Juan Carlos Díaz Lorenzo. Licenciado en Historia del Arte por la Universidad de Santiago de Compostela

Pasado un tiempo en el que el debate regionalista quedó interrumpido, en 1932 hizo su aparición el arquitecto que protagonizaría el triunfo del revitalismo canario. El 15 de septiembre del citado año, José Enrique Marrero Regalado, publicó un artículo en el periódico La Tarde con un título bien explícito: “Hacia el estilo arquitectónico regional”, donde retomó la defensa del tema. No obstante, se trataba de un proceso más consecuente y mejor elaborado teóricamente, en el que, dejando aparte el folclorismo fácil de la década anterior, investigó en las esencias de este lenguaje y sobre ellas construyó un nuevo discurso, “lejos del mimetismo servil de los tópicos”[1].

Para Marrero, los elementos válidos de la arquitectura canaria había que buscarlos en la arquitectura popular, de cuya sabiduría había que extraer las bases de la nueva arquitectura canaria. Los huecos, los porches, las terrazas, los patios, los poyos… y también el color, son los fundamentos sobre los que se basan la nueva arquitectura, que constituía la única alternativa que podría dar personalidad propia al panorama constructivo canario. Sus afirmaciones son claras en este sentido: “Debemos tomar de ellas la esencia y la perfección para crear nuestro carácter con nuestros medios”.

Al principio, el autor se movió en tres direcciones y sin prioridad: regionalismo, racionalismo y la arquitectura clásica, aunque años después renunciará a alguna de ellas. En el mismo año de su llegada a Tenerife (1933) proyecta su primera obra regionalista, aunque con un planteamiento difuso, si bien irá desvelando las claves de sus ideas con una cuidada sagacidad.

José Enrique Marrero Regalado (1956)

En la casa de Maximino Acea trazó un diseño sobre unos parámetros casticistas, entre los que incluyó una solución internacionalista, como es el cuerpo cilíndrico adosado al frente. Poco después proyectó la casa para Aurora Meléndez, en donde se aprecia el avance en expresiones como “los matices coloniales del país”. No se trata de edificios regionalistas en el sentido estricto, sino que introducen motivos canarios en un contexto más libre (balcón, alero, ventana, tejado), hasta que en 1933, en el proyecto de la casa de Francisco Trujillo, el lenguaje es más directo: la fachada es de tipo colonial modernizada, con un amplio balcón canario. En dicho año, además de impartir varias conferencias sobre el tema, publicó un texto considerado fundamental: “Expresión de la arquitectura en Tenerife” aparecido en el almanaque de la revista Hoy.

Como señala el profesor Darias, “ciertamente, Marrero no es mimético, como él mismo afirma. Se sirve de los elementos canarios para crear una nueva arquitectura, personal e individualizada. Llega incluso a plantear un eclecticismo que, en teoría, parece antagónico, como es la conjunción de lo vernáculo con lo internacional; en esto no hace sino seguir una tendencia europea que no desdeñaba la presencia de ciertas formas vernáculas en la nueva arquitectura, pero siempre como complemento y no como fin”[2].

El régimen franquista intentó promover una actitud ante la nueva arquitectura en Canarias, donde una parte de la burguesía había adoptado el regionalismo. Por su vinculación al régimen, Marrero, nombrado fiscal provincial de la vivienda, intentó poner freno a la ola de mal gusto y modernidad mal entendida que comenzaba a tener su impacto en la vivienda rural. Para ello dictó una normativa ofertando un repertorio que sirviera de modelo para futuras construcciones, que, en realidad, se trataba de una recopilación suprarregional en la que entroncaba modelos que nunca tuvieron relación con las islas y que eran prestados de otros medios. Algunas de algunas soluciones provenientes del Marruecos colonial español que, a su vez, habían ideado los franceses racionalizando, en los años veinte, el estilo “moresque” importado de Andalucía.

La contribución de Marrero Regalado fue muy considerable

El regionalismo no fue de uso exclusivo de Marrero. En los años treinta, Miguel Martín Fernández de la Torre, influido por su hermano Néstor, también proyectó algunas viviendas en el trozo de la rambla santacrucera conocida como Paseo de las Tinajas, aunque fueran casos incidentales.

Durante la posguerra, una buena parte de los arquitectos se lanzaron con plena  complacencia a la repetición: Rumeu, Felip Solá y, sobre todo, Tomás Machado. Éste, junto a Marrero, es el único con una aportación formal y tipológica realmente válida y consecuente. Sigue un planteamiento arqueologista, donde el edificio, a veces, se confecciona con un preciosismo que puede llegar a confundir, por su similitud con los modelos. Para él, como expuso en su proyecto del Hotel Mencey, el regionalismo canario significa la fidelidad a los patrones, aunque no siempre fue tan estricto con sus ideas. En una parte de su obra, sobre todo la de carácter rural, introduce elementos foráneos procedentes de otras fuentes.

Este lenguaje recibió su golpe de gracia en la sesión crítica que la “Revista de Arquitectura” (enero de 1953) celebró en la casa de Marrero Regalado. Cuando C. De Miguel inició el debate con una frase tan lapidaria como “la actual arquitectura canaria nos parece que le falta de modernidad, tanto como le sobra de falsa tradición”, apostillando que había ya demasiados balcones canarios; todos los arquitectos entonaron su propia culpabilidad, empezando por Marrero, seguido de Rumeu, mientras que Machado ni siquiera se manifestó. Sólo hubo una voz que intentó frenar aquel cúmulo de renuncias, Aznar, cuando dijo “no comprendo la fobia contra el balcón canario”, siendo contundentemente acallado por Picardo ante esta tímida defensa.

Esta sesión, sin embargo, no fue inútil. De ella salió una nueva generación (R. Henríquez) que daría un giro, actualizado y con ello, salvando la originalidad de la arquitectura canaria, aunque en un proceso distinto, punto de partida de una nueva etapa.

Entre los ejemplos de esta etapa citaremos la casa Cabrera Valdivia, situada en la esquina de las avenidas General Mola y Bélgica, en Santa Cruz de Tenerife. Se trata de un chalet regionalista, encargado por Manuel Cabrera Valdivia a Tomás Machado, quien firma el proyecto en 1941. La obra, finalizada en octubre de 1947, representa la culminación del regionalismo en la obra de Tomás Machado, a pesar de que es una de sus primeras obras. Machado prefiere la fidelidad a los modelos intemporales dentro de una mímesis arqueologista extraída del rico repertorio que él conocía en gran medida pero que fue poco a poco completando a base de una lenta recopilación gráfica. Si analizamos la casa, cada elemento denota una procedencia completa: el muro de cerramiento es una tapia con albardilla, propia de las haciendas rurales; la celosía procedente de los modelos palmeros; la puerta de cuarterones, una elaboración dieciochesca y el conjunto una aproximación a una hacienda rural.

Citaremos también la casa Hernández Suárez-Linda Tapada, vivienda unifamiliar tipo chalet proyectada en 1943 por el arquitecto Tomás Machado y Méndez de Lugo para la familia Hernández Suárez a medio camino entre los grupos residenciales de la Cruz del Señor y la Vuelta de los Pájaros.

Sobre una casa tradicional canaria asentada en ese lugar, zona de paso del camino que une Santa Cruz con La Laguna, Machado redactó un nuevo proyecto de evidente signo regionalista y con grandes connotaciones con la tipología tradicional de la arquitectura popular canaria. Manteniendo la vieja estructura de la antigua edificación se modificaron todas las dependencias con nuevos accesos y escaleras.

Se trata de una edificación de planta rectangular y dos niveles de altura. La entrada principal se realiza a través de un pórtico cubierto por donde se accede a las dependencias de planta baja, gran corredor techado y pérgola. En planta alta se distribuyen los dormitorios, sus dependencias y una gran terraza corredor en forma de “L”, que da al jardín y a la parte posterior. Lateralmente se dispone entrada de servicio y garaje. En la fachada principal se destacan el revestimiento de piedra, tanto en el zócalo como en las esquinas; los ventanucos con balaustres torneados en madera de tea y el balcón central con cerramiento de celosías y cojinetes en la parte inferior. Remata todo el conjunto una cubierta a cuatro aguas de teja árabe con pronunciados aleros. En la fachada al jardín se observan cuatro grandes arcos de medio punto, revestidos con antepechos de balaustres torneados y zócalo de piedra. En la planta alta posee una gran terraza con balaustrada de madera y cojinetes.

En cuanto a la arquitectura oficial de la posguerra en Santa Cruz de Tenerife, citaremos, entre otros ejemplos, los siguientes:

Gobierno civil

Obra del arquitecto Domingo Pisaca y Burgada. La fachada principal es sobre Méndez Núñez. Se distinguen tres paños. Destaca el central, siendo el acceso al edificio, con un pórtico de tres vanos de doble altura con arco de medio punto. En el segundo nivel presenta una balaustrada continua a la que dan tres vanos rectangulares alineados con los vanos inferiores. Los paños laterales de esta fachada presentan en planta baja una ventana con arco superior de medio punto y balaustrada y en el primer nivel un vano rectangular, similar a los del paño central, da a un balcón volado con balaustrada de herrería.

La fachada lateral, sobre Viera y Clavijo, presenta similar composición que los laterales de la fachada principal: vanos de arco de medio punto en planta baja, con moldura perimetral -aquí con ventana rectangular inferior inserta en el basamento-; y en el primer nivel, alineados con anteriores, vanos de ventana rectangulares con pilastras laterales molduradas y frontón superior triangular.

Domingo Pisaca y Burgada. Gobierno Civil de Santa Cruz de Tenerife

Comandancia de Marina

Edificio neoracionalista de finales de los años 30. Vivienda unifamiliar de tres plantas, destacando en el cuerpo izquierdo las ventanas circulares y la puerta de cantería dintelada. El cuerpo derecho rematado en ventanales, destaca por su balconada abierta con pies derechos. Marrero Regalado llevó la dirección de obra. Después la siguió Tomás Machado, actuando como aparejador Joaquín Amigó.

Se trata de un edificio de planta rectangular. Un pasillo central sobre el eje organiza el interior con habitaciones a ambos lados, remata con un volumen curvo de tres niveles que aloja la caja de escaleras y es acceso a la terraza de azotea. Destaca una franja horizontal de ventana. La fachada principal, simétrica, presenta en planta baja una galería porticada con arcos de medio punto, que en el segundo nivel constituye la terraza techada con baranda de hierro forjado siguiendo el estilo barco. En sus laterales, dos cuerpos planos de dos niveles con franja central hueca de ventanas. Variados detalles de alegoría naval: ventanas circulares, franjas continuas horizontales de ventana, barandas metálicas y la misma volumetría.

La gradería de acceso precede al edificio en la fachada principal. Como elemento de referencia fundamental el escudo del régimen anterior. Elementos de Interés: Carpinterías, balcones y losas en voladizo, barandas y columnas de hierro. Tiene jardín perimetral, elementos lígneos en la decoración interior y mobiliario de época. 

Marrero Regalado. Comandancia de Marina de Santa Cruz de Tenerife

Pabellón de Prácticos

Edificación destinada a albergar un Pabellón de Prácticos en el Puerto de Santa Cruz de Tenerife, proyectado en colaboración entre el arquitecto Tomás Machado y Méndez Fernández de Lugo y el ingeniero Miguel Pintor González, en el año 1947. Se trata de una construcción elaborada bajo pautas circunscritas a la estética racionalista, estilo no muy frecuentado en su carrera profesional por el arquitecto autor del proyecto. El edificio se ubica dentro de las instalaciones portuarias, a una cierta altura sobre el nivel del mar y muy cerca de la bocana del puerto, desde donde se dominaba una amplia panorámica de todos los muelles del recinto portuario. La edificación se levanta figurando e imitando la forma de un gran puente de mandos de una embarcación.

Edificación construida sobre una planta en forma de herradura, donde la curvatura se localiza en el flanco que mira hacia el puerto, es ahí donde se encuentra la fachada principal compuesta por un basamento del que se desprende una escalera que dirige a una galería que produce un profundo hueco en la composición. Los vanos que se abren al exterior se combinan en formas rectangulares con otros a manera de ojos de buey. El edificio cuenta con una gran azotea sobre la que se levanta un mirador.

Tomás Machado-Miguel Pintor. Pabellón de Prácticos

Correos y Telégrafos

El edificio de Correos y Telégrafos se alza en el solar del antiguo edificio de aduanas. Fue proyectado por 1941 Luis Lozano Losilla. Inmueble de aspecto monumental y marcada verticalidad pues está ubicado en una zona de cierta relevancia arquitectónica, ya que en ella se elevan monumentos y construcciones como el Cabildo o Círculo Mercantil. El edificio presenta un diseño similar al Cabildo Insular, de aspecto monumental y de marcada verticalidad.

Exteriormente, y en sentido piramidal, está dividido en tres cuerpos diferentes: el primero, de cantería natural, está formado por la puerta dintelada, y dos laterales, una privada para las viviendas y otras para pasar al resto de las dependencias; en el segundo, pilares adosados, pareados a ambos lados de la puerta; en los intercolumnios se agrupan dos series de vanos. En el tercero se abre un cuerpo de ventanas sobre una cornisa quebrada. Sobre la fachada principal se levanta un cuarto módulo de columnas entre pilares angulares que intenta dotar de ligereza al carácter macizo del conjunto. En el interior, los edificios se articulan en torno a un patio central. 

Luis Lozano. Correos y Telégrafos (derecha). Santa Cruz de Tenerife

Anexo Cabildo Insular (antigua Hacienda)

El edificio de Hacienda forma parte del conjunto del Cabildo Insular, sólo separado por un pasillo. El proyecto lo diseño José Enrique Marrero Regalado como una prolongación del Cabildo. Su promoción fue posterior y se concluyó en 1947. Presenta una planta rectangular y torres que sobresalen una altura en las esquinas. Como en el edificio del Cabildo se utiliza la cantería natural en el primer piso y artificial en los restantes. La fachada está articulada siguiendo el esquema de la Corporación Insular, es decir, como un edificio monumental, de líneas sencillas y sobrias, así destaca un primer cuerpo de vanos dintelados, un segundo de columnas gigantes de orden toscano y en los intercolumnios vanos dintelados y un remate de balaustres.

Sigue el mismo esquema compositivo del edificio del Cabildo Insular. Posee planta de forma rectangular y en cada vértice tiene una torre que sobresale una altura. La composición de la fachada tiene un esquema tradicional, a partir de un basamento, un doble orden y remate a modo de balaustre.

Marrero Regalado. Anexo Cabildo Insular. Santa Cruz de Tenerife

Colegio Fray Albino

Proyecto ejecutado en solo un año, obra del arquitecto José Blasco Robles, por encargo del entonces gobernador civil, Sergio Orbaneja. El acta de recepción del edificio está fechada el 19 de julio de 1939, en este edificio se construyeron tres rectángulos, uno central cuyo lado mayor da fachada hacia la Rambla y en cuyo centro existe un cuerpo de escaleras exento a modo de chaflán curvo. Este, y la galería ocupan la primera crujía y a continuación se sitúan las aulas, los otros dos cuerpos, a ambos lados de éste y en dirección perpendicular respecto a él repiten el uso. 

José Blasco. Colegio “Fray Albino”. Santa Cruz de Tenerife

Bibliografía (incluidos los capítulos precedentes referidos a la arquitectura en Canarias, publicados en esta misma sección)

– Castro Morales, Federico y Hernández Gutiérrez, A. Sebastián. Arte contemporáneo. La modernidad en Canarias. Col. “La biblioteca canaria”. Centro de la Cultura Popular Canaria. Santa Cruz de Tenerife, 1992.
– Darias Príncipe, Alberto. Arquitectura y arquitectos en las Canarias Occidentales (1874-1931). Caja General de Ahorros de Canarias. Santa Cruz de Tenerife, 1985.
  Santa Cruz de Tenerife. Ciudad, arquitectura y memoria histórica (1500-1981). Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife. Santa Cruz de Tenerife,       2004.
– Galante Gómez, Francisco. Historia crítico-descriptiva de la arquitectura en Canarias. Consejería de Educación del Gobierno de Canarias. La Laguna, 1987.
– Hernández Gutiérrez, Sebastián A. Vanguardias arquitectónicas y últimas tendencias. En Gran Enciclopedia del Arte en Canarias. Centro de la Cultura Popular Canaria. Santa Cruz de Tenerife, 1998.
– Navarro Segura, María Isabel. Arquitectura del Mando Económico en Canarias (1941-46). La posguerra en el Archipiélago. ACT. Cabildo Insular de Tenerife. Santa Cruz de Tenerife, 1982.
Racionalismo en Canarias.  ACT. Cabildo Insular de Tenerife. Santa Cruz de Tenerife, 1988.
Eduardo Westerdhal y la construcción de Canarias como entidad espacial. En gaceta de arte y su época. 1932-1936. Centro Atlántico de Arte Moderno. Santa Cruz de Tenerife, 1997.
Eduardo Westerdhal y Alberto Sartoris. Correspondencia (1933-1983). Una maquinaria de acción. Dos tomos. Cabildo Insular de Tenerife. Santa Cruz de Tenerife, 2006.
– Rodríguez Gutiérrez, Pedro. La arquitectura oficial del siglo XX en Santa Cruz de Tenerife. Colegio Oficial de Aparejadores y Arquitectos Técnicos de Santa Cruz de Tenerife, 1986.
– Rodríguez Martín, José Ángel. Comisaría de Abastecimientos y Transportes. En Gran Enciclopedia Canaria. Tomo IV. Ediciones Canarias. Santa Cruz de Tenerife, 1994.

Fotografías: Fondo Alberto Darias (blanco y negro) y Juan Carlos Díaz Lorenzo (color)


[1] Darias Príncipe, Alberto. Arquitectura y arquitectos en las Canarias Occidentales (1874-1931). Santa Cruz de Tenerife, 1985. Y en  Santa Cruz de Tenerife. Ciudad, arquitectura y memoria histórica (1500-1981),Santa Cruz de Tenerife,  2004.

[2] Op. cit.

Anuncios

Juan Carlos Díaz Lorenzo. Licenciado en Historia del Arte por la Universidad de Santiago de Compostela.

La figura más importante del racionalismo en Canarias es el arquitecto grancanario Miguel Martín Fernández de la Torre (1894-1980). Al terminar su carrera en 1918, que repartió entre Barcelona y Madrid, trabajó durante los primeros años colaborando con Secundino Zuazo en su estudio de la capital española, donde conoció de cerca de la generación del 25.

En 1922, su antiguo compañero de estudios y alcalde de Las Palmas, José Mesa y López, le invitó a trabajar en algunos proyectos fundamentales para la ciudad, entre los que se incluía el propio plano general y algunas propuestas para la futura avenida marítima. Otro trabajo de interés de esta época es la Ciudad Jardín, que forma parte del plan de ordenación urbana de la ciudad, en el que se introduce y desarrolla la arquitectura racionalista.

Miguel Martín Fernández de la Torre. Busto de Juan Borges Linares (1985)

En una extensa franja de terreno desde el parque Doramas hasta el barrio de Alcaravaneras, ocupado hasta entonces por huertas y algunos hoteles y chalets de corte europeo ideados por el arquitecto Eduardo Laforet, Miguel Martín proyectó una urbanización residencial de viviendas unifamiliares rodeadas de jardines. La urbanización general está constituida por calles estrechas, con esquinas en chaflán cóncavo en algunas de las intersecciones, solución viaria no aplicada hasta entonces en la ciudad, lo que dio como resultado pequeñas plazoletas en las esquinas de las calles Pío XII o Maestro Valle.

En 1929 realizó un viaje por Alemania, cuyos efectos sobre su arquitectura fueron decisivos en la evolución que experimentó en los meses siguientes. Además del proyecto de la casa Machín, en 1927, anterior, por tanto, al citado viaje, el proyecto de la fabrica de tabacos “La Belleza” (Ángel Carrillo Fragoso), en Santa Cruz de Tenerife, “prueba el efecto producido por el viaje de una manera evidente, y el sistema de trabajo desarrollado en estas fechas por el arquitecto, una aproximación simultánea desde las tres propuestas de una nueva arquitectura existentes en el momento”[1].

Otros arquitectos que hicieron en Canarias su obra racionalista fueron José Blasco Robles, que comenzó a partir de 1928 una larga etapa constructiva en las islas. José Enrique Marrero Regalado, “arquitecto enigmático” que absorbió las esencias de los “ortodoxos” en sus años de estudiante en Madrid. En la aventura racionalista es preciso citar, asimismo, a Rafael Massanet y Domingo Pisaca, con una producción desigual pero impregnada de las teorías de los funcionalismos del momento.

Mención especial merecen las referencias a los arquitectos extranjeros que vinieron a acentuar el racionalismo en las islas: Fromdbürguer, Schneider y von Oppel. Este último, Richard von Oppel (1888-1960) posee un significado especial al haberse asociado y emparentado con Miguel Martín y del tablero que ambos compartían salieron muchos de los más renombrados edificios racionalistas de Canarias.

Entre los ejemplos más representativos, se citan los siguientes:

Cabildo Insular de Gran Canaria

Este edificio destaca por la gran repercusión sociopolítica, ya que se inició en el momento de la división provincial. El proyecto original fue elaborado en 1930 por el arquitecto Miguel Martín Fernández de la Torre, adoptando una solución ecléctica, similar al monumental Casino Principal de Santa Cruz de Tenerife.

Miguel Martín. Cabildo Insular de Gran Canaria

Sin embargo, como afirma el profesor Galante Gómez, los políticos le aconsejaron renovarlo por un lenguaje más moderno. Los planos definitivos fueron trazados por el mencionado arquitecto. En las obras del interior del edificio intervino, además, el arquitecto Laforet.

Edificio de Estadística de Santa Cruz de Tenerife

El Edificio de Estadística (casa Pérez Alcalde) de Santa Cruz de Tenerife, muestra una de las singularidades racionalistas más apreciadas: la individualidad de los cuerpos que definen la composición, donde cada uno de ellos tiene su propia categoría estética y funcional, además de integrarse adecuadamente en todo el conjunto.

José Blasco. Edificio de Estadística (casa Pérez Alcalde)

Es el primer edificio en las Canarias Occidentales que sigue el estilo barco, estética que emula las líneas de diseño de los trasatlánticos. Encargada por Rafael Pérez-Alcalde a José Blasco, éste firma el proyecto en febrero de 1932, finalizándose la obra en abril de 1933. Blasco utiliza aquí elementos morfológicos análogos a las construcciones navales como son las amplias terrazas voladas, resguardadas por barandillas de tubo. Pero en toda la composición formal está presente la obra de Le Corbusier.[2]

Casino Principal de Tenerife

Otra obra importante de Martín Fernández de la Torre en Tenerife es el Casino Principal, construido en 1935 en el solar que la sociedad recreativa había comprado entre 1912 y 1914 en el solar ocupado en la actualidad. Es un edificio monumental de cinco plantas, que ocupa toda una manzana, en las fachadas principales hacia la Plaza de La Candelaria y la Plaza de Europa, predomina la horizontalidad de las balconadas, el rigor clásico de la columnata y la monumentalidad, elementos esclarecedores de la política artística adoptada en estos años por su arquitecto, en reacción al decorativismo modernista (hacia el racionalismo arquitectónico defendido en la década de los años treinta por Eduardo Westerdahl en la revista gaceta de arte, siguiendo el estilo que luego se volcó en el regionalismo canario.

Miguel Martín. Casino Principal de Tenerife

Miguel Martín. Hall del Real Casino Principal de Tenerife

Elemento predominante del inmueble es la torre prismática de grandes ventanales que rompe con el ritmo uniforme de las fachadas. Se mantiene el estilo elevado en los interiores, en la escalinata principal en mármol negro, en las cristaleras y barandas, y en la riqueza del decorado de los salones. Destacan en las paredes del hall y en los salones lienzos del pintor vanguardista canario Néstor Martín Fernández de la Torre (1887-1938), hermano del arquitecto, y del contemporáneo brasileño José Aguiar (Brasil, 1975).

El Casino es un símbolo de una época para la ciudad de Santa Cruz de Tenerife, creado en años de inquietudes políticas y culturales (a destacar el acontecimiento internacional de la II Exposición Universal del Surrealismo, en 1935, en la que Andrés Bretón declaró oficialmente en su manifiesto “Tenerife como isla Surrealista”), precedentes al estallar de la Guerra Civil.[3] 

Hogar Escuela María Auxiliadora

Edificación proyectada por el arquitecto Domingo Pisaca y Burgada en 1939 como centro escolar, dilatándose algunos años su construcción, quedando ésta concluida en 1946. Situado en la calle de La Rosa, ubicado en un solar enfrente de un grupo escolar fabricado a finales del siglo XIX, y en la actualidad denominado Onésimo Redondo, Pisaca construye un nuevo centro escolar y de acogida de características diametralmente opuestas al situado en su frente, pero se cuida de guardar una gran sintonía con él, dando una interesante coherencia a ese tramo de calle.

Domingo Pisaca y Burgada. Hogar Escuela de Santa Cruz de Tenerife

El edificio para el Hogar-Escuela de María Auxiliadora se enmarca dentro de la tipología racionalista, presentando una verdadera singularidad en la evolución y el trabajo de Pisaca. La obra es una de las aportaciones más destacadas de este arquitecto a la estética racionalista. Este es uno de los edificios más destacados del arquitecto Pisaca y una de sus aportaciones más relevantes a la arquitectura de su época[4].

Colegio Alemán

El proyecto está fechado el 8 de noviembre de 1934 por José Blasco, aunque contó con la colaboración del arquitecto alemán Rudolf Schneider. Presenta los elementos propios de un edificio representativo de la arquitectura moderna en boga en los años 30 en toda Europa, y por tanto claramente racionalista. Desde 1933 se había formado una Comisión de Fomento para la construcción del centro. El edificio fue construido en tres fases sucesivas, en los años 1934, 1941 y 1944.

Blasco - Schneider. Colegio Alemán de Santa Cruz de Tenerife

La primera fase fue una colaboración entre Blasco y Schneider aunque el verdadero sentido del proyecto como conjunto es de Blasco. Consistió en un pabellón rectangular destinado a las clases y sus pasillos correspondientes y un cuerpo de escaleras a modo de torre (sin excesivo desarrollo, que equilibraba la composición, interrumpiendo la monotonía horizontal de este primer tramo. En la segunda fase Blasco repitió la misma solución, de tal manera que da la impresión de haber sido resuelto el edificio en una única fase. Por último la intervención de Tomás Machado, más modesta, consistió en una prolongación de un pequeño tramo destinado a aulas, enlazando la edificación del Colegio con la construcción con la que se establecía el límite de ambas propiedades[5].

Balneario de Santa Cruz

Antigua construcción de recreo para el disfrute del litoral santacrucero. Situado en las proximidades de la batería del Bufadero, el edificio del Balneario fue un intento pionero en instalar un alojamiento turístico en la línea costera del municipio con el objetivo de crear una oferta de ocio, en un tiempo en el cual el litoral estaba siendo ampliamente ocupado por las instalaciones portuarias, desapareciendo los último vestigios de las playas de Santa Cruz. En 1929 se le encarga al arquitecto Domingo Pisaca Burgada la realización de un Hotel Balneario de Santa Cruz, elaborando un proyecto de intervención que continúa la línea de sus primeros trabajos en la tendencia ecléctica.

Domingo Pisaca. Balneario de Santa Cruz

El Balneario de Santa Cruz se encuentra en total abandono

En 1932, Pisaca reelabora todo el proyecto presentando un cambio formal evidente, yendo a una solución típicamente racionalista, mucho más acorde con los tiempos que corrían por aquel entonces. Lo enriquece con propuestas expresionistas, posibilitando una interpretación rica en sugerencias y en el diseño de los elementos decorativo de la fachada. Esta obra del Balneario supuso para el arquitecto Pisaca el paso en la actualización de su lenguaje. A pesar de que el proyecto es de principios de los años treinta del siglo XX, grandes dificultades económicas y la llegada de la guerra civil, detuvieron su construcción durante cerca de diez años[6]. Tras ser utilizado con bastante asiduidad durante décadas, el edificio se encuentra en la actualidad en un estado lamentable de conservación, quedando ya lejos de la línea de costa que ocupaba. 

Otros proyectos

Otros proyectos bastante interesantes fueron ejecutados por Miguel Martín Fernández de la Torre entre 1930 y 1938 para el Hospital Psquiátrico y la Casa del Niño, respectivamente, ambos en Las Palmas, este último encargado por el Auxilio Social.

El edificio Palazón, construido para Rosa Palazón por el arquitecto Miguel Martín Fernández de la Torre, en 1930, se hizo famoso por la sucesión de informes desfavorables que emitió la oficina técnica municipal, que no terminaban de aceptar los nuevos criterios estéticos de la arquitectura. En esta obra se presentan los planteamientos morfológicos del racionalismo. Llama la atención que se renuncie a los elementos decorativos de estilo en la fachada en la que se abren únicamente ventanas horizontales con persianas abatibles.

Una obra tardía es la Clínica Cajal, en Las Palmas, trazada en los años cincuenta por el arquitecto Richard von Oppel, máximo representante de la denominada “línea fría”  de la arquitectura racionalista en Canarias.

Una de las novedades tipológicas de mayor repercusión fue la arquitectura de los locales cinematográficos. A partir de los años veinte del siglo XX aparecen salas con características específicas para la proyección de películas, aunque en realidad sus estructuras estaban vinculadas a los logros espaciales obtenidos por los teatros decimonónicos.

Quizás el mejor proyecto racionalista fue dibujado por Miguel Martín Fernández de la Torre en 1931 para el Cine Cuyás de Las Palmas, donde aparecían perfectamente conjugados los nuevos sistemas de construcción con aquellos materiales de importación mencionados anteriormente. Sin embargo, el edificio ha sido excesivamente remodelado, alterándose su original fisonomía.

José Enrique Marrero Regalado. Teatro Cine Baudet

El Teatro Cine Baudet, en Santa Cruz de Tenerife, constituye un excelente ejemplo donde se plasman las principales características de la arquitectura racionalista en Canarias. Fue iniciado por el arquitecto José Enrique Marrero Regalado en 1935.

La fachada concebida por medio de volúmenes puros, presenta como novedad la utilización del hormigón armado que posibilita una mayor claridad compositiva. Este material también se empleó en la estructura general del edificio. No obstante, las características expresionistas más notables se encuentran en la sala de espectáculos, sobre todo en la cubierta resuelta por un entramado de hierro que sostiene a un falso techo de escayola cuyo rosetón central posee un sistema de iluminación graduable de efectos muy sugestivos. Este fenómeno también se modela en la embocadura del escenario. Debido a decisiones políticas cuestionables y el establecimiento en el edificio de una sala de bingo, provocó la irreparable pérdida de un importantísimo ejemplo de nuestro patrimonio arquitectónico[7].

La escrupulosa racionalidad de las construcciones navales  invitó a los técnicos a fomentar una metáfora arquitectónica cuya lectura era inherente al lenguaje expresionista. La denominada “arquitectura del barco o náutica” tiene su réplica en el edificio del Club Náutico de Santa Cruz de Tenerife, diseñado por Miguel Martín Fernández de la Torre entre 1932-34. Las aberturas en escotilla, los huecos circulares abocinados, los cuerpos cúbicos que se asemejan a la proa de un barco y constituyen los elementos definitorios y al tiempo referenciales.

Miguel Martín. Real Club Náutico de Tenerife

La obra se pone en marcha en 1937 y, aunque fue entregada en 1946, todavía quedaban aspectos relevantes del proyecto que habían sufrido alteración y que no se habían finalizado. Durante la década de los sesenta, setenta y ochenta, arquitectos como Luis Cabrera, Rubens Henríquez o el Estudio La Solana han realizado obras de mejoras, ampliación y reformas. Las soluciones expresionistas que se introducen le dan al conjunto una mayor densidad.

El edificio que combina la sencillez y la claridad, tanto en su aspecto interior, fachadas, como también en su estructura. Se describe como una edificación donde predominan la pureza de los volúmenes, los perfiles de la línea recta, la preponderancia de las formas poliédricas, así como la condensación de sus espacios interiores aglutinados en grandes sectores y la contraposición exterior de líneas horizontales y verticales. Las aberturas en forma de escotillas, los huecos circulares, los cuerpos cúbicos que se ensamblan unos con otros, constituyen elementos definitorios y al tiempo referenciales. Elementos de interés: Mobiliario y complementos ornamentales realizados para el edificio cuando se construyó, ubicadas en sus zonas nobles (hall, salón de baile, bar, puente de mando, etc.).

Fermín Suárez Valido. Edificio DISA en Las Palmas

Un interesante ejemplo integrado en el marco urbano es el Edificio DISA en la calle Tomás Morales, en Las Palmas de Gran Canaria, proyectado en 1947 por el arquitecto Fermín Suárez Valido. Sobresalen las formas onduladas de gran parte de la composición, sólo resaltadas por sencillos aleros.

La arquitectura racionalista se manifestó con gran intensidad en las casas de carácter privado, bien en el chalet de tipo unifamiliar o en los grandes bloques de viviendas. Estas casas colocadas en los núcleos urbanos de mayor relevancia fueron ocupadas generalmente por la burguesía comercial que controlaba el poder económico.

En líneas generales, las innovaciones aportadas por el racionalismo a la arquitectura doméstica, además de las anteriormente descritas, son la supresión de la jerarquización interna de los espacios y de la fachada-pantalla y la sustitución del balcón por terraza.

Entre los múltiples ejemplos existentes, destacan un grupo de viviendas situadas en el barrio de Las Mimosas, en las cercanías del Quisisana, que se adaptan a la forma de la colina. Fueron realizadas por el arquitecto Marrero Regalado en la década de los años treinta.

José Enrique Marrero Regalado. Cabildo Insular de Tenerife

Otras obras diseñadas por el destacado técnico son el Cabildo Insular de Tenerife (proyectado en 1933 y ejecutado entre 1935-1942), la Basílica de Candelaria, en Tenerife y el Frontón de Las Palmas. En ellas, el arquitecto concibió el racionalismo de forma heterodoxa, ya que agregó elementos de la arquitectura vernácula.

El proyecto del edificio del Cabildo Insular fue el resultado de un concurso que la Diputación Provincial falló a favor del arquitecto Marrero Regalado en 1934. El técnico llegó a realizar en colaboración con el arquitecto Schneider cuatro proyectos, de los cuales dos eran de tipo monumental y dos racionalistas. Resultó elegida la cuarta solución, de gran empaque monumental y desarrollada por Marrero. Las propuestas ofrecían respuestas no solo al tema de la fachada, sino también al desarrollo de las plantas y usos y a la ordenación de la plaza contigua y los accesos a la ciudad.

El proyecto fue firmado en julio de 1934, iniciándose las obras seis meses después, durando los trabajos hasta 1940 pero la amplitud del edificio excesivo hizo pensar en compatibilizar sus funciones. Finalmente, ante el peligro de que le gremio militar se hiciera cargo de él, se llevó a cabo una apresurada mudanza. Fundamental fue la labor de su presidente, Antonio Lecuona, que gestionó la decoración del Salón de Plenos con la obra de José de Aguiar[8].

Fotografías: Ayuntamiento de Las Palmas, Cabildo Insular de Gran Canaria, José Mesa, Juan Carlos Díaz Lorenzo, archivo Antonio González, Familia Baudet y archivo Miguel Martín Fernández de la Torre (mdc.ulpgc.es)


[1] Navarro Segura, María Isabel. Eduardo Westerdhal y la construcción de Canarias como entidad espacial. En gaceta de arte y su época. 1932-1936. Centro Atlántico de Arte Moderno. Santa Cruz de Tenerife, 1997.

[2] Darias Príncipe, Alberto. Santa Cruz de Tenerife. Ciudad, arquitectura y memoria histórica (1500-1981). Santa Cruz de Tenerife, 2004.

[3] Op. cit.

[4] Op. cit.

[5] Navarro Segura, María Isabel. Racionalismo en Canarias.  ACT. Cabildo Insular de Tenerife. Santa Cruz de Tenerife, 1988.

[6] Darias Príncipe, A. Op. cit.

[7] Galante Gómez, Francisco. Historia crítico-descriptiva de la arquitectura en Canarias. La Laguna, 1987.

[8] Darias Príncipe, A. Op. cit.

Juan Carlos Díaz Lorenzo

La aparición del racionalismo en Canarias es una de las consecuencias de las condiciones socioeconómicas en las que se desenvolvía el archipiélago en la década de los años treinta del siglo XX, tanto por la consolidación de la burguesía mercantilista establecida en las dos capitales canarias, como por el auge de los cultivos plataneros como por la recién estrenada doble capitalidad. A ello vino a sumarse otro factor, de orden político nacional, como fue la proclamación, el 14 de abril de 1931, de la Segunda República.

En opinión del profesor Sebastián Hernández Gutiérrez, el racionalismo supuso “un cisma” en la forma tradicional de construir en Canarias, “pues éste rompió con su simplificación conceptual aquella vieja tradición definida en primera instancia por lo ecléctico”[1]. De forma que significó una frontera informal con el eclecticismo, o con la última de las versiones, el monumentalismo, provocando un cambio radical en los argumentos de la sociedad canaria y en las artes un interés por la representación de los rasgos de la identidad propia, e incluso con carácter exclusivo.

Miguel Martín Fernández de la Torre. Clínica Camacho. Santa Cruz de La Palma

La arquitectura racionalista apareció en las islas bajo la influencia directa del modelo alemán, a través del primer viaje a Europa de Miguel Martín Fernández de la Torre, así como de los arquitectos germanos que trabajaron en estudios canarios (Oppel, Schneider, Davis…) y la primera visión que tiene Eduardo Westerdhal de esta arquitectura. A partir de ahí, el espectro se amplió, teniendo especial importancia el contenido expresionista que perduró hasta los últimos ejemplos, sin olvidar la polémica propuesta de José Enrique Marrero Regalado de introducir matices vernáculos, tan mal considerada por gaceta de arte; la línea aerodinámica del estilo barco, la ambigüedad del art decó, entre el eclecticismo decadente y la geometrización formal, y la introducción incidental de un rico repertorio loosiano.

Sin embargo, como señala el profesor Galante Gómez, el racionalismo arquitectónico en Canarias se inscribe “en un fenómeno fundamentalmente individualista, engendrado por un grupo de profesionales que pretendieron ofrecer una alternativa válida al concepto de la modernidad arquitectónica”[2], que entonces se debatía en Europa.

De ahí que la arquitectura racionalista en Canarias sea, ante todo, una arquitectura de autor, carente de un programa o manifiesto común que en otros lugares ofrecieron los grupos de arquitectos. La incipiente base teórica fue asimilada a través de las revistas especializadas –ya hemos citado el caso de gaceta de arte-, preocupadas por ofrecer un marco de referencia a la plástica vanguardista.

José Blasco. Edificio Núñez. Santa Cruz de Tenerife

En líneas generales, el racionalismo arquitectónico se identifica con una rigurosa relación entre forma y función del edificio y su consciente inserción en los procesos sociales. Sus características formales más notables son las superficies planas y limpias, volúmenes puros y definidos y distribución racional de los huecos, todo ello en base a una exhaustiva lógica constructiva y sentido del buen detalle. Los interiores adquieren una mayor significación espacial, adoptándose el enfoscado a la tirolesa en los sistemas de cubiertas y mármoles sintéticos como revestimientos decorativos.

En cuanto a los elementos decorativos, rechaza cualquier elemento que provenga del viejo esquema clásico (cornisas, balaustradas, columnas, frontones), de ahí que algunos autores lo hayan denominado fobia decorativa. No obstante, podemos decir que se asimilan ciertos tipos de ornamento, como el “nudo geométrico” con el que firmaba Marrero Regalado, las bandas paralelas que tanto éxito tuvieron después de que Blasco las hubiera presentado o la rotunda expresividad de texturas rugosas que Pisaca incrustaba en los paramentos. Se trataba, pues, de la estética de la coherencia formal, donde nada era arbitrario, puesto que la multifuncionalidad de algunos elementos suplía la gratuidad del ornato.

Desde el punto de vista metodológico, el racionalismo se opuso frontalmente a la inercia de la tradición histórica de la arquitectura, de manera que su adaptación no era sólo una ruptura, sino un nuevo procedimiento vital. Por primera vez, un material como el hormigón armado, que durante varias décadas “había debido disfrazarse con todos los oropeles formales de estilos anteriores”[3], pudo liberarse para ofrecer posibilidades desconocidas, aplicadas a volados y luces de una amplitud hasta entonces muy limitadas, resistencia, diafanidad en espacios interiores al precisar de apoyos mínimos y, especialmente, el culto a los volúmenes puros, lo que propició que el desarrollo doméstico planteara un hábitat diferente, concebido para una dinámica de vida también diferente que ya no tendría retorno.

Los ejemplos arquitectónicos del racionalismo en Canarias se circunscriben en las diversas corrientes y tendencias que de este lenguaje se debatieron en toda Europa. Estos exponentes abordan una serie de tipologías arquitectónicas demandadas por necesidades humanas (edificios sanitarios o de beneficencia, centros de enseñanza, cinematógrafos…) y, en ocasiones, para edificios destinados a desempeñar el aparato burocrático del poder político vigente. En estos casos, el racionalismo fue utilizado con un evidente sentido diferenciador.

Miguel Martín Fernández de la Torre. Cabildo Insular de Gran Canaria

La arquitectura racionalista se introduce en las capitales canarias en un momento en que ambas contaban ya con una serie de instrumentos para gobernar su crecimiento. No surge, pues, de manera espontánea e independiente del fenómeno de la propia modernización de las estructuras urbanas, si bien este proceso no es ajeno a la propia evolución que experimenta la disciplina urbanística en España.

Así apreciamos que la dicotomía planteada como racionalismo igual a república, academicismo igual a autarquía, resulta errónea plantearla en Canarias. Lo aclara convenientemente el profesor Hernández Gutiérrez, cuando escribe:

“Con frecuencia se viene dando una conexión directa entre el racionalismo y la República, teoría sobrealimentada desde el año 1975, año en el que se dio el primer paso para el restablecimiento de las libertades civiles en nuestro país, intentándose aplicar una moralina entre el fenómeno arquitectónico y el hecho político. El balance de la antedicha relación se salda con el resultado que se expresa como sigue: racionalismo + república = vanguardia artística, siendo ésta una postura amparada por la historia del Movimiento Moderno hispano, sin olvidar obviamente la construcción desarrollada durante la dictadura franquista. Así, se mantiene un patrón idéntico que ofrece el siguiente esquema: monumentalismo + dictadura de Primo de Rivera + neoherrerianismo + dictadura de Franco = retaguardia artística.

Hoy entendemos que este discurso se desvía bastante de la realidad y las cosas no resultan tan fáciles como aparentemente se han expuesto. Si atendemos a las cronologías de los eventos arquitectónicos podremos comprobar cómo durante la época de Primo de Rivera (1923-1929), y no en la II República, fue cuando se proclamaron las bases de lo que habría de ser la definición de los funcionalismos  arquitectónicos. A saber: en 1927, Francisco Mercadal proyecta del Rincón de Goya (Zaragoza), y hace lo mismo Fernando Shaw con la gasolinera Porto Pí; en 1928, Mercadal participa en el CIAM; al año siguiente, Zuazo-Jansen realizan la prolongación de la Castellana (Madrid); en 1930 se constituye GATEPAC…”[4].

José Enrique Marrero Regalado. Cabildo Insular de Tenerife

La ausencia de un programa de la Segunda República para la arquitectura y el hecho de que el Estado no impulsó ningún dirigismo oficial, tampoco propició un cambio en los modos constructivos de la época. De ahí se desprende que el racionalismo no es homogéneo en todas las provincias españolas, hasta el punto de que sólo se concreta en Madrid, Cataluña, País Vasco y Canarias.

En el caso canario existe un ejemplo significativo, como fue la construcción de los cabildos insulares de Gran Canaria y Tenerife. El primero es un edificio racionalista, posiblemente el más puro de su tiempo, salido del estudio de Miguel Martín Fernández de la Torre, y el segundo es un edificio monumentalista (1935-1948), obra del arquitecto Marrero Regalado. Se trata de dos obras diametralmente opuestas en su sentido estético, lo que pone de manifiesto la irrelevante asociación entre este movimiento y las directrices políticas, demostrando con ello que son las iniciativas individuales las que se convierten en auténticas protagonistas del mismo.

Y aún cuando el nuevo régimen intentó potenciar una actitud renovadora ante la arquitectura, en su función representativa, en plena guerra civil (febrero de 1939), el general Ángel Dolla Lahoz, de infausta memoria, ordenó levantar uno de los edificios más refinados, el grupo escolar fray Albino. Lo mismo podemos decir de la Comandancia de Marina o el edificio de viviendas para los mandos militares próximas a Capitanía General.


[1] Hernández Gutiérrez, A. Sebastián Vanguardias arquitectónicas y últimas tendencias. En Gran Enciclopedia del Arte en Canarias. Centro de la Cultura Popular Canaria. Santa Cruz de Tenerife, 1998.

[2] Galante Gómez, Francisco. Historia crítico-descriptiva de la arquitectura en Canarias. Consejería de Educación del Gobierno de Canarias. La Laguna, 1987.

[3] Darias, Alberto.  Santa Cruz de Tenerife. Ciudad, arquitectura y memoria histórica (1500-1981). Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife. Santa Cruz de Tenerife, 2004.Op. cit.

[4] Hernández Gutiérrez, A. Sebastián. Op. cit.