Amores, muerte y divinización de Heracles

febrero 1, 2012

Juan Carlos Díaz Lorenzo. Licenciado en Historia del Arte por la Universidad de Santiago de Compostela

Frente al aplastante y exitoso uso de la violencia contra terribles adversarios, en Heracles encontramos otra llamativa faceta en sus desastrosas relaciones con las mujeres. El ejemplo de su matrimonio con Mégara, hija del rey Creonte de Tebas, es uno de los ejemplos más significativos, y lo relata Eurípides en La locura de Heracles.

Cumplidos sus Trabajos, tras su glorioso regreso a casa, el héroe vio que su familia estaba siendo oprimida por el despótico usurpador Lico, al que mató sin dificultad, pero en su momento de triunfo lo enloqueció la vengativa diosa Hera, que le envió a la Locura y el héroe mató a su esposa y a sus hijos, así como a dos sobrinos, y Atenea intervino cuando iba a matar a su “padre” mortal Anfitrión. Gracias a su amistad con Teseo, Heracles fue rescatado del pozo de la depresión, y del estado de profanación ritual en el que había caído.

Otro episodio en la vida de Heracles se refiere a sus relaciones con tres mujeres: Yole, Ónfale y Deyanira. Al enterarse de que el rey Éurito de Ecalia –posiblemente situado en la isla de Eubea, según fuentes antiguas- había ofrecido la mano de su hija Yole a quien le venciese en el tiro con arco, éste aceptó el desafío y, por supuesto, ganó. Pero Éurito no cumplió la parte del trato, temiendo que, si Heracles tenía hijos con Yole, pudiese enloquecer de nuevo y asesinarlos. Heracles no insistió, pero su relación con la familia de Éurito no había acabado.

Tránsito de Heracles al Olimpo, conducido por Niké, diosa de la Victoria Vaso ático (c. 400 a.C.)

En un ataque de locura mató a Ífito, el hijo de Éurito, arrojándolo desde la muralla de Tirinto cuando el joven había ido a verle con un inocente recado. Manchado por el crimen, Heracles consultó al oráculo délfico y la pitonisa lo rechazó, momento en el que el héroe reaccionó furiosamente agarrando el trípode oracular y luchando contra Apolo por su posesión, Zeus arrojó un rayo entre los dos, lo que ilustra la extraordinaria posición de Heracles.

Para superar la situación se le exigió que pasara un tiempo como esclavo de Ónfale, reina de Lidia. A partir de entonces, el héroe reanudó sus hazañas viajando a Calidón, en la Grecia occidental, al norte del Golfo de Corinto, donde luchó y venció al dios fluvial Aqueloo, un rival pretendiente de la mano de Deyanira, la hija del rey. Heracles se trasladó a vivir con su nueva esposa a Traquis, cerca de la profunda ensenada frente al cabo noroccidental de Eubea.

En su camino hacia el Este, desde Calidón a Traquis, ambos tenían que cruzar el río Eveno, donde se produjo un encuentro con el centauro Neso, que sembró la semilla de la destrucción final de Heracles. Neso se hizo pasar por barquero, pero en vez de cruzarles intentó violar a Deyanira. Cuando Heracles le clavó una flecha empapada en el veneno de la hidra de Lerna, el agonizante centauro astutamente le susurró a Deyanira que debía guardar sangre de su herida para usarla, si tenía necesidad, como hechizo amoroso.

Desde Traquis cruzó a Ecalia, determinado a vengarse de Éurito. Después de saquear el país, raptó a Yole para convertirla en su nueva esposa. Como relata la tragedia de Sófocles Las Traquinias, la reacción de Deyanira fue untar una camisa con el supuesto filtro amoroso del centauro y enviárselo  a Heracles como regalo. Pero el filtro resultó ser un veneno mortal, como el que empleó Medea para matar a Glauco. Atormentado por el dolor, Heracles rogó a su hijo Hilo que le llevara al monte Eta, para morir en una pira funeraria. Lo que sucedió después ilustra la polaridad en la que el héroe se debatió constantemente. Mientras la pira ardía –encendida por el argonauta Peas, a quien su antiguo compañero de viaje legó su infalible arco y sus flechas-, Heracles fue milagrosamente ascendido al Olimpo, donde alcanzó la inmortalidad, y donde disfrutó de los favores de Hebe, diosa de la juventud.

Pero no todas las historias sobre el final del héroe la aseguraban un futuro tan prometedor. El relato de Hades que hay en la Odisea describe el encuentro de Odiseo con el “doble” de Heracles, aunque se supone que el propio Heracles está en el Olimpo. “Semejante desdoblamiento post-mortem, extraordinariamente inusual para las creencias griegas de ultratumba, expresa la singularidad de Heracles y las profundas polaridades que su naturaleza ejemplifica”[1].


[1] Buxton, Richard. Todos los dioses de Grecia. Traducido por Miguel Ángel Coll. Oberon. Grupo Anaya. Madrid, 2004.

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Una respuesta to “Amores, muerte y divinización de Heracles”

  1. Nacho said

    Estimado Juan Carlos, quería preguntarte si conoces dónde se encuentra el vaso que aparece en la imagen de este artículo con el siguiente pie de foto: “Tránsito de Heracles al Olimpo, conducido por Niké, diosa de la Victoria. Vaso ático (c. 400 a.C.)”. No sé si podrías darme algún dato más acerca del mismo. Confío en encontrarte aún por aquí.
    Gracias de todos modos.

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