Juan Carlos Díaz Lorenzo. Licenciado en Historia del Arte por la Universidad de Santiago de Compostela.

La figura más importante del racionalismo en Canarias es el arquitecto grancanario Miguel Martín Fernández de la Torre (1894-1980). Al terminar su carrera en 1918, que repartió entre Barcelona y Madrid, trabajó durante los primeros años colaborando con Secundino Zuazo en su estudio de la capital española, donde conoció de cerca de la generación del 25.

En 1922, su antiguo compañero de estudios y alcalde de Las Palmas, José Mesa y López, le invitó a trabajar en algunos proyectos fundamentales para la ciudad, entre los que se incluía el propio plano general y algunas propuestas para la futura avenida marítima. Otro trabajo de interés de esta época es la Ciudad Jardín, que forma parte del plan de ordenación urbana de la ciudad, en el que se introduce y desarrolla la arquitectura racionalista.

Miguel Martín Fernández de la Torre. Busto de Juan Borges Linares (1985)

En una extensa franja de terreno desde el parque Doramas hasta el barrio de Alcaravaneras, ocupado hasta entonces por huertas y algunos hoteles y chalets de corte europeo ideados por el arquitecto Eduardo Laforet, Miguel Martín proyectó una urbanización residencial de viviendas unifamiliares rodeadas de jardines. La urbanización general está constituida por calles estrechas, con esquinas en chaflán cóncavo en algunas de las intersecciones, solución viaria no aplicada hasta entonces en la ciudad, lo que dio como resultado pequeñas plazoletas en las esquinas de las calles Pío XII o Maestro Valle.

En 1929 realizó un viaje por Alemania, cuyos efectos sobre su arquitectura fueron decisivos en la evolución que experimentó en los meses siguientes. Además del proyecto de la casa Machín, en 1927, anterior, por tanto, al citado viaje, el proyecto de la fabrica de tabacos “La Belleza” (Ángel Carrillo Fragoso), en Santa Cruz de Tenerife, “prueba el efecto producido por el viaje de una manera evidente, y el sistema de trabajo desarrollado en estas fechas por el arquitecto, una aproximación simultánea desde las tres propuestas de una nueva arquitectura existentes en el momento”[1].

Otros arquitectos que hicieron en Canarias su obra racionalista fueron José Blasco Robles, que comenzó a partir de 1928 una larga etapa constructiva en las islas. José Enrique Marrero Regalado, “arquitecto enigmático” que absorbió las esencias de los “ortodoxos” en sus años de estudiante en Madrid. En la aventura racionalista es preciso citar, asimismo, a Rafael Massanet y Domingo Pisaca, con una producción desigual pero impregnada de las teorías de los funcionalismos del momento.

Mención especial merecen las referencias a los arquitectos extranjeros que vinieron a acentuar el racionalismo en las islas: Fromdbürguer, Schneider y von Oppel. Este último, Richard von Oppel (1888-1960) posee un significado especial al haberse asociado y emparentado con Miguel Martín y del tablero que ambos compartían salieron muchos de los más renombrados edificios racionalistas de Canarias.

Entre los ejemplos más representativos, se citan los siguientes:

Cabildo Insular de Gran Canaria

Este edificio destaca por la gran repercusión sociopolítica, ya que se inició en el momento de la división provincial. El proyecto original fue elaborado en 1930 por el arquitecto Miguel Martín Fernández de la Torre, adoptando una solución ecléctica, similar al monumental Casino Principal de Santa Cruz de Tenerife.

Miguel Martín. Cabildo Insular de Gran Canaria

Sin embargo, como afirma el profesor Galante Gómez, los políticos le aconsejaron renovarlo por un lenguaje más moderno. Los planos definitivos fueron trazados por el mencionado arquitecto. En las obras del interior del edificio intervino, además, el arquitecto Laforet.

Edificio de Estadística de Santa Cruz de Tenerife

El Edificio de Estadística (casa Pérez Alcalde) de Santa Cruz de Tenerife, muestra una de las singularidades racionalistas más apreciadas: la individualidad de los cuerpos que definen la composición, donde cada uno de ellos tiene su propia categoría estética y funcional, además de integrarse adecuadamente en todo el conjunto.

José Blasco. Edificio de Estadística (casa Pérez Alcalde)

Es el primer edificio en las Canarias Occidentales que sigue el estilo barco, estética que emula las líneas de diseño de los trasatlánticos. Encargada por Rafael Pérez-Alcalde a José Blasco, éste firma el proyecto en febrero de 1932, finalizándose la obra en abril de 1933. Blasco utiliza aquí elementos morfológicos análogos a las construcciones navales como son las amplias terrazas voladas, resguardadas por barandillas de tubo. Pero en toda la composición formal está presente la obra de Le Corbusier.[2]

Casino Principal de Tenerife

Otra obra importante de Martín Fernández de la Torre en Tenerife es el Casino Principal, construido en 1935 en el solar que la sociedad recreativa había comprado entre 1912 y 1914 en el solar ocupado en la actualidad. Es un edificio monumental de cinco plantas, que ocupa toda una manzana, en las fachadas principales hacia la Plaza de La Candelaria y la Plaza de Europa, predomina la horizontalidad de las balconadas, el rigor clásico de la columnata y la monumentalidad, elementos esclarecedores de la política artística adoptada en estos años por su arquitecto, en reacción al decorativismo modernista (hacia el racionalismo arquitectónico defendido en la década de los años treinta por Eduardo Westerdahl en la revista gaceta de arte, siguiendo el estilo que luego se volcó en el regionalismo canario.

Miguel Martín. Casino Principal de Tenerife

Miguel Martín. Hall del Real Casino Principal de Tenerife

Elemento predominante del inmueble es la torre prismática de grandes ventanales que rompe con el ritmo uniforme de las fachadas. Se mantiene el estilo elevado en los interiores, en la escalinata principal en mármol negro, en las cristaleras y barandas, y en la riqueza del decorado de los salones. Destacan en las paredes del hall y en los salones lienzos del pintor vanguardista canario Néstor Martín Fernández de la Torre (1887-1938), hermano del arquitecto, y del contemporáneo brasileño José Aguiar (Brasil, 1975).

El Casino es un símbolo de una época para la ciudad de Santa Cruz de Tenerife, creado en años de inquietudes políticas y culturales (a destacar el acontecimiento internacional de la II Exposición Universal del Surrealismo, en 1935, en la que Andrés Bretón declaró oficialmente en su manifiesto “Tenerife como isla Surrealista”), precedentes al estallar de la Guerra Civil.[3] 

Hogar Escuela María Auxiliadora

Edificación proyectada por el arquitecto Domingo Pisaca y Burgada en 1939 como centro escolar, dilatándose algunos años su construcción, quedando ésta concluida en 1946. Situado en la calle de La Rosa, ubicado en un solar enfrente de un grupo escolar fabricado a finales del siglo XIX, y en la actualidad denominado Onésimo Redondo, Pisaca construye un nuevo centro escolar y de acogida de características diametralmente opuestas al situado en su frente, pero se cuida de guardar una gran sintonía con él, dando una interesante coherencia a ese tramo de calle.

Domingo Pisaca y Burgada. Hogar Escuela de Santa Cruz de Tenerife

El edificio para el Hogar-Escuela de María Auxiliadora se enmarca dentro de la tipología racionalista, presentando una verdadera singularidad en la evolución y el trabajo de Pisaca. La obra es una de las aportaciones más destacadas de este arquitecto a la estética racionalista. Este es uno de los edificios más destacados del arquitecto Pisaca y una de sus aportaciones más relevantes a la arquitectura de su época[4].

Colegio Alemán

El proyecto está fechado el 8 de noviembre de 1934 por José Blasco, aunque contó con la colaboración del arquitecto alemán Rudolf Schneider. Presenta los elementos propios de un edificio representativo de la arquitectura moderna en boga en los años 30 en toda Europa, y por tanto claramente racionalista. Desde 1933 se había formado una Comisión de Fomento para la construcción del centro. El edificio fue construido en tres fases sucesivas, en los años 1934, 1941 y 1944.

Blasco - Schneider. Colegio Alemán de Santa Cruz de Tenerife

La primera fase fue una colaboración entre Blasco y Schneider aunque el verdadero sentido del proyecto como conjunto es de Blasco. Consistió en un pabellón rectangular destinado a las clases y sus pasillos correspondientes y un cuerpo de escaleras a modo de torre (sin excesivo desarrollo, que equilibraba la composición, interrumpiendo la monotonía horizontal de este primer tramo. En la segunda fase Blasco repitió la misma solución, de tal manera que da la impresión de haber sido resuelto el edificio en una única fase. Por último la intervención de Tomás Machado, más modesta, consistió en una prolongación de un pequeño tramo destinado a aulas, enlazando la edificación del Colegio con la construcción con la que se establecía el límite de ambas propiedades[5].

Balneario de Santa Cruz

Antigua construcción de recreo para el disfrute del litoral santacrucero. Situado en las proximidades de la batería del Bufadero, el edificio del Balneario fue un intento pionero en instalar un alojamiento turístico en la línea costera del municipio con el objetivo de crear una oferta de ocio, en un tiempo en el cual el litoral estaba siendo ampliamente ocupado por las instalaciones portuarias, desapareciendo los último vestigios de las playas de Santa Cruz. En 1929 se le encarga al arquitecto Domingo Pisaca Burgada la realización de un Hotel Balneario de Santa Cruz, elaborando un proyecto de intervención que continúa la línea de sus primeros trabajos en la tendencia ecléctica.

Domingo Pisaca. Balneario de Santa Cruz

El Balneario de Santa Cruz se encuentra en total abandono

En 1932, Pisaca reelabora todo el proyecto presentando un cambio formal evidente, yendo a una solución típicamente racionalista, mucho más acorde con los tiempos que corrían por aquel entonces. Lo enriquece con propuestas expresionistas, posibilitando una interpretación rica en sugerencias y en el diseño de los elementos decorativo de la fachada. Esta obra del Balneario supuso para el arquitecto Pisaca el paso en la actualización de su lenguaje. A pesar de que el proyecto es de principios de los años treinta del siglo XX, grandes dificultades económicas y la llegada de la guerra civil, detuvieron su construcción durante cerca de diez años[6]. Tras ser utilizado con bastante asiduidad durante décadas, el edificio se encuentra en la actualidad en un estado lamentable de conservación, quedando ya lejos de la línea de costa que ocupaba. 

Otros proyectos

Otros proyectos bastante interesantes fueron ejecutados por Miguel Martín Fernández de la Torre entre 1930 y 1938 para el Hospital Psquiátrico y la Casa del Niño, respectivamente, ambos en Las Palmas, este último encargado por el Auxilio Social.

El edificio Palazón, construido para Rosa Palazón por el arquitecto Miguel Martín Fernández de la Torre, en 1930, se hizo famoso por la sucesión de informes desfavorables que emitió la oficina técnica municipal, que no terminaban de aceptar los nuevos criterios estéticos de la arquitectura. En esta obra se presentan los planteamientos morfológicos del racionalismo. Llama la atención que se renuncie a los elementos decorativos de estilo en la fachada en la que se abren únicamente ventanas horizontales con persianas abatibles.

Una obra tardía es la Clínica Cajal, en Las Palmas, trazada en los años cincuenta por el arquitecto Richard von Oppel, máximo representante de la denominada “línea fría”  de la arquitectura racionalista en Canarias.

Una de las novedades tipológicas de mayor repercusión fue la arquitectura de los locales cinematográficos. A partir de los años veinte del siglo XX aparecen salas con características específicas para la proyección de películas, aunque en realidad sus estructuras estaban vinculadas a los logros espaciales obtenidos por los teatros decimonónicos.

Quizás el mejor proyecto racionalista fue dibujado por Miguel Martín Fernández de la Torre en 1931 para el Cine Cuyás de Las Palmas, donde aparecían perfectamente conjugados los nuevos sistemas de construcción con aquellos materiales de importación mencionados anteriormente. Sin embargo, el edificio ha sido excesivamente remodelado, alterándose su original fisonomía.

José Enrique Marrero Regalado. Teatro Cine Baudet

El Teatro Cine Baudet, en Santa Cruz de Tenerife, constituye un excelente ejemplo donde se plasman las principales características de la arquitectura racionalista en Canarias. Fue iniciado por el arquitecto José Enrique Marrero Regalado en 1935.

La fachada concebida por medio de volúmenes puros, presenta como novedad la utilización del hormigón armado que posibilita una mayor claridad compositiva. Este material también se empleó en la estructura general del edificio. No obstante, las características expresionistas más notables se encuentran en la sala de espectáculos, sobre todo en la cubierta resuelta por un entramado de hierro que sostiene a un falso techo de escayola cuyo rosetón central posee un sistema de iluminación graduable de efectos muy sugestivos. Este fenómeno también se modela en la embocadura del escenario. Debido a decisiones políticas cuestionables y el establecimiento en el edificio de una sala de bingo, provocó la irreparable pérdida de un importantísimo ejemplo de nuestro patrimonio arquitectónico[7].

La escrupulosa racionalidad de las construcciones navales  invitó a los técnicos a fomentar una metáfora arquitectónica cuya lectura era inherente al lenguaje expresionista. La denominada “arquitectura del barco o náutica” tiene su réplica en el edificio del Club Náutico de Santa Cruz de Tenerife, diseñado por Miguel Martín Fernández de la Torre entre 1932-34. Las aberturas en escotilla, los huecos circulares abocinados, los cuerpos cúbicos que se asemejan a la proa de un barco y constituyen los elementos definitorios y al tiempo referenciales.

Miguel Martín. Real Club Náutico de Tenerife

La obra se pone en marcha en 1937 y, aunque fue entregada en 1946, todavía quedaban aspectos relevantes del proyecto que habían sufrido alteración y que no se habían finalizado. Durante la década de los sesenta, setenta y ochenta, arquitectos como Luis Cabrera, Rubens Henríquez o el Estudio La Solana han realizado obras de mejoras, ampliación y reformas. Las soluciones expresionistas que se introducen le dan al conjunto una mayor densidad.

El edificio que combina la sencillez y la claridad, tanto en su aspecto interior, fachadas, como también en su estructura. Se describe como una edificación donde predominan la pureza de los volúmenes, los perfiles de la línea recta, la preponderancia de las formas poliédricas, así como la condensación de sus espacios interiores aglutinados en grandes sectores y la contraposición exterior de líneas horizontales y verticales. Las aberturas en forma de escotillas, los huecos circulares, los cuerpos cúbicos que se ensamblan unos con otros, constituyen elementos definitorios y al tiempo referenciales. Elementos de interés: Mobiliario y complementos ornamentales realizados para el edificio cuando se construyó, ubicadas en sus zonas nobles (hall, salón de baile, bar, puente de mando, etc.).

Fermín Suárez Valido. Edificio DISA en Las Palmas

Un interesante ejemplo integrado en el marco urbano es el Edificio DISA en la calle Tomás Morales, en Las Palmas de Gran Canaria, proyectado en 1947 por el arquitecto Fermín Suárez Valido. Sobresalen las formas onduladas de gran parte de la composición, sólo resaltadas por sencillos aleros.

La arquitectura racionalista se manifestó con gran intensidad en las casas de carácter privado, bien en el chalet de tipo unifamiliar o en los grandes bloques de viviendas. Estas casas colocadas en los núcleos urbanos de mayor relevancia fueron ocupadas generalmente por la burguesía comercial que controlaba el poder económico.

En líneas generales, las innovaciones aportadas por el racionalismo a la arquitectura doméstica, además de las anteriormente descritas, son la supresión de la jerarquización interna de los espacios y de la fachada-pantalla y la sustitución del balcón por terraza.

Entre los múltiples ejemplos existentes, destacan un grupo de viviendas situadas en el barrio de Las Mimosas, en las cercanías del Quisisana, que se adaptan a la forma de la colina. Fueron realizadas por el arquitecto Marrero Regalado en la década de los años treinta.

José Enrique Marrero Regalado. Cabildo Insular de Tenerife

Otras obras diseñadas por el destacado técnico son el Cabildo Insular de Tenerife (proyectado en 1933 y ejecutado entre 1935-1942), la Basílica de Candelaria, en Tenerife y el Frontón de Las Palmas. En ellas, el arquitecto concibió el racionalismo de forma heterodoxa, ya que agregó elementos de la arquitectura vernácula.

El proyecto del edificio del Cabildo Insular fue el resultado de un concurso que la Diputación Provincial falló a favor del arquitecto Marrero Regalado en 1934. El técnico llegó a realizar en colaboración con el arquitecto Schneider cuatro proyectos, de los cuales dos eran de tipo monumental y dos racionalistas. Resultó elegida la cuarta solución, de gran empaque monumental y desarrollada por Marrero. Las propuestas ofrecían respuestas no solo al tema de la fachada, sino también al desarrollo de las plantas y usos y a la ordenación de la plaza contigua y los accesos a la ciudad.

El proyecto fue firmado en julio de 1934, iniciándose las obras seis meses después, durando los trabajos hasta 1940 pero la amplitud del edificio excesivo hizo pensar en compatibilizar sus funciones. Finalmente, ante el peligro de que le gremio militar se hiciera cargo de él, se llevó a cabo una apresurada mudanza. Fundamental fue la labor de su presidente, Antonio Lecuona, que gestionó la decoración del Salón de Plenos con la obra de José de Aguiar[8].

Fotografías: Ayuntamiento de Las Palmas, Cabildo Insular de Gran Canaria, José Mesa, Juan Carlos Díaz Lorenzo, archivo Antonio González, Familia Baudet y archivo Miguel Martín Fernández de la Torre (mdc.ulpgc.es)


[1] Navarro Segura, María Isabel. Eduardo Westerdhal y la construcción de Canarias como entidad espacial. En gaceta de arte y su época. 1932-1936. Centro Atlántico de Arte Moderno. Santa Cruz de Tenerife, 1997.

[2] Darias Príncipe, Alberto. Santa Cruz de Tenerife. Ciudad, arquitectura y memoria histórica (1500-1981). Santa Cruz de Tenerife, 2004.

[3] Op. cit.

[4] Op. cit.

[5] Navarro Segura, María Isabel. Racionalismo en Canarias.  ACT. Cabildo Insular de Tenerife. Santa Cruz de Tenerife, 1988.

[6] Darias Príncipe, A. Op. cit.

[7] Galante Gómez, Francisco. Historia crítico-descriptiva de la arquitectura en Canarias. La Laguna, 1987.

[8] Darias Príncipe, A. Op. cit.