Juan Carlos Díaz Lorenzo. Licenciado en Historia del Arte por la Universidad de Santiago de Compostela

Pasado un tiempo en el que el debate regionalista quedó interrumpido, en 1932 hizo su aparición el arquitecto que protagonizaría el triunfo del revitalismo canario. El 15 de septiembre del citado año, José Enrique Marrero Regalado, publicó un artículo en el periódico La Tarde con un título bien explícito: “Hacia el estilo arquitectónico regional”, donde retomó la defensa del tema. No obstante, se trataba de un proceso más consecuente y mejor elaborado teóricamente, en el que, dejando aparte el folclorismo fácil de la década anterior, investigó en las esencias de este lenguaje y sobre ellas construyó un nuevo discurso, “lejos del mimetismo servil de los tópicos”[1].

Para Marrero, los elementos válidos de la arquitectura canaria había que buscarlos en la arquitectura popular, de cuya sabiduría había que extraer las bases de la nueva arquitectura canaria. Los huecos, los porches, las terrazas, los patios, los poyos… y también el color, son los fundamentos sobre los que se basan la nueva arquitectura, que constituía la única alternativa que podría dar personalidad propia al panorama constructivo canario. Sus afirmaciones son claras en este sentido: “Debemos tomar de ellas la esencia y la perfección para crear nuestro carácter con nuestros medios”.

Al principio, el autor se movió en tres direcciones y sin prioridad: regionalismo, racionalismo y la arquitectura clásica, aunque años después renunciará a alguna de ellas. En el mismo año de su llegada a Tenerife (1933) proyecta su primera obra regionalista, aunque con un planteamiento difuso, si bien irá desvelando las claves de sus ideas con una cuidada sagacidad.

José Enrique Marrero Regalado (1956)

En la casa de Maximino Acea trazó un diseño sobre unos parámetros casticistas, entre los que incluyó una solución internacionalista, como es el cuerpo cilíndrico adosado al frente. Poco después proyectó la casa para Aurora Meléndez, en donde se aprecia el avance en expresiones como “los matices coloniales del país”. No se trata de edificios regionalistas en el sentido estricto, sino que introducen motivos canarios en un contexto más libre (balcón, alero, ventana, tejado), hasta que en 1933, en el proyecto de la casa de Francisco Trujillo, el lenguaje es más directo: la fachada es de tipo colonial modernizada, con un amplio balcón canario. En dicho año, además de impartir varias conferencias sobre el tema, publicó un texto considerado fundamental: “Expresión de la arquitectura en Tenerife” aparecido en el almanaque de la revista Hoy.

Como señala el profesor Darias, “ciertamente, Marrero no es mimético, como él mismo afirma. Se sirve de los elementos canarios para crear una nueva arquitectura, personal e individualizada. Llega incluso a plantear un eclecticismo que, en teoría, parece antagónico, como es la conjunción de lo vernáculo con lo internacional; en esto no hace sino seguir una tendencia europea que no desdeñaba la presencia de ciertas formas vernáculas en la nueva arquitectura, pero siempre como complemento y no como fin”[2].

El régimen franquista intentó promover una actitud ante la nueva arquitectura en Canarias, donde una parte de la burguesía había adoptado el regionalismo. Por su vinculación al régimen, Marrero, nombrado fiscal provincial de la vivienda, intentó poner freno a la ola de mal gusto y modernidad mal entendida que comenzaba a tener su impacto en la vivienda rural. Para ello dictó una normativa ofertando un repertorio que sirviera de modelo para futuras construcciones, que, en realidad, se trataba de una recopilación suprarregional en la que entroncaba modelos que nunca tuvieron relación con las islas y que eran prestados de otros medios. Algunas de algunas soluciones provenientes del Marruecos colonial español que, a su vez, habían ideado los franceses racionalizando, en los años veinte, el estilo “moresque” importado de Andalucía.

La contribución de Marrero Regalado fue muy considerable

El regionalismo no fue de uso exclusivo de Marrero. En los años treinta, Miguel Martín Fernández de la Torre, influido por su hermano Néstor, también proyectó algunas viviendas en el trozo de la rambla santacrucera conocida como Paseo de las Tinajas, aunque fueran casos incidentales.

Durante la posguerra, una buena parte de los arquitectos se lanzaron con plena  complacencia a la repetición: Rumeu, Felip Solá y, sobre todo, Tomás Machado. Éste, junto a Marrero, es el único con una aportación formal y tipológica realmente válida y consecuente. Sigue un planteamiento arqueologista, donde el edificio, a veces, se confecciona con un preciosismo que puede llegar a confundir, por su similitud con los modelos. Para él, como expuso en su proyecto del Hotel Mencey, el regionalismo canario significa la fidelidad a los patrones, aunque no siempre fue tan estricto con sus ideas. En una parte de su obra, sobre todo la de carácter rural, introduce elementos foráneos procedentes de otras fuentes.

Este lenguaje recibió su golpe de gracia en la sesión crítica que la “Revista de Arquitectura” (enero de 1953) celebró en la casa de Marrero Regalado. Cuando C. De Miguel inició el debate con una frase tan lapidaria como “la actual arquitectura canaria nos parece que le falta de modernidad, tanto como le sobra de falsa tradición”, apostillando que había ya demasiados balcones canarios; todos los arquitectos entonaron su propia culpabilidad, empezando por Marrero, seguido de Rumeu, mientras que Machado ni siquiera se manifestó. Sólo hubo una voz que intentó frenar aquel cúmulo de renuncias, Aznar, cuando dijo “no comprendo la fobia contra el balcón canario”, siendo contundentemente acallado por Picardo ante esta tímida defensa.

Esta sesión, sin embargo, no fue inútil. De ella salió una nueva generación (R. Henríquez) que daría un giro, actualizado y con ello, salvando la originalidad de la arquitectura canaria, aunque en un proceso distinto, punto de partida de una nueva etapa.

Entre los ejemplos de esta etapa citaremos la casa Cabrera Valdivia, situada en la esquina de las avenidas General Mola y Bélgica, en Santa Cruz de Tenerife. Se trata de un chalet regionalista, encargado por Manuel Cabrera Valdivia a Tomás Machado, quien firma el proyecto en 1941. La obra, finalizada en octubre de 1947, representa la culminación del regionalismo en la obra de Tomás Machado, a pesar de que es una de sus primeras obras. Machado prefiere la fidelidad a los modelos intemporales dentro de una mímesis arqueologista extraída del rico repertorio que él conocía en gran medida pero que fue poco a poco completando a base de una lenta recopilación gráfica. Si analizamos la casa, cada elemento denota una procedencia completa: el muro de cerramiento es una tapia con albardilla, propia de las haciendas rurales; la celosía procedente de los modelos palmeros; la puerta de cuarterones, una elaboración dieciochesca y el conjunto una aproximación a una hacienda rural.

Citaremos también la casa Hernández Suárez-Linda Tapada, vivienda unifamiliar tipo chalet proyectada en 1943 por el arquitecto Tomás Machado y Méndez de Lugo para la familia Hernández Suárez a medio camino entre los grupos residenciales de la Cruz del Señor y la Vuelta de los Pájaros.

Sobre una casa tradicional canaria asentada en ese lugar, zona de paso del camino que une Santa Cruz con La Laguna, Machado redactó un nuevo proyecto de evidente signo regionalista y con grandes connotaciones con la tipología tradicional de la arquitectura popular canaria. Manteniendo la vieja estructura de la antigua edificación se modificaron todas las dependencias con nuevos accesos y escaleras.

Se trata de una edificación de planta rectangular y dos niveles de altura. La entrada principal se realiza a través de un pórtico cubierto por donde se accede a las dependencias de planta baja, gran corredor techado y pérgola. En planta alta se distribuyen los dormitorios, sus dependencias y una gran terraza corredor en forma de “L”, que da al jardín y a la parte posterior. Lateralmente se dispone entrada de servicio y garaje. En la fachada principal se destacan el revestimiento de piedra, tanto en el zócalo como en las esquinas; los ventanucos con balaustres torneados en madera de tea y el balcón central con cerramiento de celosías y cojinetes en la parte inferior. Remata todo el conjunto una cubierta a cuatro aguas de teja árabe con pronunciados aleros. En la fachada al jardín se observan cuatro grandes arcos de medio punto, revestidos con antepechos de balaustres torneados y zócalo de piedra. En la planta alta posee una gran terraza con balaustrada de madera y cojinetes.

En cuanto a la arquitectura oficial de la posguerra en Santa Cruz de Tenerife, citaremos, entre otros ejemplos, los siguientes:

Gobierno civil

Obra del arquitecto Domingo Pisaca y Burgada. La fachada principal es sobre Méndez Núñez. Se distinguen tres paños. Destaca el central, siendo el acceso al edificio, con un pórtico de tres vanos de doble altura con arco de medio punto. En el segundo nivel presenta una balaustrada continua a la que dan tres vanos rectangulares alineados con los vanos inferiores. Los paños laterales de esta fachada presentan en planta baja una ventana con arco superior de medio punto y balaustrada y en el primer nivel un vano rectangular, similar a los del paño central, da a un balcón volado con balaustrada de herrería.

La fachada lateral, sobre Viera y Clavijo, presenta similar composición que los laterales de la fachada principal: vanos de arco de medio punto en planta baja, con moldura perimetral -aquí con ventana rectangular inferior inserta en el basamento-; y en el primer nivel, alineados con anteriores, vanos de ventana rectangulares con pilastras laterales molduradas y frontón superior triangular.

Domingo Pisaca y Burgada. Gobierno Civil de Santa Cruz de Tenerife

Comandancia de Marina

Edificio neoracionalista de finales de los años 30. Vivienda unifamiliar de tres plantas, destacando en el cuerpo izquierdo las ventanas circulares y la puerta de cantería dintelada. El cuerpo derecho rematado en ventanales, destaca por su balconada abierta con pies derechos. Marrero Regalado llevó la dirección de obra. Después la siguió Tomás Machado, actuando como aparejador Joaquín Amigó.

Se trata de un edificio de planta rectangular. Un pasillo central sobre el eje organiza el interior con habitaciones a ambos lados, remata con un volumen curvo de tres niveles que aloja la caja de escaleras y es acceso a la terraza de azotea. Destaca una franja horizontal de ventana. La fachada principal, simétrica, presenta en planta baja una galería porticada con arcos de medio punto, que en el segundo nivel constituye la terraza techada con baranda de hierro forjado siguiendo el estilo barco. En sus laterales, dos cuerpos planos de dos niveles con franja central hueca de ventanas. Variados detalles de alegoría naval: ventanas circulares, franjas continuas horizontales de ventana, barandas metálicas y la misma volumetría.

La gradería de acceso precede al edificio en la fachada principal. Como elemento de referencia fundamental el escudo del régimen anterior. Elementos de Interés: Carpinterías, balcones y losas en voladizo, barandas y columnas de hierro. Tiene jardín perimetral, elementos lígneos en la decoración interior y mobiliario de época. 

Marrero Regalado. Comandancia de Marina de Santa Cruz de Tenerife

Pabellón de Prácticos

Edificación destinada a albergar un Pabellón de Prácticos en el Puerto de Santa Cruz de Tenerife, proyectado en colaboración entre el arquitecto Tomás Machado y Méndez Fernández de Lugo y el ingeniero Miguel Pintor González, en el año 1947. Se trata de una construcción elaborada bajo pautas circunscritas a la estética racionalista, estilo no muy frecuentado en su carrera profesional por el arquitecto autor del proyecto. El edificio se ubica dentro de las instalaciones portuarias, a una cierta altura sobre el nivel del mar y muy cerca de la bocana del puerto, desde donde se dominaba una amplia panorámica de todos los muelles del recinto portuario. La edificación se levanta figurando e imitando la forma de un gran puente de mandos de una embarcación.

Edificación construida sobre una planta en forma de herradura, donde la curvatura se localiza en el flanco que mira hacia el puerto, es ahí donde se encuentra la fachada principal compuesta por un basamento del que se desprende una escalera que dirige a una galería que produce un profundo hueco en la composición. Los vanos que se abren al exterior se combinan en formas rectangulares con otros a manera de ojos de buey. El edificio cuenta con una gran azotea sobre la que se levanta un mirador.

Tomás Machado-Miguel Pintor. Pabellón de Prácticos

Correos y Telégrafos

El edificio de Correos y Telégrafos se alza en el solar del antiguo edificio de aduanas. Fue proyectado por 1941 Luis Lozano Losilla. Inmueble de aspecto monumental y marcada verticalidad pues está ubicado en una zona de cierta relevancia arquitectónica, ya que en ella se elevan monumentos y construcciones como el Cabildo o Círculo Mercantil. El edificio presenta un diseño similar al Cabildo Insular, de aspecto monumental y de marcada verticalidad.

Exteriormente, y en sentido piramidal, está dividido en tres cuerpos diferentes: el primero, de cantería natural, está formado por la puerta dintelada, y dos laterales, una privada para las viviendas y otras para pasar al resto de las dependencias; en el segundo, pilares adosados, pareados a ambos lados de la puerta; en los intercolumnios se agrupan dos series de vanos. En el tercero se abre un cuerpo de ventanas sobre una cornisa quebrada. Sobre la fachada principal se levanta un cuarto módulo de columnas entre pilares angulares que intenta dotar de ligereza al carácter macizo del conjunto. En el interior, los edificios se articulan en torno a un patio central. 

Luis Lozano. Correos y Telégrafos (derecha). Santa Cruz de Tenerife

Anexo Cabildo Insular (antigua Hacienda)

El edificio de Hacienda forma parte del conjunto del Cabildo Insular, sólo separado por un pasillo. El proyecto lo diseño José Enrique Marrero Regalado como una prolongación del Cabildo. Su promoción fue posterior y se concluyó en 1947. Presenta una planta rectangular y torres que sobresalen una altura en las esquinas. Como en el edificio del Cabildo se utiliza la cantería natural en el primer piso y artificial en los restantes. La fachada está articulada siguiendo el esquema de la Corporación Insular, es decir, como un edificio monumental, de líneas sencillas y sobrias, así destaca un primer cuerpo de vanos dintelados, un segundo de columnas gigantes de orden toscano y en los intercolumnios vanos dintelados y un remate de balaustres.

Sigue el mismo esquema compositivo del edificio del Cabildo Insular. Posee planta de forma rectangular y en cada vértice tiene una torre que sobresale una altura. La composición de la fachada tiene un esquema tradicional, a partir de un basamento, un doble orden y remate a modo de balaustre.

Marrero Regalado. Anexo Cabildo Insular. Santa Cruz de Tenerife

Colegio Fray Albino

Proyecto ejecutado en solo un año, obra del arquitecto José Blasco Robles, por encargo del entonces gobernador civil, Sergio Orbaneja. El acta de recepción del edificio está fechada el 19 de julio de 1939, en este edificio se construyeron tres rectángulos, uno central cuyo lado mayor da fachada hacia la Rambla y en cuyo centro existe un cuerpo de escaleras exento a modo de chaflán curvo. Este, y la galería ocupan la primera crujía y a continuación se sitúan las aulas, los otros dos cuerpos, a ambos lados de éste y en dirección perpendicular respecto a él repiten el uso. 

José Blasco. Colegio “Fray Albino”. Santa Cruz de Tenerife

Bibliografía (incluidos los capítulos precedentes referidos a la arquitectura en Canarias, publicados en esta misma sección)

– Castro Morales, Federico y Hernández Gutiérrez, A. Sebastián. Arte contemporáneo. La modernidad en Canarias. Col. “La biblioteca canaria”. Centro de la Cultura Popular Canaria. Santa Cruz de Tenerife, 1992.
– Darias Príncipe, Alberto. Arquitectura y arquitectos en las Canarias Occidentales (1874-1931). Caja General de Ahorros de Canarias. Santa Cruz de Tenerife, 1985.
  Santa Cruz de Tenerife. Ciudad, arquitectura y memoria histórica (1500-1981). Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife. Santa Cruz de Tenerife,       2004.
– Galante Gómez, Francisco. Historia crítico-descriptiva de la arquitectura en Canarias. Consejería de Educación del Gobierno de Canarias. La Laguna, 1987.
– Hernández Gutiérrez, Sebastián A. Vanguardias arquitectónicas y últimas tendencias. En Gran Enciclopedia del Arte en Canarias. Centro de la Cultura Popular Canaria. Santa Cruz de Tenerife, 1998.
– Navarro Segura, María Isabel. Arquitectura del Mando Económico en Canarias (1941-46). La posguerra en el Archipiélago. ACT. Cabildo Insular de Tenerife. Santa Cruz de Tenerife, 1982.
Racionalismo en Canarias.  ACT. Cabildo Insular de Tenerife. Santa Cruz de Tenerife, 1988.
Eduardo Westerdhal y la construcción de Canarias como entidad espacial. En gaceta de arte y su época. 1932-1936. Centro Atlántico de Arte Moderno. Santa Cruz de Tenerife, 1997.
Eduardo Westerdhal y Alberto Sartoris. Correspondencia (1933-1983). Una maquinaria de acción. Dos tomos. Cabildo Insular de Tenerife. Santa Cruz de Tenerife, 2006.
– Rodríguez Gutiérrez, Pedro. La arquitectura oficial del siglo XX en Santa Cruz de Tenerife. Colegio Oficial de Aparejadores y Arquitectos Técnicos de Santa Cruz de Tenerife, 1986.
– Rodríguez Martín, José Ángel. Comisaría de Abastecimientos y Transportes. En Gran Enciclopedia Canaria. Tomo IV. Ediciones Canarias. Santa Cruz de Tenerife, 1994.

Fotografías: Fondo Alberto Darias (blanco y negro) y Juan Carlos Díaz Lorenzo (color)


[1] Darias Príncipe, Alberto. Arquitectura y arquitectos en las Canarias Occidentales (1874-1931). Santa Cruz de Tenerife, 1985. Y en  Santa Cruz de Tenerife. Ciudad, arquitectura y memoria histórica (1500-1981),Santa Cruz de Tenerife,  2004.

[2] Op. cit.

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Juan Carlos Díaz Lorenzo. Licenciado en Historia del Arte por la Universidad de Santiago de Compostela

El cambio experimentado por la arquitectura desde el momento en que se incorporó el Estilo Internacional fue radical. A partir de entonces comenzó una etapa en la que se asumieron nuevos conceptos de diseño, espaciales y materiales, y también se tuvieron en cuenta  factores sociológicos e higiénicos, de forma que desde el momento en que se produjo la aceptación del nuevo lenguaje, se entró de lleno en la ideología de renovación que marcó la estética del siglo XX.

Con el Estilo Internacional, Canarias retomó el camino de la renovación cultural, después del desfase y aislamiento en el que se había sumido la arquitectura posterior a la Primera Guerra Mundial. Nacido como reacción al academicismo, aporta una coherencia estilística que durante años ofreció lucidez y sirvió de fundamento a la renovación arquitectónica de la época actual.

En el caso de Canarias, a partir de 1927, año en el que apareció el racionalismo, marcó el punto de partida para el desarrollo de una arquitectura que era consecuencia, precisamente, de su incorporación a la órbita del Movimiento Moderno. Tanto el racionalismo como el internacionalismo, la arquitectura de la autarquía o el posmodernismo, son corrientes arquitectónicas venidas de fuera. “De este modo la inferioridad, aparente, de las acciones pasadas quedaba olvidada a la vez que se superaban las trabas cronológicas que en buena medida habían sido las culpables de nuestro retraso”[1].

El estudio de la arquitectura en Canarias en el período comprendido en las décadas de los años treinta y cincuenta del siglo XX se sitúa en un espacio de tiempo que ha conocido cambios antagónicos, tanto desde el punto de vista político como económico, concretado en tres fases muy significativas: la dictadura de Primo de Rivera, la Segunda República y la primera etapa del franquismo. Debemos tener presente, asimismo, algunos hechos políticos y sociales que afectan específicamente con el archipiélago, como son la división provincial (1927), la ascensión económica y social registrada durante la Segunda República y la involución que representó el golpe de estado de julio de 1936, así como el protagonismo del Mando Económico.

En lo que al diseño arquitectónico se refiere, en 1927 se estaba desarrollando en un trasfondo de desconcierto e inseguridad, hecho que se aprecia en las dos capitales canarias, de modo que, en opinión del profesor Darias Príncipe, “el sentimiento de autocomplacencia del ciudadano y la autosuficiencia de los gestores urbanos no daba a pie a sospechar que apenas tres años después en el panorama constructivo se debatiría con auténtica virulencia el camino a seguir en el futuro”[2].

Remitiéndonos a la realidad de los hechos, en cuanto a las actuaciones de los principales arquitectos del momento, encontramos que figuras como Miguel Martín Fernández de la Torre se desenvolvía en un casticismo que le llevaría a madurar el modelo racionalista que esbozaría a partir de 1928 en los trazos de la Casa Machín, en Las Palmas.

Antonio Pintor se mostraba indeciso entre emular a Domingo Pisaca o afrontar el nuevo camino que llamó arquitectura racional, a la que no alcanzó a comprender. Eladio Laredo teorizaba sobre un regionalismo canario que cuando llegó el momento de afrontarlo en la práctica, acabó sustituyéndolo por la solución fácil del clasicismo.

El arquitecto palmero Pelayo López y Martín Romero oscilaba entre ese mismo regionalismo y el abandono de los planteamientos estéticos por la atracción de las nuevas posibilidades que las técnicas constructivas ofrecían. Otilio Arroyo, con sus preocupaciones sociales de por medio y más interesado en su trabajo en la oficina técnica municipal, dejó a un lado al comitente adinerado para satisfacer, con un involucionismo injustificado, a las clases con menor poder adquisitivo, y Domingo Pisaca, el gran triunfador del momento, intentaba igualmente  una solución para un lenguaje arquitectónico que no ofrecía ya más posibilidades.

Domingo Pisaca y Burgada. Hogar Escuela de Santa Cruz de Tenerife

“Nunca en tan poco tiempo –subraya el profesor Darias- los arquitectos habían barajado respuestas tan diferentes que van desde el clasicismo que Menéndez Pidal y Yarnoz Larrosa emplearían en el Banco de España, a los tres espléndidos colegios que trazara Rodrigo Poggio Lobón considerados como un toque de atención de la pragmática racionalidad constructiva y no estilística, que la nueva construcción estaba experimentando. Mientras tanto el Ayuntamiento seguía coaccionando a técnicos y promotores para lograr una arquitectura enfática, en aras de conseguir el decoro de la ciudad”[3].

Los arquitectos del momento estaban convencidos de que la arquitectura necesitaba una renovación completa, y a excepción de la respuesta, fuera de contexto, de Pelayo López con el regionalismo de la casa Morán, todos estaban de acuerdo en que el camino seguir era el de la simplificación en las formas. De ahí que los primeros tanteos de la situación discurran en dos direcciones: el art decó y un expresionismo timorato. Pintor llegó a pontificar con motivo de la edificación de la Casa Machado, pero hacía falta contar con una convicción de la que él, como miembro de una generación que cerraba un ciclo, no poseía. De hecho, “después de este acto de honesta intención” regresó al eclecticismo en la Casa Ledesma e incluso evolucionó hacia derroteros más reflexivos cuando trazó el edificio que en la actualidad ocupa la Consejería de Sanidad, en la capital tinerfeña.

Posiblemente, el más perspicaz de todos fue Domingo Pisaca, quien, apoyándose en el art decó, cribó su obra hasta quedarse en las puertas del racionalismo como apreciamos en el caso de la casa Buchle. Miguel Martín se vio obligado a disfrazar su primera obra racionalista en Tenerife, el Casino Principal, con ropajes de un eclecticismo enfático en el que respondía al deseo de los miembros de la sociedad.

Miguel Martín Fernández de la Torre. Casino Principal de Tenerife

Con frecuencia se considera que el triunfo del Estilo Internacional significó el final de una etapa en el diseño arquitectónico, y abrió las puertas a un nuevo sentido estético que rechazaba el arte como acumulación de valores históricos, basando su praxis artística en la rigurosa coherencia formal. Aunque es verdad la aparición de este cambio de gusto a partir de un determinado momento, también es cierto que la tradición ecléctica pervivió y provocó que ambas soluciones convivieran conjuntamente.

En Canarias, el proceso de introducción del Estilo Internacional fue lento. Los primeros síntomas de esta evolución se aprecian en los trazos de Miguel Martín Fernández de la Torre para la casa Machín (1926). En el caso de Santa Cruz de Tenerife, no sería un arquitecto de la nueva generación quien provocaría la ruptura, sino el autor que más se identificaba con el eclecticismo.

Antonio Pintor elaboró el primer manifiesto de que denominaría arquitectura racional. El proyecto de la casa Machado (1928), en la calle Robayna de la capital tinerfeña, se planteó como una aproximación al tema cuando ya existía una clara conciencia de lo que se quería, aunque los resultados no fueran los esperados. Para llegar al nuevo lenguaje, Pintor se apoyó en las revistas de la época, que desde 1924 venían informando puntualmente de estos ámbitos y técnicas.

El cambio se produjo cuando Miguel Martín Fernández de la Torre trazó los planos de la fábrica de tabacos “La Belleza”, causando un gran estupor entre sus contemporáneos, hasta el extremo de que cuando en 1931 Rosa Palazón solicitó licencia de construcción para una nueva casa en la calle del Castillo, el debate adquirió una enorme virulencia, momento en el que las posturas se definieron con mayor claridad. El edificio Palazón, en sí, en bastante insustancial, pero detrás se escondía la polémica dialéctica sobre el racionalismo.

Antonio Pintor. Sede de la Consejería de Sanidad del Gobierno de Canarias

En el rumbo marcado por Miguel Martín Fernández de la Torre, pronto se vio arropado por otros compañeros que siguieron el mismo camino, como Blasco (1931), Pelayo López (1931) y Domingo Pisaca (1932). E incluso Antonio Pintor, en los últimos años de su carrera profesional, hizo también algunos experimentos aunque más bien tuvieran un carácter incidental.

Al mismo tiempo, el público también se fue implicando, aunque con lentitud, en el proceso, sobre todo a través de las exposiciones promovidas por entidades tan acreditadas como el Círculo de Bellas Artes, destacando, especialmente, aquella en la que se expuso la obra de Miguel Martín Fernández de la Torre. La prensa local también participó en esta controversia, haciéndolo en ocasiones con claridad, contundencia y dureza.

Entre todos destacó la labor divulgativa llevaba a cabo por la revista gaceta de arte. Desde la publicación de su primer número publicó, en primera página, un artículo sobre el nuevo lenguaje, que encontró su espacio vital en sus múltiples manifiestos y en los artículos de fondo. Aunque Blasco fue el encargado de la sección de arquitectura, los escritos sobre el tema se deben a Eduardo Westerdhal y a Pedro García Cabrera. El primero lo hacía desde un planteamiento de tipo estético, mientras que el segundo se centraba en preocupaciones de índole social. Sin embargo, lo más destacado de la publicación fue su vertiente internacionalista, lograda a través de los colaboradores, pues muchos de ellos (Le Corbusier, Alberto Sartoris, Ernst May Hilberseiner…) eran protagonistas en primera persona de las nuevas experiencias.

Fotos: Juan Carlos Díaz Lorenzo


[1] Hernández Gutiérrez, Sebastián A. Vanguardias arquitectónicas y últimas tendencias. En Gran Enciclopedia del Arte en Canarias. Centro de la Cultura Popular Canaria. Santa Cruz de Tenerife, 1998.

[2] Darias Príncipe, Alberto. Santa Cruz de Tenerife. Ciudad, arquitectura y memoria histórica (1500-1981). Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife. Santa Cruz de Tenerife, 2004.

[3] Op. cit.