Aspectos iconográficos de Heracles

febrero 11, 2012

Juan Carlos Díaz Lorenzo. Licenciado en Historia del Arte por la Universidad de Santiago de Compostela

En cuando al análisis iconográfico, observamos que en la Antigüedad, Heracles aparece casi siempre revestido con la piel del león de Nemea cuyas fauces le cubren la cabeza, a modo de yelmo. Lleva barba corta y a veces un vaso para beber (skyphos). Como ya hemos señalado, sus armas varían en función de los adversarios a los que se enfrenta, aunque lo más corriente es la maza y el arco, y también la espada, cuando se enfrenta a los centauros o las amazonas.

Desde mediados del siglo VI a.C., diversas aventuras del héroe se han representado juntas en las metopas del templo de Hera junto al río Sele, Pesto, así como en un ánfora del pintor de Cleofrades (c. 500 a.C., hidra de Lerna, Amazonas, Hespérides y el Atlante, Malibú, Museo Getty), aunque el primer ciclo de los Doce Trabajos no aparece más que en las metopas del templo de Zeus, en Olimpia (concluidas en 456 a.C., Museos de Olimpia y Louvre, París). La serie de trabajos varía según los conjuntos, como ocurre en el templo de Hefesto en Atenas (c. 450 a.C.), donde se comparan con las hazañas de Teseo.

Estos conjuntos o ciclos son las frecuentes en el arte romano, en particular en mosaicos o en los sarcófagos: las hazañas del héroe aparecen estrechamente yuxtapuestas, hasta ocho en un mismo panel (c. 170 d.C., Mantua, Palacio Ducal; c. 200 d.C., Florencia, Ufizzi). En un pequeño relieve votivo, Hércules y Ónfale aparecen  rodeados de los Doce Trabajos (mediados del siglo II d.C., Nápoles, Museo Nacional).

El ataque al león de Nemea, uno de los temas más representados Vaso ático (c. 500 a.C.)

Entre los trabajos aislados, el que más veces se ha representado es el episodio del león de Nemea, sobre todo en la cerámica ática. También figura en las monedas del heraclea, ciudad de Lucania (siglo IV a.C.), mientras que otros trabajos son, por el contrario, muy poco frecuentes, como la lucha contra las aves del lago Estínfalo o la captura de las yeguas de Diomedes.

Encontramos también cierto número de esculturas que representan a Hércules descansando. El más famoso es el Hércules Farnesio, estatua colosal que deriva de un original griego, firmado por Glikón de Atenas (siglo III d.C., Nápoles, Museo Nacional). El héroe se apoya en una maza, con una mano en la espada. La figura de Hércules fue utilizada por Alejandro Magno, quien a menudo aparece representado en monedas con una quijada de león sobre su cabeza. Igualmente el emperador Cómodo (180-192 d.C.) se asimiló a Hércules (estatua, Roma, Vaticano; busto, Roma, Capitolio).

Los modernos representaron los trabajos de Hércules en ciclos más o menos desarrollados. Andrea Pisano, a mediados del siglo XIV, incorporó a las escenas del campanile de Santa María del Fiore (Florencia) un bajorrelieve de Hércules.

Hércules Farnesio Glykón. Nápoles. Museo Arqueológico Nacional

En el siglo XV, la percepción de Hércules por los artistas del Renacimiento sufre una curiosa transformación. Aparece vestido de forma diferente: “una corta chaquetilla cruzada y un calzón bombacho habían cubierto su musculosa desnudez; se había cubierto con un turbante. En cambio, había perdido su piel de león, y sustituido su maza por una cimitarra”[1], arma de procedencia oriental. La figura del héroe habría de sufrir nuevas modificaciones, como la expuesta por Durero en su famosa carta celeste de 1515, en la que aparece desprovisto de sus aditamentos orientales, la restituye la maza en la mano derecha y la piel de león sobre el brazo izquierdo, con lo que Hércules se convierte de nuevo en sí mismo.

Vasari decoró en Florencia (1558, Palazzo Vecchio) una sala de Hércules. Gianbologna realizó una serie de pequeñas esculturas en bronce sobre el tema de los Trabajos (finales del siglo XVI). Annibale Carracci utilizó el tema de Hércules para decorar el camerino del Palacio Farnesio (1595-1597, Roma), donde se puede ver, en el centro, la Elección de Hércules, flanqueado por otros dos paneles, Hércules sosteniendo la esfera del mundo y Hércules descansando, así como seis grisallas dedicadas a diversos episodios (serpientes, leones, hidra, Anteo, Cerbero, pira). Guido Reni, en una serie de cuatro lienzos, magnifica el poderío muscular del héroe (1617 y 1620, París, Louvre: hidra, Aqueloo, Neso, pira)[2].

Uno de los conjuntos más completos e interesantes lo debemos a Zurbarán (diez lienzos, 1637, Madrid, El Prado), mientras que Rubens preparó cuatro motivos para la Torre de la Parada (1636-1638: Hércules y la hidra, Londres, Courtauld Institute; Hércules y Cerbero, Madrid, El Prado; La apoteosis de Hércules, Bruselas, Musées Royaux des Beaux-Arts; así como un tema más raro: El perro de Hércules descubriendo la púrpura, Bayona, Museo Bonnat).

Las representaciones de temas aislados son abundantes. Entre las principales, hay que citar la hazaña de Hércules niño asfixiando las dos serpientes enviadas por Hera (Annibale Carracci, c. 1600, París, Louvre), el combate contra Aqueloo, Hércules rescatando a Alcestis del Infierno y trayéndola al palacio de Admeto, la lucha de Hércules contra Anteo, Atlante hizo sostener a Hércules la bóveda del cielo, y mientras éste recupera de Caco el rebaño que le había robado, trae a Cerbero de los infiernos. La muerte de Gerión y el robo de su rebaño son temas relativamente poco reproducidos por los artistas modernos. Se conoce una ilustración de G. Langetti (1625-1676, Viena, Kunsthistorisches Museum); libera a Hesíone de la roca en que está encadenada, logra coger las manzanas de las Hespérides. Este motivo es relativamente poco frecuente, aunque se conserva en el arte del siglo XX (Desvallières, París, Musée d’ Orsay).

La victoria sobre la hidra se ha representado con mayor frecuencia, en especial por parte de la pintura italiana, así como en escultura (P. Puget, c. 1670, Rouen, Musée des Beaux-Arts). Tanto en pintura como en escultura encontramos también obras dedicadas al episodio del león de Nemea (Giulio Romano, según un modelo antiguo, c. 1530, Mantua, Palacio del Té).

Hércules y la hidra Antonio Pollaiuolo (c.1475) Galería Ufizzi, Florencia

Sin embargo, los dos temas que más han inspirado a los artistas desde el siglo XVI son los amores de Hércules y Ónfale (L. Cranach, 1537, Brunswick, Herzog-Anton-Ulrich Museum; Luca Giordano, 1670, Dresde, Gemäldegalerie F. la Moyne, 1724, París, Louvre) y el apólogo de Pródico, que recibe el tratamiento de una alegoría moral (Veronés, Hércules entre el Vicio y la Virtud, c. 1580, Nueva York, Colección Frick, y Annibale Carracci, Hércules en la encrucijada de caminos, c. 1596, Nápoles, Capodimonte).

En el mismo registro de alegoría moral, Rubens representó Hércules matando a la Envidia, en paralelo a Minerva venciendo a la discordia (1630-1634, Londres, techo de White Hall).

Y como “Hércules no es sólo el símbolo de la fuerza física, sino también el de la gloria terrenal”[3], se le ve marchar en cabeza del carro de la Fama en una mayólica de Castel Durante (c. 1490, Londres, Victoria & Albert Museum). Sirvió de modelo también a algunos soberanos de la época moderna, que se hicieron retratar con la maza y la piel de león, caso de Enrique IV (camafeo, finales del siglo XVI, París, Gabinete de Medallas; esmalte policromo, Écouen, Musée de la Renaissance).


[1] Seznec, Jean. Los Dioses de la Antigüedad en la Edad Media y el Renacimiento. Taurus Ediciones. Madrid, 1983.

[2] Aghion, I, Barbillon, C y Lissarrague, F. Héroes y dioses de la Antigüedad. Alianza Editorial. Madrid, 2003.

[3] Op. cit.

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