Juan Carlos Díaz Lorenzo. Licenciado en Historia del Arte por la Universidad de Santiago de Compostela

En cuando al análisis iconográfico, observamos que en la Antigüedad, Heracles aparece casi siempre revestido con la piel del león de Nemea cuyas fauces le cubren la cabeza, a modo de yelmo. Lleva barba corta y a veces un vaso para beber (skyphos). Como ya hemos señalado, sus armas varían en función de los adversarios a los que se enfrenta, aunque lo más corriente es la maza y el arco, y también la espada, cuando se enfrenta a los centauros o las amazonas.

Desde mediados del siglo VI a.C., diversas aventuras del héroe se han representado juntas en las metopas del templo de Hera junto al río Sele, Pesto, así como en un ánfora del pintor de Cleofrades (c. 500 a.C., hidra de Lerna, Amazonas, Hespérides y el Atlante, Malibú, Museo Getty), aunque el primer ciclo de los Doce Trabajos no aparece más que en las metopas del templo de Zeus, en Olimpia (concluidas en 456 a.C., Museos de Olimpia y Louvre, París). La serie de trabajos varía según los conjuntos, como ocurre en el templo de Hefesto en Atenas (c. 450 a.C.), donde se comparan con las hazañas de Teseo.

Estos conjuntos o ciclos son las frecuentes en el arte romano, en particular en mosaicos o en los sarcófagos: las hazañas del héroe aparecen estrechamente yuxtapuestas, hasta ocho en un mismo panel (c. 170 d.C., Mantua, Palacio Ducal; c. 200 d.C., Florencia, Ufizzi). En un pequeño relieve votivo, Hércules y Ónfale aparecen  rodeados de los Doce Trabajos (mediados del siglo II d.C., Nápoles, Museo Nacional).

El ataque al león de Nemea, uno de los temas más representados Vaso ático (c. 500 a.C.)

Entre los trabajos aislados, el que más veces se ha representado es el episodio del león de Nemea, sobre todo en la cerámica ática. También figura en las monedas del heraclea, ciudad de Lucania (siglo IV a.C.), mientras que otros trabajos son, por el contrario, muy poco frecuentes, como la lucha contra las aves del lago Estínfalo o la captura de las yeguas de Diomedes.

Encontramos también cierto número de esculturas que representan a Hércules descansando. El más famoso es el Hércules Farnesio, estatua colosal que deriva de un original griego, firmado por Glikón de Atenas (siglo III d.C., Nápoles, Museo Nacional). El héroe se apoya en una maza, con una mano en la espada. La figura de Hércules fue utilizada por Alejandro Magno, quien a menudo aparece representado en monedas con una quijada de león sobre su cabeza. Igualmente el emperador Cómodo (180-192 d.C.) se asimiló a Hércules (estatua, Roma, Vaticano; busto, Roma, Capitolio).

Los modernos representaron los trabajos de Hércules en ciclos más o menos desarrollados. Andrea Pisano, a mediados del siglo XIV, incorporó a las escenas del campanile de Santa María del Fiore (Florencia) un bajorrelieve de Hércules.

Hércules Farnesio Glykón. Nápoles. Museo Arqueológico Nacional

En el siglo XV, la percepción de Hércules por los artistas del Renacimiento sufre una curiosa transformación. Aparece vestido de forma diferente: “una corta chaquetilla cruzada y un calzón bombacho habían cubierto su musculosa desnudez; se había cubierto con un turbante. En cambio, había perdido su piel de león, y sustituido su maza por una cimitarra”[1], arma de procedencia oriental. La figura del héroe habría de sufrir nuevas modificaciones, como la expuesta por Durero en su famosa carta celeste de 1515, en la que aparece desprovisto de sus aditamentos orientales, la restituye la maza en la mano derecha y la piel de león sobre el brazo izquierdo, con lo que Hércules se convierte de nuevo en sí mismo.

Vasari decoró en Florencia (1558, Palazzo Vecchio) una sala de Hércules. Gianbologna realizó una serie de pequeñas esculturas en bronce sobre el tema de los Trabajos (finales del siglo XVI). Annibale Carracci utilizó el tema de Hércules para decorar el camerino del Palacio Farnesio (1595-1597, Roma), donde se puede ver, en el centro, la Elección de Hércules, flanqueado por otros dos paneles, Hércules sosteniendo la esfera del mundo y Hércules descansando, así como seis grisallas dedicadas a diversos episodios (serpientes, leones, hidra, Anteo, Cerbero, pira). Guido Reni, en una serie de cuatro lienzos, magnifica el poderío muscular del héroe (1617 y 1620, París, Louvre: hidra, Aqueloo, Neso, pira)[2].

Uno de los conjuntos más completos e interesantes lo debemos a Zurbarán (diez lienzos, 1637, Madrid, El Prado), mientras que Rubens preparó cuatro motivos para la Torre de la Parada (1636-1638: Hércules y la hidra, Londres, Courtauld Institute; Hércules y Cerbero, Madrid, El Prado; La apoteosis de Hércules, Bruselas, Musées Royaux des Beaux-Arts; así como un tema más raro: El perro de Hércules descubriendo la púrpura, Bayona, Museo Bonnat).

Las representaciones de temas aislados son abundantes. Entre las principales, hay que citar la hazaña de Hércules niño asfixiando las dos serpientes enviadas por Hera (Annibale Carracci, c. 1600, París, Louvre), el combate contra Aqueloo, Hércules rescatando a Alcestis del Infierno y trayéndola al palacio de Admeto, la lucha de Hércules contra Anteo, Atlante hizo sostener a Hércules la bóveda del cielo, y mientras éste recupera de Caco el rebaño que le había robado, trae a Cerbero de los infiernos. La muerte de Gerión y el robo de su rebaño son temas relativamente poco reproducidos por los artistas modernos. Se conoce una ilustración de G. Langetti (1625-1676, Viena, Kunsthistorisches Museum); libera a Hesíone de la roca en que está encadenada, logra coger las manzanas de las Hespérides. Este motivo es relativamente poco frecuente, aunque se conserva en el arte del siglo XX (Desvallières, París, Musée d’ Orsay).

La victoria sobre la hidra se ha representado con mayor frecuencia, en especial por parte de la pintura italiana, así como en escultura (P. Puget, c. 1670, Rouen, Musée des Beaux-Arts). Tanto en pintura como en escultura encontramos también obras dedicadas al episodio del león de Nemea (Giulio Romano, según un modelo antiguo, c. 1530, Mantua, Palacio del Té).

Hércules y la hidra Antonio Pollaiuolo (c.1475) Galería Ufizzi, Florencia

Sin embargo, los dos temas que más han inspirado a los artistas desde el siglo XVI son los amores de Hércules y Ónfale (L. Cranach, 1537, Brunswick, Herzog-Anton-Ulrich Museum; Luca Giordano, 1670, Dresde, Gemäldegalerie F. la Moyne, 1724, París, Louvre) y el apólogo de Pródico, que recibe el tratamiento de una alegoría moral (Veronés, Hércules entre el Vicio y la Virtud, c. 1580, Nueva York, Colección Frick, y Annibale Carracci, Hércules en la encrucijada de caminos, c. 1596, Nápoles, Capodimonte).

En el mismo registro de alegoría moral, Rubens representó Hércules matando a la Envidia, en paralelo a Minerva venciendo a la discordia (1630-1634, Londres, techo de White Hall).

Y como “Hércules no es sólo el símbolo de la fuerza física, sino también el de la gloria terrenal”[3], se le ve marchar en cabeza del carro de la Fama en una mayólica de Castel Durante (c. 1490, Londres, Victoria & Albert Museum). Sirvió de modelo también a algunos soberanos de la época moderna, que se hicieron retratar con la maza y la piel de león, caso de Enrique IV (camafeo, finales del siglo XVI, París, Gabinete de Medallas; esmalte policromo, Écouen, Musée de la Renaissance).


[1] Seznec, Jean. Los Dioses de la Antigüedad en la Edad Media y el Renacimiento. Taurus Ediciones. Madrid, 1983.

[2] Aghion, I, Barbillon, C y Lissarrague, F. Héroes y dioses de la Antigüedad. Alianza Editorial. Madrid, 2003.

[3] Op. cit.

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Juan Carlos Díaz Lorenzo. Licenciado en Historia del Arte por la Universidad de Santiago de Compostela (USC)

De la arquitectura moderna de Venezuela destaca el Helicoide, edificio singular de la ciudad de Caracas, de forma geométrica triangular, construido sobre una colina de la que adopta su forma piramidal. El lenguaje arquitectónico sostiene una perfecta simbiosis con la topografía del terreno, puesto que todo se adapta a ella y nada se impone y representa un llamativo experimento de la modernidad.

Se trata de un proyecto en el que participaron tres jóvenes arquitectos, Jorge Romero Gutiérrez, Pedro Neuberger y Dirk Bornhorst, pioneros de la herencia de Le Corbusier en Venezuela. El singular edificio está ubicado sobre la Roca Tarpeya, en la prolongación de las avenidas Fuerzas Armadas, Presidente Medina Angarita (Victoria) y Nueva Granada.

En el siguiente enlace los lectores podrán acceder al artículo completo.

Panorámica aérea de El Helicoide, icono inacabado de Caracas

Juan Carlos Díaz Lorenzo. Licenciado en Historia del Arte por la Universidad de Santiago de Compostela

Frente al aplastante y exitoso uso de la violencia contra terribles adversarios, en Heracles encontramos otra llamativa faceta en sus desastrosas relaciones con las mujeres. El ejemplo de su matrimonio con Mégara, hija del rey Creonte de Tebas, es uno de los ejemplos más significativos, y lo relata Eurípides en La locura de Heracles.

Cumplidos sus Trabajos, tras su glorioso regreso a casa, el héroe vio que su familia estaba siendo oprimida por el despótico usurpador Lico, al que mató sin dificultad, pero en su momento de triunfo lo enloqueció la vengativa diosa Hera, que le envió a la Locura y el héroe mató a su esposa y a sus hijos, así como a dos sobrinos, y Atenea intervino cuando iba a matar a su “padre” mortal Anfitrión. Gracias a su amistad con Teseo, Heracles fue rescatado del pozo de la depresión, y del estado de profanación ritual en el que había caído.

Otro episodio en la vida de Heracles se refiere a sus relaciones con tres mujeres: Yole, Ónfale y Deyanira. Al enterarse de que el rey Éurito de Ecalia –posiblemente situado en la isla de Eubea, según fuentes antiguas- había ofrecido la mano de su hija Yole a quien le venciese en el tiro con arco, éste aceptó el desafío y, por supuesto, ganó. Pero Éurito no cumplió la parte del trato, temiendo que, si Heracles tenía hijos con Yole, pudiese enloquecer de nuevo y asesinarlos. Heracles no insistió, pero su relación con la familia de Éurito no había acabado.

Tránsito de Heracles al Olimpo, conducido por Niké, diosa de la Victoria Vaso ático (c. 400 a.C.)

En un ataque de locura mató a Ífito, el hijo de Éurito, arrojándolo desde la muralla de Tirinto cuando el joven había ido a verle con un inocente recado. Manchado por el crimen, Heracles consultó al oráculo délfico y la pitonisa lo rechazó, momento en el que el héroe reaccionó furiosamente agarrando el trípode oracular y luchando contra Apolo por su posesión, Zeus arrojó un rayo entre los dos, lo que ilustra la extraordinaria posición de Heracles.

Para superar la situación se le exigió que pasara un tiempo como esclavo de Ónfale, reina de Lidia. A partir de entonces, el héroe reanudó sus hazañas viajando a Calidón, en la Grecia occidental, al norte del Golfo de Corinto, donde luchó y venció al dios fluvial Aqueloo, un rival pretendiente de la mano de Deyanira, la hija del rey. Heracles se trasladó a vivir con su nueva esposa a Traquis, cerca de la profunda ensenada frente al cabo noroccidental de Eubea.

En su camino hacia el Este, desde Calidón a Traquis, ambos tenían que cruzar el río Eveno, donde se produjo un encuentro con el centauro Neso, que sembró la semilla de la destrucción final de Heracles. Neso se hizo pasar por barquero, pero en vez de cruzarles intentó violar a Deyanira. Cuando Heracles le clavó una flecha empapada en el veneno de la hidra de Lerna, el agonizante centauro astutamente le susurró a Deyanira que debía guardar sangre de su herida para usarla, si tenía necesidad, como hechizo amoroso.

Desde Traquis cruzó a Ecalia, determinado a vengarse de Éurito. Después de saquear el país, raptó a Yole para convertirla en su nueva esposa. Como relata la tragedia de Sófocles Las Traquinias, la reacción de Deyanira fue untar una camisa con el supuesto filtro amoroso del centauro y enviárselo  a Heracles como regalo. Pero el filtro resultó ser un veneno mortal, como el que empleó Medea para matar a Glauco. Atormentado por el dolor, Heracles rogó a su hijo Hilo que le llevara al monte Eta, para morir en una pira funeraria. Lo que sucedió después ilustra la polaridad en la que el héroe se debatió constantemente. Mientras la pira ardía –encendida por el argonauta Peas, a quien su antiguo compañero de viaje legó su infalible arco y sus flechas-, Heracles fue milagrosamente ascendido al Olimpo, donde alcanzó la inmortalidad, y donde disfrutó de los favores de Hebe, diosa de la juventud.

Pero no todas las historias sobre el final del héroe la aseguraban un futuro tan prometedor. El relato de Hades que hay en la Odisea describe el encuentro de Odiseo con el “doble” de Heracles, aunque se supone que el propio Heracles está en el Olimpo. “Semejante desdoblamiento post-mortem, extraordinariamente inusual para las creencias griegas de ultratumba, expresa la singularidad de Heracles y las profundas polaridades que su naturaleza ejemplifica”[1].


[1] Buxton, Richard. Todos los dioses de Grecia. Traducido por Miguel Ángel Coll. Oberon. Grupo Anaya. Madrid, 2004.