo de prefiguración de Cristo en la época del paganismo. Del modo en que Hércules fue, en el mundo antiguo, el prototipo del valor en la lucha contra el mar y de la ayuda a los hombres, Cristo se proyecta como la realización de esos valores en la historia, desde su nacimiento. De forma que la posibilidad de interpretar algunas de las hazañas de Hércules con la misma significación de los hechos de Cristo, hizo posible la incorporación del personaje griego a la iconografía cristiana desde tiempos remotos. La figura de Hércules asimilada al cristianismo predominó durante la Edad Media, y continuó, después, identificado en ocasiones como un salvaje, aunque pronto reverdecería sus viejos laureles en otras etapas históricas.

En el Renacimiento, Hércules se presenta como uno de los dioses que proyecta constancia en su valerosidad y persigue, incansablemente, a través de sus Doce Trabajos, la esencia del prototipo del hombre virtuoso. Cada uno de los episodios representa una actitud en la vida y ello sirvió de inspiración a los autores clásicos para hilvanar sus composiciones. Así, en la versión de Fulgencio cuando se refiere a la lucha entre Caco y Hércules, el primero representa la malicia y el segundo encarna la virtud capaz de superar todos los obstáculos por temibles que éstos sean. En el combate con Anteo, éste simboliza la lujuria y Hércules afianza la virtud elevando la mente a las cosas espirituales. Y en la lucha destructiva contra los monstruos de la naturaleza, algunos autores entreven reflejada su proyección para la purgación de las pasiones humanas[3].

El humanista y político italiano Coluccio Salutati (1331-1406), considerado el primer autor del Renacimiento sobre teoría poética y crítica literaria, escribió su más importante e inacabada obra en prosa titulada De laboribus Herculis, una interpretación alegórica de los Doce Trabajos de Hércules, en la que enaltece la figura del héroe como prototipo del hombre virtuoso, levantando de su mito todo un planteamiento acerca de la vida activa.

El humanista y lírico italiano Francesco Petrarca (1304-1374), poeta laureado por el Senado de Roma, situó al héroe griego entre los uomini famosi (De viris illustribus) y lo situó con sus Trionfi junto al carro de la Fama. Y Giovanni Boccacio (1313-1375), escritor de dimensión universal, autor del célebre Decamerón, amigo de Petrarca, expresó su más íntima sensibilidad inspirado en los personajes mitológicos, como lo recoge en su obra Genealogía de los dioses paganos (1360-75).

La hidra de Lerna, atacada por Heracles y Yolao Vasija de Cerveteri (c. 520 a.C.)

En el transcurso del siglo XV se advierte en la Italia renacentista una gran preocupación por el mundo antiguo, aunque el interés del hombre hacia los dioses paganos no es consustancial con la etapa que vive. Sin embargo, el innegable poder de atracción se pone de manifiesto tanto en humanistas como en artistas, que tornan sus miradas hacia el mundo clásico, en un empeño por la recuperación de toda su estética. Esta renovación (renovatio) se produjo en todos los ámbitos del saber y encontró el terreno abonado en las disciplinas “morales”, a través de una nueva relación con los autores antiguos, lo cual, en opinión de la profesora Ana Ávila, “se observa una virulenta apreciación de las fábulas paganas, lo cual define, en gran medida, el sentimiento humanista”[4].

En el Renacimiento pervive la concepción humana del dios latino, al amparo del apoyo brindado por los textos del escritor griego de la época helenística Evémero (c. 330 a.C. – c.250 a.C.). Aunque su obra nos ha llegado fragmentada por tradición indirecta, especialmente gracias a Diodoro de Sicilia y por la traducción de la obra al latín que realizó Quinto Ennio, de las observaciones de Cicerón en su De natura deorum y de un amplio fragmento rescatado por Lactancio, el evemerismo se proyectó como la interpretación de los personajes del mito y de la fábula antigua entendidos como héroes humanos y que, como tales, habían existido; de modo que, éstos, por los admirables beneficios que aportaron a la humanidad con sus hazañas, inventos y sacrificios, generaron la admiración de los pueblos que los llegaron a venerar como dioses.

La base de la interpretación alegórica de las hazañas de los héroes paganos la encontramos en Macrobio y, sobre todo, en los Mythologiarum libri, de Fulgencio, que gozaron de mucha fama durante el Medievo y el Renacimiento y en el que los dioses se transforman en ejemplo de virtudes, configurándose en modelos a seguir por el hombre cristiano, mientras que las fábulas se proyectan como elementos de doctrina cuya lectura se hace en clave moral.

Combate de Heracles contra el león de Nemea Talla del período helenístico

Surge, entonces, la interpretación de que es preciso extraer de ellas un mensaje válido para el hombre de aquel tiempo, en el que la alegoría moral alcanza todos los aspectos de la vida, tanto en lo referido a vicios como a virtudes. Cada proeza o aventura de los dioses tiene un significado en relación a una actitud, razón por la cual permitirá entender una postura relacionada con la naturaleza siempre cambiante del ser humano, sin olvidar que detrás de toda fábula se esconde una verdad aplicable a la vida cotidiana.

Como hemos visto, Heracles fue un personaje mitológico enormemente popular. Sus hazañas aparecen representadas en innumerables imágenes, en pinturas de vaso, esculturas, monedas o piedras preciosas. Sin embargo, del estudio de las fuentes escritas se deduce que se trata de una figura mucho más compleja de lo que pueden sugerir esas imágenes de acción. Mientras que algunos mitógrafos, entre ellos el poeta Píndaro, lo alaba como un claro modelo de habilidad atlética, para los trágicos es un ser afligido por la catástrofe incluso en los momentos de su ostensible triunfo, mientras que los escritores de comedias lo presentan como un personaje de farsa, con apetitos tan variopintos como groseros.

En todo caso, Heracles es un personaje profundamente paradójico. El autor de tan extraordinarias proezas físicas, se somete, con frecuencia, a los que son más débiles que él, y es capaz de infligir violencia y muerte tanto a su propia familia como a los monstruosos animales con los que le enfrentan sus Doce Trabajos.

Como héroe es un personaje típico y atípico al mismo tiempo. Como todos los héroes, alcanza los límites de lo humano, aunque él lo eleva a un nivel y unas formas que ningún otro puede igualar. Sus aventuras le llevan a los confines de la tierra conocida, le hacen bajar al Hades, y finalmente subir al Olimpo. A esta ubicuidad narrativa se corresponde el hecho de que no tenga tumba, y por tanto tampoco un lugar de culto concreto. Allí donde se necesitase ayuda, bastaba con invocar a Heracles.

(continuará…)


[1]Tomó con sus manos el resplandeciente escudo. Nadie lo consiguió rasgar, haciendo blanco en él, ni lo abolló, maravilla verlo. Todo él, en círculo, por el yeso, el blanco marfil y el ámbar, era reluciente, y por el brillante oro” (Hesíodo, Obras y fragmentos. Introducción, traducción y notas de Aurelio Pérez Jiménez y Alfonso Martínez Díaz. Biblioteca Clásica Gredos, 13. Madrid, 1983).

[2] El orden y títulos de los Trabajos seguidos por Apolodoro es el siguiente: el león de Nemea, la hidra de Lerna, la cierva cerinitia, el jabalí erimanto (lucha con los centauros y muerte de Quirón), el establo de Augías, las aves estinfálidas, el toro de Creta, las yeguas de Diomedes, el cinturón de Hipólita (los hijos de Androgeo. Rescate de Hesíone. Sarpedón. Hijos de Proteo), las vacas de Gerión, las manzanas de las Hespérides y Heracles saca a Cerbero del Hades).

[3] Ávila, Ana. Imágenes y símbolos. Serie Iconografía, dirigida por Joaquín Yarza Luaces. Colección Palabra Plástica, nº 18. Anthropos, Editorial del Hombre. Barcelona, 1993.

[4] Op. cit.