Juan Carlos Díaz Lorenzo

A la entrada de la ciudad de Santa Cruz de Tenerife, en la emblemática Plaza de la Candelaria esquina con la calle del mismo nombre, se encuentra el Edificio Simón, desde hace tiempo en estado de ruina y cubierto por una malla y una valla que intenta evitar que la caída de cascotes pueda causar daño a los viandantes.

La prensa local, especialmente el periódico El Día, se ha hecho eco de este asunto y la noticia más reciente, a mediados del pasado mes de septiembre[1], insiste en el peligro que supone un edificio en estas condiciones. El citado inmueble fue adquirido en su momento junto a otro anexo por la empresa de origen hindú Maya y en la actualidad pertenece a la entidad CajaCanarias. Con anterioridad, en la década de los años  sesenta, y hasta su traslado al edificio Anaga, la primera planta fue sede de las oficinas de la consignataria de los hermanos Herrera Hernández, propietarios de Naviera Teide y accionistas destacados de Naviera Pinillos.

Según se ha informado, la Gerencia de Urbanismo del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife cumple con la norma de notificar a los propietarios de los inmuebles que se encuentran en estado de abandono o que no reúnen las adecuadas condiciones de seguridad y ornato, la obligación que tienen de acometer mejoras y este es uno de esos casos.

El edificio está afectado por el PERI (Plan Especial de Reforma Interior), que posibilita mantener la fachada y permite reformar el interior. Mientras se espera una decisión al respecto, lo cierto es que el estado de dicho inmueble afea la entrada de la ciudad y proporciona una mala imagen para propios y foráneos.

Estado actual del edificio Simón, situado en la Plaza de la Candelaria de Santa Cruz de Tenerife

El edificio es un proyecto del arquitecto Antonio Pintor y Ocete encargado por Bernardino Simón Belagay. Pintor era reticente al lenguaje historicista, pues estaba claramente desfasado cronológicamente, pero el promotor impuso su criterio influido por su vinculación con el mundo hindú. Ocupa el solar de una vivienda tradicional canaria y en su fachada se aplica un claro lenguaje historicista. El proyecto está firmado el 24 de abril de 1930 y fue aprobado el 26 de mayo siguiente. La celeridad con la que la primera corporación local dio el visto bueno está en consonancia con el problema de paro obrero que se vivía entonces en la ciudad, razón por la cual las obras dieron comienzo en agosto del citado año y concluyeron en noviembre de 1931.

En relación a este edificio, el profesor Alberto Darias Príncipe señala que “el técnico concibió una obra correcta y sin estridencias, e incluso con una adaptación sumamente discreta al conjunto general que en ese momento conformaba la plaza. Aún así, no deja de ser chocante que a pocos metros, y casi enfrente, Miguel Martín esté edificando  el Casino con un vocabulario formal y constructivo que mostraba las profundas diferencias entre las dos generaciones”[2].

Surgieron problemas de índole legal, dado que el proyecto incumplía las ordenanzas municipales: las calles con menos de 12 metros de anchura debían resolver la esquina en chaflán, y la calle de Candelaria era entonces bastante estrecha. Pero el Ayuntamiento “encontró la solución”, no así con la ejecución interior de la obra, que no cumplía con lo establecido, por lo que el promotor fue inicialmente multado, aunque después, escuchados sus argumentos y resuelto por el arquitecto municipal Otilio Arroyo, no hubo tal sanción.

“A pesar del anacronismo que representa este historicismo –concluye el profesor Darias- cuando empezaba la cuarta década del novecientos, resuelve con total solvencia su cometido. Se sirve de unos pocos elementos identificadores, sabiamente distribuidos para causar el efecto óptico deseado: una construcción de tradición mogola; en realidad, son sólo dos, tomados del repertorio hindú: los arcos aquillados y los domos que coronan los pilares del antepecho de la azotea. Ubicados en uno de los ángulos de visión, el otro es desplazado al entresuelo donde se encuentran haces de capiteles alambrescos, y por si eso no fuera suficiente vuelva hacia afuera, aprovechando el volado del balcón del principal, una serie de columnas neonazaríes que el espectador no puede soslayar. El complemento que reafirma este falso exotismo es el alicatado que no se llegó a colocar, pero ocupaba en proyecto gran parte de los paramentos”[3].

Foto: Juan Carlos Díaz Lorenzo


[1] El Día, 16 de septiembre de 2010.

[2] Darias Príncipe, Alberto. Santa Cruz de Tenerife. Ciudad, arquitectura y memoria histórica (1500-1981). Tomo I. Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife, 2005. Pp. 177-178.

[3] Op. Cit.

Anuncios

El Salón Presidente del Casino de Santa Cruz de Tenerife fue el escenario en el que la noche de ayer el profesor Alberto Darias Príncipe, catedrático de Historia del Arte de la Universidad de La Laguna, se convirtió en miembro numerario de la Academia Canaria de Ciencias de la Navegación, cumpliendo así el acuerdo adoptado en su día por unanimidad.

Abrió el acto el presidente de la Academia, doctor Enrique García Melón, quien dio paso al secretario, doctor Manuel Garrocho Martín, para dar lectura al acuerdo plenario y, a continuación, el profesor Darias pronunció una conferencia titulada La regeneración del espacio industrial en el ‘waterfront’ de Santa Cruz de Tenerife, acompañada por una selección de imágenes, en la que hizo un recorrido crítico por la evolución del frente litoral de la capital tinerfeña.

Manuel Garrocho Martín, secretario de la Academia, lee el acuerdo de ingreso del nuevo académico numerario

El profesor Darias comenzó refiriéndose al plano de Torriani, de finales del siglo XVI, como simple puerto de escaso interés y la ubicación de la capital en la ciudad de La Laguna y aportó diversa documentación y opiniones acerca de Santa Cruz de Tenerife cuando el criterio había cambiado y se convirtió en una ciudad amurallada frente al mar (1723) con un único acceso junto al castillo y la Casa de la Aduana, refiriéndose, a continuación, a la ciudad y su puerto en 1780 y a la alameda del marqués de Branciforte.

A continuación abordó la expansión, a finales del siglo XIX, de la ciudad que seguía viviendo de espaldas al mar, deteniéndose en el lado abandonado hacia el norte, delimitado por la construcción del fuerte de Almeida, considerado, entonces, el “finis terrae” de la ciudad. A partir de ahí, comentó el nacimiento del Muelle Norte y el establecimiento de empresas carboneras como plataformas de abastecimiento para los vapores que cruzaban el Atlántico, que señalaron el comienzo de una nueva etapa, en la que conferenciante volvió a incidir en el problema que representaba el castillo para la adecuación del frente marítimo de la ciudad y de su apertura al mar.

El profesor Alberto Darias Príncipe, en el transcurso de su intervención

Con diversos comentarios sobre la figura del alcalde García Sanabria y el plan Laredo-Blasco, así como los criterios de otro arquitecto destacado, Marrero Regalado y su célebre escrito “Nunca más”, cuando algunas voces echaban y criticaban la demolición del castillo, el profesor Darias Príncipe profundizó en la desaparición de dicho establecimiento militar y los planes de los arquitectos Marrero y Machado para el cambio de la fachada marítima.

La construcción de la refinería, en 1929, entonces alejada del casco urbano de la ciudad, así como la Avenida de Anaga, el muelle de Ribera y el alargamiento del muelle Sur, dieron paso a la expansión de la fachada sur, con la desaparición del Lazareto, de las industrias auxiliares que entonces existían en Cabo Llanos, la cesión de una parte del suelo industrial de la refinería y la construcción del Centro Internacional de Ferias y Congresos, proyecto de Santiago Calatrava; y del Parque Marítimo, proyecto de César Manrique; el Palmetum, aprovechando el antiguo vertedero y la adecuación de dos edificios históricos: el castillo de San Juan (1641-1643) y la Casa de la Pólvora (1756).

El Salón Presidente del Casino de Tenerife, sitio elegido para la ocasión

En la última parte de su intervención, el profesor Darias se refirió a la ruptura entre la ciudad y su puerto como consecuencia de la construcción de la Dársena de Los Llanos; y proyectó una serie de imágenes con comentarios sobre la Escuela de Náutica, Casa del Mar, Capitanía Marítima, los muellitos del carbón, el Balnaerio y la batería del Bufadero, centrando a continuación, su atención en el proyecto del Auditorio de Tenerife (1996-2003), del arquitecto Santiago Calatrava, del que alabó su estética pero criticó su comodidad y las condiciones acústicas; y dejó en el alero el conjunto de la Plaza de España, ya que, en su opinión, “es un asunto que merecería toda una conferencia y un debate profundo”.

Juan Carlos Díaz Lorenzo contesta el discurso de ingreso del nuevo académico numerario, profesor Darias Príncipe

A continuación le contestó el vicepresidente de la Academia y padrino del nuevo académico, Juan Carlos Díaz Lorenzo, quien agradeció “la unanimidad, el calor y el afecto con el que, en su día, todos ustedes acogieron la propuesta para que el profesor Darias Príncipe formase parte de la Academia, siguiendo así la línea de engrosar las filas del conocimiento y de la sabiduría con personalidades de reconocido prestigio y fecundo magisterio, como es el caso de quien hoy ya forma parte de nosotros”.

“Siento, además, el orgullo legítimo de que sea mi más preciado y admirado profesor y, sobre todo, amigo entrañable de días felices, sabio consejero y guía preciso, quien comparta esta nueva etapa de su vida, de la que estoy seguro todos nosotros vamos a disfrutar, valorar y agradecer”.

“La llamada del mar en Alberto Darias Príncipe le viene de cuna. Nació en la villa de San Sebastián de La Gomera en 1945, en el seno de una familia vinculada con la actividad portuaria, pues su padre, Alberto Darias Veguero, era consignatario de los barcos del cabotaje que iban y venían y se convertían en medios necesarios para mantener el sustento y el pulso cotidiano de una isla a la que, entonces, como ahora -aunque ya tenga aeropuerto-, el mar siempre fue el camino”.

“Desde niño, unas veces con sus padres y otras al cuidado de su niñera, Alberto paseaba por la playa, las proximidades del Roque de la Hila y el incipiente muelle, en el que atracaban los históricos correíllos negros, los mismos en los que nuestro distinguido académico emprendió un día viaje a Las Palmas para continuar sus estudios. Y entre aquellos barcos, uno en especial: Viera y Clavijo y su sempiterno capitán, Eliseo López Orduña, a quien Alberto conocía desde que era niño.

“Por cierto, contaré la anécdota de que siendo nuestro amigo un mozo de agilidad incontestable, en uno de aquellos viajes de regreso a casa, llegó tarde al muelle de Santa Catalina cuando el histórico vapor viraba cadena y largaba amarras y el capitán López Orduña, en su puesto del alerón del buque de su mando, se percató de la carrera desesperada del joven Alberto, por lo que aguantó la arrancada de la máquina y le indicó que “saltara” desde el muelle a la popa del barco, haciendo posible así que el sufrido pasajero pudiera volver a su casa. Aquellos eran otros tiempos”.

El profesor Darias Príncipe escucha las palabras de su padrino de ingreso en la Academia, Juan Carlos Díaz Lorenzo

“Alberto, huérfano de padre, decide un día estudiar Filosofía y Letras en la Universidad de La Laguna, en la que se licenció en 1971 y se doctoró en Historia del Arte, por la misma Universidad, en 1985, con una tesis titulada Arquitectura y arquitectos en las Canarias Occidentales (1874-1936), convertida en el punto de partida para el conocimiento de lo que después vendría acerca de la investigación de nuestro patrimonio arquitectónico”.

“De aquella etapa tan intensa y fructífera, Alberto se ganó el cariño, el afecto y el respeto de una de las más grandes personalidades que ha tenido la Universidad española: don Jesús Hernández Perera, quien mucho y bien influyó en el brillante quehacer de su joven discípulo.”

“Además, y durante una década, Alberto fue archivero del Colegio de Arquitectos de Canarias, maestro de ceremonias de la Universidad de La Laguna y, en su especialidad, conferenciante constante, destacado y distinguido en distintas universidades nacionales y extranjeras, miembro del Comité Nacional Español de ICOMOS, de tribunales de tesis doctorales y de oposiciones; asesor en la recuperación y restauración de edificios emblemáticos y, además, dotado de una generosa capacidad para hacer amigos buenos y leales –de lo cual doy fe- que le corresponden con el mismo afecto y cariño. Es decir, siembra y recogerás”.

“Sus líneas de investigación abarcan diversos aspectos sobre su gran vocación, la arquitectura y el patrimonio, en los que es una reconocida autoridad, así como en  otros temas histórico-artísticos de Canarias, la Península, Portugal, Italia, Francia, Finlandia, Marruecos y Venezuela, por sólo citar algunos casos concretos. Precisamente, mañana, nuestro nuevo académico sale de viaje hacia el país magrebí para continuar con sus estudios y trabajos de campo sobre las fortalezas de origen luso-españolas que jalonan la costa atlántica de dicho territorio”.

“Relacionar aquí, siquiera, su participación en proyectos de I+D nacionales e internacionales, así como en inventarios y un largo etcétera de actuaciones profesionales por él dirigidas, sería una ardua tarea. Lo mismo que las numerosas publicaciones, ya sea en forma de libros –varios de ellos en coautoría con su esposa, Teresa Purriños Corbella- o ponencias, coloquios, capítulos, artículos en anuarios y revistas especializadas, sería, asimismo, un empeño extenso”.

Díaz Lorenzo se refirió, entre otras publicaciones del profesor Darias Príncipe, a las siguientes: su tesis doctoral, ya citada, con prólogo de don Jesús Hernández Perera; Arte e historia en la sede del Parlamento de Canarias; La Gomera, espacio, tiempo y forma; Arte, religión y sociedad en Canarias: la Catedral de La Laguna, con prólogo de Pedro de Navascués; El Casino de Santa Cruz (1840-1990), en coautoría con Agustín Guimerá Ravina; Mar y ocio en la España contemporánea: El Real Club Náutico de Tenerife (1902-1994); La imagen de Canarias en la vanguardia regional: Historia de las ideas artísticas (1898-1930); La rada y puerto de San Sebastián de La Gomera (1492-1992), Lugares colombinos de la villa de San Sebastián [Historia y evolución] y el tomo primero de Ciudad, Arquitectura y Memoria Histórica (1500-1981).

El padrino del nuevo académico finalizó su intervención diciendo que “tenemos el honor y la dicha de dar la bienvenida a una relevante personalidad universitaria que honra y nos honra; buen profesor y mejor persona, hombre de una vasta y muy extensa cultura, con un gran dominio de su especialidad, de los clásicos y de la música; y, sobre todo, y lo más importante, lo que es para mí y lo es también para todos nosotros: amigo entrañable, fiel y leal”.

Enrique García Melón impone al nuevo académico la medalla

A continuación, el presidente de la Academia le impuso la medalla y le entregó el título acreditativo y la insignia correspondiente, momento en el que ambos se fundieron en un emotivo abrazo entre los aplausos de los asistentes.

Entrega del título acreditativo de académico numerario

Enrique García Melón y Alberto Darias Príncipe se funden en un emotivo abrazo

Foto de familia del nuevo académico con sus colegas de la Academia

Fines y actividades de la Academia de Ciencias de la Navegación

La Academia Canaria de Ciencias de la Navegación tiene como fines Investigar y fomentar el estudio de la navegación, en sentido amplio, así como su enseñanza y difusión; estimular las publicaciones sobre temas relacionados con la navegación; organizar convenciones, jornadas y cursos que ayuden a un mejor conocimiento de la navegación, por parte de nuestra comunidad archipielágica, tan dependiente del sector marítimo; colaborar en la formación del profesorado, en sus múltiples perfiles y estudiar lo relativo a la normativa, nacional e internacional, relacionada con la navegación en general.

Entre sus principales actividades, realiza encuentros con personas estudiosas de temas relacionados con la navegación, promueve la organización de cursos y jornadas sobre las ciencias de la navegación, publicar estudios y trabajos relacionados con los fines expresados y fomenta la organización de convenciones, jornadas, cursos y conferencias, relacionados con los diferentes aspectos de la navegación.

Los miembros numerarios de la Academia Canaria de Ciencias de la Navegación son los siguientes:

1.- Enrique García Melón, capitán de la Marina Mercante, doctor en Ciencias del Mar y en Marina Civil, catedrático de la Universidad de La Laguna.

2.- Juan Carlos Díaz Lorenzo, investigador y periodista, licenciado en Historia del Arte por la Universidad de Santiago de Compostela.

3.- Manuel Garrocho Martín, capitán de la Marina Mercante y doctor en Marina Civil

4.- Juan Imeldo Gómez Gómez, jefe de máquinas, doctor en Marina Civil y profesor titular de la Universidad de La Laguna.

5.- Arturo Hardisson de la Torre, doctor en Farmacia y catedrático de la Universidad de La Laguna

6.- José Perera Marrero, capitán de la Marina Mercante, doctor en Marina Civil y profesor titular de la Universidad de La Laguna.

7.- Antonio Burgos Ojeda, doctor en Medicina, profesor titular de la Universidad de La Laguna.

8.- Roberto González Díaz, capitán de la Marina Mercante y doctor en Marina Civil, capitán del buque-hospital “Esperanza del Mar”.

9.- Francisco Noguerol Cajén, capitán de la Marina Mercante y doctor en Marina Civil, práctico del puerto de Santa Cruz de La Palma.

10.- Juan Antonio Irigoyen Jiménez, capitán de corbeta (RNA) y doctor en Marina Civil.

11.- Enrique Melón Rodríguez, doctor en Marina Civil, profesor contratado de la Universidad de La Laguna.

12.- Abel Camblor Ordiz, doctor en Marina Civil, profesor titular de la Universidad de Oviedo.

13.- Antonio Fraidíaz Becerra, doctor en Marina Civil, profesor titular de la Universidad de Cádiz.

14.- Santiago Iglesias Baniela, bidoctor en Marina Civil (Universidad de La Coruña y Universidad de La Laguna), profesor titular de la Universidad de La Coruña.

15.- Antonio Manuel Couce Calvo, capitán de corbeta del Cuerpo General de la Armada, diplomado de Estado Mayor y profesor de la Escuela Naval Militar.

16.- Gonzalo Lozano Soldevilla, doctor en Biología, profesor titular de la Universidad de La Laguna.

17.- José Manuel Martínez Mayán, doctor en Marina Civil, profesor titular de Escuela Universitaria, Universidad de La Coruña.

18.- Luis Alonso Santos Jara, doctor en Marina Civil, profesor asociado de Universidad.

19.- Daniel García Gómez de Barreda, doctor en Ciencias del Mar, profesor titular de la Universidad de Cádiz.

20.- Carlos Pérez Labajos, doctor en Marina Civil, profesor titular de la Universidad de Cantabria.

21.- Alberto Darias Príncipe, doctor en Historia y catedrático de la Universidad de La Laguna.

Asimismo, son miembros correspondientes de la Academia Canaria de Ciencias de la Navegación, las siguientes personas:

1.- María Concepción Rodríguez Rodríguez, capitán de la Marina Mercante y doctora en Marina Civil.

2.- César Rodríguez Quintana, capitán de la Marina Mercante y doctor en Marina Civil.

Fotos: Esteban González (www.estebangonzalez.es)

Juan Carlos Díaz Lorenzo

Aunque pueda parecer extraño, y debido a las características tan peculiares en cuanto a riqueza artística que posee la isla de La Palma, el inventario de su patrimonio mueble está todavía por hacer”, afirma el profesor Alberto Darias Príncipe, catedrático de Historia del Arte de la Universidad de La Laguna, quien recientemente ha dirigido un equipo de investigadores al frente de un proyecto relacionado con el patrimonio religioso localizado en el arco norte de la Isla.

“Para nadie es un secreto y menos para los estudiosos -prosigue- que, en relación a su tamaño, La Palma tiene el mayor patrimonio artístico de Canarias, tanto en calidad, como en cantidad y en variedad, de modo que podemos afirmar, rotundamente, que si no conocemos el patrimonio artístico palmero, jamás podremos entender la Historia del Arte en Canarias”.

Al hilvanar el proceso seguido, el profesor Darias señala que “puestos a desentrañar el problema, el punto básico del que se debe partir para el cuidado del patrimonio, es el conocimiento del mismo”. En 1992 comenzó el inventario de bienes mueble de la Iglesia Católica, subvencionado por el Ministerio de Cultura, “del cual sólo se podía hacer una campaña al año, muy limitada en cuanto al número de objetos a identificar, por lo que nos planteamos la posibilidad de que, a través de alguna otra institución cuyo cometido estuviera dentro de sus competencias, avanzar parte de dicho inventario, algo que, si no fuera así, lleva camino de eternizarse. De ahí que, teniendo en cuenta las atribuciones que sobre el campo de la arquitectura tiene la Consejería de Infraestructuras del Gobierno de Canarias y, además, considerando el interés del consejero Antonio Castro Cordobez, auténtico valedor para que este proyecto pudiera llevarse a cabo, con el apoyo de GESTUR emprendimos un trabajo meticuloso que ha dado unos frutos muy interesantes”.

Alberto Darias explica que las razones del cambio en la estrategia a seguir se deben a que las directrices de la UNESCO en materia de patrimonio, aceptadas por el Gobierno español, “indicaban la necesidad de que en este tipo de catálogo se incluyera no sólo el continente, sino también el contenido”.

En el momento de abordar el trabajo en La Palma, la situación de los distintos inventarios en cada una de las islas que componen la Diócesis Nivariense se resume en los siguientes aspectos: en La Gomera está hecho casi en su totalidad, mientras que en Tenerife ya ha superado la mitad y en El Hierro y La Palma todavía no había comenzado. En el caso de la Isla Colombina, como indica el profesor Darias, “con un volumen muy limitado, está bastante controlado a través de los estudios realizados por intelectuales locales como el historiador Dacio Darias y la profesora Ana Ávila”.

Sin embargo, La Palma era un territorio a descubrir. “Por esa razón, decidimos afrontarlo con mucho ánimo y entusiasmo y siguiendo el consejo del propio vicario palmero, Aurelio Feliciano, en lugar de iniciar el fichaje por los lugares habituales -Santa Cruz de La Palma y Los Llanos de Aridane-, se decidió hacerlo siguiendo el arco norte del territorio, es decir, desde Puntallana hasta Tijarafe. En este primer tramo se ha llevado a cabo el inventario de los templos San Juan de Puntallana, Tenagua, Santa Lucía, Montserrat y San Andrés, en Los Sauces, si bien este último quedaron algunas piezas por fichar, aunque están perfectamente catalogadas a falta sólo de llevar a cabo la redacción de su correspondiente ficha”.

Alberto Darias precisó que, según lo estipulado en el último concordato entre el Vaticano y el Estado español, “se acordó la realización de un primer paso en el cuidado del legado cultural de la Iglesia Católica, teniendo conocimiento de la cuantía artística de sus bienes: la Iglesia se comprometía a mostrar sus obras de arte a las personas interesadas y el Estado, a subvencionar el trabajo”.

Para la realización de este proyecto concreto, la Diócesis Nivariense, al igual que había sucedido en ocasiones anteriores, ofreció toda serie de facilidades al equipo redactor. “A nuestra llegada a La Palma, los párrocos de San Juan de Puntallana, Nuestra Señora de Montserrat de Los Sauces y San Andrés, no sólo nos facilitaron el acceso para el estudio de las piezas, sino que también colaboraron de forma entusiasta apoyando cualquier tipo de sugerencia o necesidad que les fuera solicitada, así como por parte de otros miembros de las respectivas parroquias, que también colaboraron y participaron con sumo agrado en las labores cuando se hizo necesario”.

El profesor universitario, especialista en asuntos de patrimonio, enfatizó que “las parroquias y las ermitas de La Palma que hemos visitado se encontraban en una situación óptima, bien cuidadas, muy limpias y bien atendidas en todos los sentidos. Sus piezas, por lo tanto, no fueron difíciles de localizar. Nos llamó la atención la cuantía de las mismas, hasta el punto de que no esperábamos encontrar, de modo que tuvimos que modificar sobre la marcha nuestros cálculos de trabajo y de los cinco templos que en principio teníamos previsto inventariar, en esta ocasión sólo pudimos abarcar tres parroquias con sus respectivas ermitas”.

Alberto Darias puso especial énfasis al afirmar que “las piezas catalogadas confirman mi opinión, expresada en varias ocasiones y que me gustaría se hiciera común a los palmeros. Es decir, en La Palma, muchas personas sólo sobrevaloran el arte flamenco, no porque no tenga calidad, sino porque se cree que todo lo que no sea flamenco es de segundo orden. Y, sin embargo, las obras de arte andaluzas, canarias, italianas que existen en la Isla son tan importantes y tan numerosas como las procedentes de Flandes”.

“Basta con decir que la calidad -agregó-, como decía al principio, era excelente y algo tan importante como ésto: el respeto hacia su rico legado cultural ha hecho que los palmeros no se desprendan, como sucede en otras islas, de ningún objeto que el templo haya poseído. Si la liturgia lo permite, está al uso. Si no, está guardado con toda serie de precauciones y procurando en todo momento que no sufra deterioro alguno. Y eso tiene mucha importancia”.

Alberto Darias citó, entre otros ejemplos de especial interés, el cuadro existente en el baptisterio de la iglesia de Nuestra Señora de Montserrat, en Los Sauces; la imagen de Santa Lucía, en la ermita de su mismo nombre; la imagen de San Miguel, en San Juan de Puntallana, la orfebrería de la parroquia de Montserrat, el Belén de San Andrés, las antiguas pilas bautismales de cerámica vidriada…

Preguntado por el procedimiento seguido en el trabajo realizado, el profesor Darias Príncipe matizó la siguiente aclaración: “Un inventario no es un catálogo. A mí juicio, la diferencia está en que el inventario prima la cuantía y el catálogo la calidad. Por lo tanto, el inventario es el paso previo y los datos que exigen una ficha de este tipo, son más bien de tipo físico (denominación, descripción, localización, estado de conservación, bibliografía e imagen fotográfica), que un estudio concienzudo de su cronología, lenguaje artístico, etcétera”.

Al respecto, las fichas del Ministerio de Cultura exigen una numeración diferenciadora muy precisa. En primer lugar, el tipo de inventario del que se trata. Por eso, en la identificación informática se colocan primero las abreviaturas I.I.C. (Inventario de la Iglesia Católica). A continuación, la región a la que se refiere: Canarias. Sigue la diócesis, que en este caso se identifica con el número 38. Y finalmente, el número de la pieza a identificar. Sin embargo, el inventario no estudia solamente el objeto en su sentido global, sino que desglosa las posibles obras de arte que el conjunto posea.

Por ejemplo, en el supuesto de que se trate de una imagen religiosa, primero se le adjudica un número correlativo y a continuación se van desglosando las piezas de valor que la imagen posee, de modo que los números vayan aumentando a medida que el contenido vaya teniendo una mayor amplitud. “Un caso -explica Alberto Darias- sería el Niño Jesús que el santo sostiene en sus brazos, pero dentro de ese objeto, habría que fichar los zapatitos de plata, la corona, y todos los objetos que vaya conteniendo: vara de plata, distintos tipos de textiles, orfebrería que adorna… Se puede dar el caso de que una pieza de arte pueda llegar a tener hasta 15 ó 20 subnúmeros. Pensemos, por ejemplo, en el caso de un retablo. En consecuencia, no es necesario el estudio archivístico de la pieza, sino una aproximación a la misma, eso sí, con un amplio conocimiento bibliográfico y una experiencia también amplia de los miembros del equipo”.

El equipo redactor encargado del proyecto estuvo formado por los profesores Ana María Quesada Acosta, Gerardo Fuentes Pérez y Alberto Darias Príncipe (director), así como otros tres técnicos destacados: Esteban Hernández Martín, Jonás Armas Núñez y Manuel Jesús Hernández González. Los tres primeros son profesores universitarios, miembros del Departamento de Historia del Arte de la Universidad de San Fernando de La Laguna; otros dos son doctorandos discípulos de los anteriores y un especialista en informática. En este caso concreto, el equipo contó con el asesoramiento del profesor Pablo Amador, reconocido restaurador que, por causas de trabajo, no pudo compartir el trabajo de campo, aunque sí prestó sus conocimientos ante cualquier tipo de consulta.

En una labor de esta naturaleza, el director del inventario asume una gran responsabilidad, pues se convierte en responsable único del resultado del trabajo: “Cualquier fallo que el inventario pueda tener recae sobre el director; él es quien decide la identificación de la pieza, quien indica las piezas que se deben inventariar, la bibliografía a consultar y, en una palabra, tiene la obligación de poner los medios para que las fichas sean lo más exhaustivas posibles. Como es lógico, esto es en la teoría, puesto que el director tiene que estar asesorado por distintos especialistas que conforman el equipo (arquitectura, pintura, escultura, retablística, artes suntuarias, etc.)”.

A continuación, están los coordinadores, distribuidores del trabajo, encargado de las cuentas y el material, de modo que el trabajo lleve la fluidez debida. Un restaurador, encargado de indicar el estado de conservación de la pieza (condición, deterioro, partes que faltan y restauraciones realizadas); los documentalistas, encargados de la bibliografía y en el trabajo de campo, además, de tomar todos los datos necesarios; un fotógrafo que siga las directrices dictadas por el director y un técnico informático que resuelva los múltiples problemas que pueden surgir hasta llegar a la elaboración final de un DVD.

El trabajo consta de dos momentos bien determinados: el trabajo de campo, donde se toman los datos “in situ” y el trabajo de gabinete, donde se vierten de dos maneras lo exigido por el Ministerio: una ficha acompañada de una fotografía y su correspondiente cliché y un DVD idéntico. Al final, deberán realizarse varias copias: una para el Ministerio, otra para la Dirección General de Patrimonio Histórico (Gobierno de Canarias) y otra para la diócesis. En este caso, además, se han añadido otras dos unidades, una para cada párroco y otra para la entidad que ha financiado el inventario.

Respecto del trabajo de campo realizado en La Palma, con una duración de tres semanas, “fue intensísimo”, destacó Alberto Darias. “Cuando hay que desplazarse a otra isla, como sucedió en este caso, el trabajo es exhaustivo. Se come cuando se puede, y se está donde se puede, de modo que cuando no se puede estar en el templo, se pasa a la sacristía o a las dependencias anejas para no interrumpir el culto”.

Por último, además de reiterar su gratitud y la del equipo que ha dirigido al consejero de Infraestructuras del Gobierno de Canarias y a la empresa pública GESTUR, el profesor Darias dijo, además, que “todo este trabajo fue posible en este corto período de tiempo, al contar con la generosidad del Cabildo Insular y los ayuntamientos donde se encuentran las respectivas parroquias. Sin ellos, que fueron los que nos facilitaron la logística de toda la operación, no sólo hubiera sido más difícil sino que se hubiera dilatado considerablemente”. Por ello, el equipo quiere agradecer el apoyo recibido de los respectivos concejales de Cultura, así como el consejero de Cultura del Cabildo Insular de La Palma. “Sin menoscabar a otras campañas realizadas hasta ahora -concluyó-, hemos de confesar que, al menos hasta ahora, en ningún otro sitio nos hemos encontrado con tantas facilidades como las recibidas en la Isla de La Palma”.

Publicado en DIARIO DE AVISOS, 22 de abril de 2007

Faissal-081009-038

Alberto Darias Príncipe, catedrático de Historia del Arte de la Universidad de La Laguna