Juan Carlos Díaz Lorenzo (*)

A la familia escolapia, en el 75 aniversario de su presencia en Tenerife

Enrique Wolfson Osipoff, nacido en Rusia en 1857, salió huyendo de su país por la persecución de los judíos y en 1885 consiguió la nacionalidad británica. Un año después, a la edad de 29 años, llegó a Santa Cruz de Tenerife cuando iba camino de Sudáfrica y decidió quedarse en la isla porque se quedó gratamente impresionado con lo que vio en la capital tinerfeña.

Desde sus inciertos orígenes como aventurero, Wolfson se labró un respetable prestigio como empresario. Compró tierras en el sur de la isla para el cultivo de tomates, fundó la primera empresa de gas en la capital de Canarias y también alcanzó un relevante papel social, siendo varias veces presidente del Club Británico de la ciudad y miembro de la junta rectora de la iglesia protestante que existía en Santa Cruz desde finales del siglo XIX. Su olfato para los negocios, sus contactos en Inglaterra a través de Burell y sus magníficas relaciones con la comunidad inglesa en Tenerife jalonaron el éxito de todas sus empresas.

La mayor contribución de Henry Wolfson a la economía de Canarias fue su logro en la exportación de tomates, principalmente a su país adoptivo, en el que sabía que existía un mercado interesante. Y eso a pesar, como explica Austin Baillon, de que “hubo mucha resistencia por parte de los campesinos para cultivar tomates, porque no los conocían, no les gustaban y no los comían”.

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El puerto de Santa Cruz de Tenerife, escala en el Atlántico

Para incentivar el nuevo cultivo, Wolfson recurrió en 1887 a una curiosa estrategia, en la que ofrecía a los agricultores un kilo de papas a cambio de un kilo de tomates, repartiéndoles gratuitamente toda la semilla que desearan. El éxito fue notable y en poco tiempo se produjo un despegue importante en la exportación tomatera, hasta el punto de que en 1890 fueron embarcadas 100 toneladas con destino a Inglaterra, lo que provocó pingües beneficios para el bolsillo de su promotor.

Wolfson & Cía. tuvo su sede en la calle Eduardo Cobián y desempeñó destacadas labores como banquero, agentes de seguros y consignatario de buques. Un ejemplo de su talante emprendedor fue la creación de la empresa The Tenerife Gas & Coke Co., establecida para facilitar el suministro municipal de gas a la ciudad, cuyo contrato estuvo vigente hasta 1897. Entre las principales navieras de las que ostentaba la representación en Tenerife, cabe citarse, a finales del siglo XIX, a las compañías Forwood Bros., The Natal Line of Steamers, Bucknall Steamship Lines, Bullard King & Co. y Hamburg Bremer Afrika Linie.

En 1893, Wolfson y Barker compraron al Banco Hipotecario de España la finca más grande que por entonces existía en Tenerife, la de Hoya Grande, en Adeje, así como el arriendo de la finca de Los Olivos, en 1896, situada en el mismo municipio, destinadas a la producción de cochinilla. La primera tenía una extensión de 14.000 fanegadas y la segunda, 8.000 fanegadas y el precio pagado, en aquella época, fue de 225.000 pesetas. La caída del mercado de la cochinilla imposibilitó a sus anteriores propietarios que pudieran cumplir con sus compromisos financieros. La finca de Hoya Grande era una instalación modélica para la época, en la que se cosechaba uno de los plátanos más apreciados en el mercado británico.

La falta de un servicio marítimo organizado entre Tenerife y La Gomera motivó algunos intentos empresariales para satisfacer esa necesidad y, así, en 1895 se constituyó la Compañía de Navegación de Tenerife, con un capital social de 20.000 pesetas, en la que Enrique Wolfson figuraba como secretario. El servicio se inauguró en 1896 con el vapor “Tenerife” y se mantuvo hasta 1906, en que fue suspendido definitivamente.

Santa Cruz de Tenerife honra la memoria de este personaje con una calle que discurre paralela a la rambla de Santa Cruz. Henry Wolfson falleció en París el 7 de octubre de 1909, cuando contaba 52 años de edad.

Hotel “Quisisana”

En Santa Cruz de Tenerife, Henry Wolfson dejó uno de los signos más visibles de su poderío económico y social. Se trata de un edificio singular que domina toda la ciudad: el Quisisana, nombre extendido en Italia y siempre relacionado con la actividad hotelera de salud y reposo.

Wolfson encargó el proyecto a un arquitecto de relieve en aquel momento: Mariano Estanga y Arias Girón, a quien su comitente le impuso  una forma que recordara a los castillos de Inglaterra y como hotel alojaría a los viajeros ingleses que hicieran escala en Santa Cruz de Tenerife en sus viajes a las colonias africanas.

El arquitecto Mariano Estanga es el autor del proyecto del Quisisana

Estanga siguió los gustos de la Inglaterra victoriana, a base de imitar los planteamientos que Thomas Hope hiciera desde 1835, es decir, aunar los logros de los estilos pasados. Por eso, como explica el profesor Alberto Darias Príncipe, “no tiene inconveniente en fundir soluciones tan dispares como la torre de los palacios comunales italianos con los donjon de las fortificaciones francesas, pero siempre con un persistente leitmotiv donde el gótico tudor, ya fuera en unos espacios fuertemente roturados en el interior, ya en el exterior combinados con elementos que la fantasía romántica aproximaba al mundo ruskiniano. Tales fueron los resultados en el gran hall o en el camino de ronda enlazado con tracerías ojivales, confiriendo siempre una calidad monumental al edificio”.

Hall del hotel Quisisana y escalera de acceso al piso superior

De modo que el edificio del hotel “Quisisana” se encuadra dentro de un estilo historicista definido por medio de un lenguaje neogótico partiendo de una idea tan practicada en la Inglaterra victoriana. El conjunto no sólo reproduce las formas de un orden medieval determinado, sino que sobre estas formas y volúmenes crea ambientes originales y evocadores.

Las obras comenzaron en 1902. En mayo de 1903, los trabajos de mampostería  estaban bastante avanzados y se había realizado la distribución interior. En agosto de 1904 se procedía a enlucir las paredes de la fábrica y la inauguración, que estaba prevista a mediados de noviembre, se efectuó  el 5 de diciembre de 1904. Fue su primer director el señor C.H. Trenkel.

Es una recreación de ideas practicadas en la Inglaterra victoriana

Paralelamente, toda la colina y su entorno  se plantó de árboles, configurándose así un parque espléndido, al que se le añadió un variado mobiliario entre el que figuraba el quiosco que, con motivo de la llegada del rey en 1906, el propio Mariano Estanga había diseñado como desembarcadero. Cuando la visita real quedó en el recuerdo, el quiosco en cuestión fue adquirido por el hotel Quisisana para su utilización como pabellón de reposo.

El establecimiento contaba con un rico mobiliario importado de Inglaterra, además de todas las comodidades técnicas del momento, como la novedosa instalación eléctrica; los materiales y los técnicos se desplazaron desde Inglaterra, pues en aquel tiempo era muy complicado adquirirlo en España. También se instaló en el hotel el primer montacargas con el que contó la isla y una rudimentaria instalación telefónica, de la que Enrique Wolfson había sido pionero en Tenerife cuando colocó línea directa entre su casa de la calle del Castillo y la finca de la Cuesta.

Durante años fue el hotel más relevante de la capital tinerfeña

Desde 1922 hasta 1934 el hotel fue regentado durante las temporadas de invierno por Enrique Talg Schulz junto a su esposa Ida Wyss. Cerrado el establecimiento, el edificio quedó bajo la custodia del Cabildo Insular. Y es, entonces, cuando aparecen en escena los primeros padres escolapios.

Colegio de las Escuelas Pías

En los inicios de la guerra civil española llegó la  primera semilla escolapia a Tenerife de la mano de los padres Juan Vila y Honorato Autmallé. Huían de Barcelona por la sanguinaria persecución de que eran objeto los sacerdotes y religiosos por parte de los exaltados.

Llegaron a Santa Cruz y se alojaron en el Hotel Orotava –precisa el historiador militar Juan José Arencibia de Torres-, donde hoy se levanta el edificio Olimpo, organizaron una academia y empezaron a dar clases. Querían viajar a América, pero en Santa Cruz se dieron cuenta que en la capital tinerfeña estaban llamados a realizar su tarea. Para ello, autorizados por sus superiores, alquilaron una casa con jardín en la calle La Salle, donde hoy se alza el Colegio de San Ildefonso y fundaron la que llamaron Academia Calasancia, que pronto reunió a un centenar de alumnos.

El edificio del Quisisana conserva sus elementos originales

El estado de conservación del edificio es excelente

Terminada la guerra, regresaron a sus comunidades en Cataluña e informaron a sus superiores de la acogida que habían encontrado en Tenerife, lo que dio lugar a que se entablaran contactos entre los superiores de las Escuelas Pías y la Asociación Católica de Padres de Familia de Santa Cruz, auspiciados por el jesuita Luis María de Eguiraun, Juan P. Alonso, Cándido Luis García Sanjuan, Andrés Llombet y Maximino Acea Perdomo, entre otros.

En el verano 1940, Antonio Sáez y Pilar Monteagut, suegros del doctor Tomás Zerolo Fuentes, presidente de la citada asociación, se personaron en el colegio madrileño de San Antón para pedir la fundación de un colegio en Santa Cruz. A pesar de la escasez de sacerdotes escolapios que había en Castilla, donde más de un centenar habían sido asesinados por los milicianos del Frente Popular, el padre provincial aceptó el reto. Habló con el doctor Tomás Zerolo y recibió una oferta del gobernador civil de instalarse en el edificio del antiguo Hotel Quisisana, propiedad entonces a la Junta Insular de Turismo.

Panorámica del Colegio del Quisisana en 1945

Ampliación del colegio del Quisisana (1950)

Los primeros padres escolapios llegaron en septiembre de 1940. Fueron Andrés Moreno Gilabert (director), Rufino Gutiérrez, Federico Alonso, José Marco y Jesús María Echanojáuregui, y el hermano José Ruiz. El 17 de octubre abrió sus puertas el colegio con 256 alumnos, cifra que aumentó rápidamente. El edificio fue adquirido dos años después y en 1943 se inauguraban las primeras obras de adaptación.

El general García-Escámez, con dinero del Mando Económico, impulsó la primera ampliación consistente en un pequeño pabellón bajo, con unas pocas habitaciones, junto al antiguo salón de baile. En 1955 se llevó a cabo el nuevo pabellón, el salón de actos y se iniciaron las obras de la capilla, que sería inaugurada en 1959.

Estado de las obras de ampliación en 1955

Altar mayor de la capilla del Quisisana

El arquitecto del ala oeste, José Blasco Robles, logró una discreta adaptación de los nuevos espacios escolares a la obra existente, pero sin el refinamiento del historicismo de Mariano Estanga. Esta situación se puede justificar porque, en estos años, ni se contaba con la mano de obra especializada de principios de siglo ni se pretendía la exquisitez de un hotel de lujo, sino simplemente construir unos espacios para la enseñanza que conjugaran con la parte primitiva del edificio.

Otros colegios en Tenerife

Con el paso de los años y ante la elevada demanda de alumnos, los padres escolapios habilitaron otras instalaciones para los de menor edad que se situaron también en edificios de gran categoría arquitectónica, como el edificio de la Viuda de Yanes, hoy sede de la Jefatura de Intendencia Militar, un proyecto del arquitecto Antonio Pintor y Ocete, proyectado a comienzos de 1911 y aprobado en abril de 1912, que estuvo al servicio de la enseñanza calasancia desde mediados de los años cuarenta hasta 1962.

Edificio de la Viuda de Yanes, actual Intendencia Militar

El Colegio de la Rambla, conocido también como el colegio “de abajo”, abrió sus puertas en 1948, en el número 92 de la Rambla General Franco, en una casona de mampostería y madera de cierto regusto inglés colonial, con capacidad para unos 500 alumnos, que fue demolido cuando la obra del actual colegio que se levanta en el patio entonces existente y viceversa, el patio actual ocupa el solar que antaño estuvo el citado edificio.

Colegio de la Rambla, ya desaparecido

El edificio del Pious School era un precioso palacete de estilo modernista del que sólo conservamos fotos. Ubicado en la Plaza de los Patos, en el que solar que hoy, en parte, ocupa el adefesio de Correos, fue vivienda de Juan Martí Dehesa, destacado comitente de esta capital, cuyo hermano Nicolás levantó enfrente otro palacete que afortunadamente existe, y del que recordamos su uso como sede de Presidencia del Gobierno de Canarias y en la actualidad lo es de una clínica dental.

Este edificio es otro proyecto del arquitecto autor del Quisisana. Se trataba de un complejo chalet que presentaba notables variantes entre el proyecto y la ejecución que desvirtuaron uno de los diseños más interesantes que del modernismo se han hecho en Canarias por la abundancia de recursos volumétricos, decorativos, de planta, materiales, etc. De su interior destacaba el patio árabe que servía de espacio distribuidor. El proyecto tiene fecha de 10 de septiembre de 1907 y fue aprobado el 25 de septiembre del citado año. En el curso de 1963 abrió sus puertas como colegio especializado en la enseñanza infantil del inglés y fue demolido en la década de los setenta.

“Pious School”, extraordinario ejemplo de modernismo

Fachada principal del colegio Pious School

Interior del Pious School. Detalle de la decoración árable

Desde los años cuarenta del siglo XX, y con el paréntesis de 1978-1996, las Escuelas Pías han dejado su impronta en la formación de numerosas generaciones de jóvenes canarios. Después de 18 años de ausencia, a partir del curso 1996-1997 retomaron su presencia en Tenerife. El Quisisana ha sufrido una serie de remodelaciones y ampliaciones para adaptarse y dar respuesta a las instalaciones docentes y deportivas de los colegios concertados de las Islas.

Los antiguos jardines están ocupados en la actualidad por un edificio de corte moderno, con capacidad para 18 aulas, amplias y cómodas y con todos los avances pedagógicos de las nuevas tecnologías, proyectado por los arquitectos Nicolás Marrero, Fernando Saavedra Martínez y Jorge Saavedra y realizado por AGS Obras.

El colegio del Quisisana, a mediados de la década de los sesenta

El edificio del colegio Quisisana, en la actualidad

Los accesos a la ampliación del colegio han sido modificados

El proyecto hace que el nuevo edificio quede totalmente por debajo de la rasante inferior del Quisisana, que sigue luciendo íntegramente su esbelta y atractiva imagen primera, además de las ampliaciones realizadas en los años cincuenta y sesenta del siglo XX, como hemos visto y apreciado, además, en las fotos que acompañan.

Finalizada la intervención del conferenciante invitado, se abrió un interesante coloquio entre los asistentes, bastante animado por la inmediata proyección de imágenes de cada uno de los centros escolapios en Tenerife, profesores y promociones de alumnos, así como una serie de detalles de la presencia escolapia.

(*) Doctorando. Máster Universitario en Ciencias de la Comunicación (ULL). Licenciado en Historia del Arte (USC).

Bibliografía:

Arencibia de Torres, Juan José (2011). Acontecimientos notables de Santa Cruz de Tenerife. Cabildo Insular de Tenerife. Santa Cruz de Tenerife.

Baillon, Austin (1995). Misters. Británicos en Tenerife. Santa Cruz de Tenerife. Ediciones Idea. Santa Cruz de Tenerife.

Darias Príncipe, Alberto (2004). Santa Cruz de Tenerife. Ciudad, arquitectura y memoria histórica (1500-1981). Tomo I. Gráficas Sabater. Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife.

Díaz Lorenzo, Juan Carlos. “Quisisana, un colegio en la historia de Tenerife”. Conferencia impartida el 13 de abril de 2012 en el Colegio de Ingenieros Industriales de Santa Cruz de Tenerife, organizada por la Asociación de Antiguos Alumnos de las Escuelas Pías.

Fotos: Jesús Pedreira Calamita, Fondo FEDAC,  archivos de Fernando Caballero Guimerá, Juan Carlos Díaz Lorenzo,. José Hernández Cabrera y Federico García Barba.

Juan Carlos Díaz Lorenzo. Licenciado en Historia del Arte por la Universidad de Santiago de Compostela

El urbanismo contemporáneo anterior a la Ley del Suelo (1957) se circunscribe a las capitales canarias, pues el resto de las ciudades y los pueblos de las islas malñ llamadas menores no han conocido la planificación urbana del siglo XIX.

Santa Cruz de Tenerife comenzó en la década de los años veinte del siglo XX a despertar del letargo de las últimas décadas de la centuria anterior y a partir de 1926 comenzó unas gestiones para transformar su fisonomía urbana. En una propuesta avalada por el alcalde García Sanabria se hizo el encargo a los arquitectos Villa Calzadilla y Núñez Maturana de un “plano topográfico” de la ciudad con el deseo de conocer el estado de la misma.

El documento elaborado sirvió para emprender el Plan de Ensanche de la ciudad (1928), momento en el que el propio alcalde había empezado la redacción de unas ordenanzas en las que se normalizaban las alturas de los edificios, el cuidado en la composición de los frontispicios y una rigurosa conservación de la línea de rasante.

Santa Cruz de Tenerife. Panorámica de los años veinte

Estas acciones se identifican con el nacimiento del urbanismo contemporáneo, no sólo por el hecho cronológico, sino por el modo de actuación que se propone. Aún mantienen vestigios del siglo anterior, como es el caso de los ensanches, pero, en realidad, están abogando por las fórmulas que identifican al urbanismo con el Movimiento Moderno. Ello permitió que una ciudad como Santa Cruz de Tenerife comenzase a desarrollarse como una unidad en el núcleo habitable, y a plantearse qué tipo de ciudad quiere planificar para el futuro inmediato.

“Esta vez se hacen públicas –escribe el profesor Federico Castro- las bases de un concurso llamado a ser el anteproyecto de una reforma interior de la ciudad. Concurso que por sus pretensiones y magnitud nadie se atrevió a cubrir, quedando obviado que las ansias de los gobernantes locales volaban mucho más alto que las aspiraciones de los técnicos en función”[1].

Se trata de marcar las líneas maestras del futuro de la ciudad

Desde el ayuntamiento de Santa Cruz se auspició la formación de un equipo de trabajo formado por Eladio Laredo, José Blasco y Francisco Ortigosa, quienes asumieron el encargo sin mucho entusiasmo, pues en el momento de entregarlo se detectó la ausencia de importantes parcelas del planeamiento urbano. En todo caso, el Anteproyecto de Urbanización y Ensanche de Santa Cruz de Tenerife, concluido en 1928, sirvió como marco legal hasta 1933, año en el que se desarrolló por completo el Plan General de Urbanización.

Dicho plan, firmado por el ingeniero José Luis Escario, una obra de envergadura, en la que su autor se planteó dar respuesta a los múltiples problemas que aquejaban a la población, entre ellos la resolución urgente como era la propuesta de la Avenida Marítima. Escario se apoyaba en la propuesta del Plan General de Extensión de Madrid, que había sido admitido como vanguardista, “ya que comenzaba entendiendo a la urbe como a un todo, un conjunto compuesto por zonas específicas que tenían en su uso el rasgo diferenciador, lo que hoy entendemos como zonificación”[2].

Durante 24 años, Santa Cruz de Tenerife utilizó este plan, período de tiempo que transcurre entre su puesta en funcionamiento y la aprobación en 1957 de otro plan de mayor envergadura, firmado por los arquitectos Rumeu y Cabrera.

Mientras tanto habían sucedido acontecimientos políticos importantes, como la proclamación de la Segunda República, el 14 de abril de 1931 y el Alzamiento Nacional, el 18 de julio de 1936, con tres años de guerra civil que se prolongaría hasta abril de 1939. Durante la etapa de la autarquía, el responsable directo fue el Mando Económico, si bien, excepto la construcción de algunas barriadas (García Escámez) y la ordenación de algunos espacios concretos (Plaza de España) en poco cambió la fisonomía de las urbes insulares.

Inauguración del Monumento a los Caídos (1947)

El caso de la Plaza de España había sido desde hacía tiempo un enclave conflictivo, pues estuvo latente las soluciones que se deberían haber adoptado en la delineación de la Avenida Marítima (Blasco y Marrero, 1941), obligada a convertirse en una vía importante para las comunicaciones que corrían paralelas al litoral. Había que considerar, además, que muy cerca se habían celebrado los actos fundacionales de la ciudad y que el general Franco había salido de Tenerife para emprender la guerra contra la República. Este cúmulo de circunstancias permitió al arquitecto Machado el desarrollo en 1944 de un monumento de los caídos (del bando nacional) en la Guerra Civil.

Tramo del parque García Sanabria y de la rambla

La escasa operatividad de las oficinas técnicas municipales en materia urbanística durante este período conllevó la generación de otro tipo de problemas urbanos en el casco y aledaños de la ciudad, lo que obligó, en la década de los cincuenta, a la preparación de un nuevo plan, firmado por Enrique Rumeu y Luis Cabrera, denominado Plan General de Ordenación Urbana de Santa Cruz de Tenerife, concluido y aprobado en 1957, en atención a cuatro premisas fundamentales, dos de ellas fieles seguidoras del lenguaje de la época:

1.- Organización eficaz de la dirección política y económica de las islas.

2.- Representación simbólica y material de la isla como avanzada de España en el Atlántico.

3.- Exaltación de los valores tradicionales de estas islas españolas desde su incorporación a la Corona de Castilla.

4.- Protección del paisaje y fomento de sus caracteres peculiares como estímulo del desarrollo del turismo.

En el momento de establecer una zonificación, los arquitectos redactores del Plan establecieron una zonificación en cinco grandes apartados: a) especial, b) comercial, c) residencial, d)verde y e) industrial.

Algo similar ocurría en Las Palmas, pero con unos años de antelación (1922), cuando el alcalde Mesa y López había hecho un encargo similar al arquitecto Miguel Martín Fernández de la Torre, con el fin de enmendar la ciudad y de mantener una tradición urbanística cuyos antecedentes se remontaban a 1883 con el plan de López Echegarreta, continuado por Arroyo Velazco (1898) y Navarro (1911). La propuesta de Martín se aplicó especialmente a la zona de Ciudad Jardín, integrada en el ideal racionalista, en el que la cuadrícula se convirtió en la fórmula adecuada para el desarrollo de la zona.

Las Palmas. Parque de Santa Catalina

Las Palmas. Calle Bravo Murillo

Las Palmas. Calle León y Castillo

Las Palmas. Vista parcial de la ciudad

Las Palmas, al contrario que Santa Cruz de Tenerife, no conoció ninguna acción urbanística auspiciada por el Mando Económico, de ahí que su planificación urbanística sufriera un estancamiento, en el que permaneció hasta 1943 con la puesta en vigor del Plan Zuazo, que catapultó a la ciudad hacia conceptos de vanguardia, aunque no todas sus soluciones fueron las más adecuadas.

Secundino Zuazo, hombre de tierra adentro, pretendió ganar algunos solares al mar para solucionar los problemas de masificación que atenazaban a la ciudad de Las Palmas en los años cuarenta. Para ello se desecó parcialmente la playa de Las Canteras, “donde desarrolló un descabellado proyecto de sepultado del espacio que transcurre desde la línea litoral hasta la barra. Ello le habría permitido la construcción de una enorme plataforma capaz de admitir la erección de un buen número de viviendas de carácter residencial”.[3] Dos propuestas similares se produjeron con CIDELMAR (1947) y la Avenida Marítima, dos fases de un mismo proyecto que se concentró en ganar terrenos urbanizables al mar.

Fotos: Archivos de Miguel Bravo, Antonio González, Francisco Luis Yanes Aulestia y FEDAC.


[1] Castro Morales, Federico y Hernández Gutiérrez, A. Sebastián. Arte contemporáneo. La modernidad en Canarias. Col. “La biblioteca canaria”. Centro de la Cultura Popular Canaria. Santa Cruz de Tenerife, 1992.

[2] Op. cit.

[3] Op. cit.

Juan Carlos Díaz Lorenzo. Licenciado en Historia del Arte por la Universidad de Santiago de Compostela.

Durante la etapa del Mando Económico de Canarias se abandonó el lenguaje racionalista y la estética se dirigió hacia el denominado “estilo neocanario”, que supone un “revival” de la arquitectura vernácula, “aunque interpretado con una gran dosis de falsa nostalgia histórica”[1]. Esta recuperación de la arquitectura tradicional quizá fue propiciada por la actividad revisionista de las Escuelas de Arquitectura de Madrid y Barcelona, preocupadas  por ofrecer alternativas a la arquitectura del momento.

No obstante, los arquitectos que trabajaron para el nuevo régimen fueron los mismos que habían elaborado diversos proyectos racionalistas. A ellos se agregaron Enrique Rumeu de Armas y Tomás Machado Méndez Fernández de Lugo, que iniciaron su labor profesional una vez terminada la guerra. Además, el pintor Néstor Martín Fernández de la Torre, indagando sobre variados aspectos de las costumbres y características de las islas, impulsó el nuevo lenguaje. Así lo articuló, por ejemplo, en los bocetos preparatorios para el Pueblo Canario en Las Palmas, proyecto llevado a cabo –al igual que el Hotel Santa Catalina, situado en el nuevo marco- por su hermano, el arquitecto Miguel Martín Fernández de la Torre.

Panorámica aérea de la fachada marítima de Santa Cruz de Tenerife

En este período se adaptaron diversos lenguajes arquitectónicos cada uno de ellos con su evidente lectura específica, aunque todos tenían como denominador común la recuperación de códigos que se desarrollaron  durante etapas históricas consideradas poco esplendorosas. Así, para las construcciones oficiales se evocó el “estilo escurialense”. Los mejores exponentes son la Universidad de La Laguna, el Colegio Mayor San Fernando y el Seminario Diocesano de Las Palmas.

Sin embargo, la labor fundamental del Mando Económico en la actividad edilicia fue la construcción de viviendas suburbanas sufragadas por aquellos impuestos  (barriada García Escámez en Santa Cruz de Tenerife, barriada del General Franco en Las Palmas) y dotar a la ciudad de una nueva imagen que constituye un fiel escapare del régimen franquista. En este sentido, el Monumento a los Caídos, en Santa Cruz de Tenerife, expresa los ideales del nacional-catolicismo.

Fachada del hotel Santa Catalina, en Las Palmas

El Mando Económico también abordó la realización de hoteles y paradores de turismo con el objetivo de planear una infraestructura para la recepción de visitantes, sobre todo extranjeros. Son hoteles dotados de un gran ambiente de lujo y quizás demasiado arrogantes para las necesidades de aquella época. El hotel Santa Catalina, en Las Palmas de Gran Canaria y los paradores de Turismo de La Palma, Fuerteventura y Tejeda, reflejan al tiempo los ideales estéticos del nuevo régimen.

Los mercados de abastos (Nuestra Señora de África, en Santa Cruz de Tenerife) y los edificios sanitarios (Instituto Provincial de Sanidad, en Las Palmas; Hospital Insular de Arrecife y varios edificios para la Cruz Roja) completan las distintas tipologías arquitectónicas emprendidas por el Mando Económico.

De estos edificios merecen especial atención:

Mercado Nuestra Señora de África

La fachada principal ocupa el lado menor del trapecio de la planta y se caracteriza por un gran acceso central enmarcado en un arco de medio punto, sobrepuesto por el escudo de la ciudad y por una torre campanario, todo ello acotado entre torres en cuyos remates aparecen los elementos definitorios del nuevo lenguaje. En el interior, Marrero proyectó tres patios comunicados por galerías cubiertas apoyadas  arcadas.

Lo más relevante del edificio es su emplazamiento, ya que el situarse en los inicios de la ampliación urbana se lograba completar la lectura de este sector de la ciudad descrita por la alineación de la calle Norte (Valentín Sanz), puente Serrador (escoltado por los leones que recuerdan la empresa del general Serrador en la sierra de Alto de los Leones, en Madrid) y el nuevo mercado como punto de fuga monumental.

Fachada del mercado “Nuestra Señora de África”

La realización de un nuevo mercado era una idea acariciada por el Ayuntamiento desde hacía bastantes años, pero siempre se había visto frenada por el elevado costo. Será el Mando Económico de Canarias quien, gracias a la donación de 1,5 millones de pesetas, lograra la construcción de este nuevo edificio, poniendo para ello dos condiciones: Las obras debían ejecutarse en seis meses y debían contar con un representante del Mando Económico, encargado de inspeccionar la ejecución.

El proyecto y dirección corrió a cargo de Marrero Regalado, quien, tal como se pretendía, trazó un edificio impactante en su configuración. La gran superficie ocupada de cinco mil metros cuadrados, mitigaba el impacto volumétrico, escalonando en profundidad los planos del conjunto, a partir de la fachada. Como gran parte de las obras del Mando Económico, Entrecanales será la compañía responsable de los trabajos. Con ella se firmó, en octubre de 1942, el contrato correspondiente. Las obras estaban casi finalizadas en noviembre de 1943, fecha en la que se hizo la recepción oficial, aunque después se prolongará hasta enero del año siguiente para rematar aquellos elementos que estaban fuera de las obligaciones de la contrata[2].

Acceso principal. Es un espacio muy concurrido de la capital tinerfeña

Recibió dicha denominación en “honor” a la onomástica de la esposa del general Ricardo Serrador Santés. Las obras fueron realizadas por el arquitecto municipal Enrique Rumeu. El edificio fue concebido como una versión del Pueblo Canario, evocando al Pueblo Español de Montjuich, realizado con motivo de la Exposición Universal de 1929 celebrada en Barcelona.

La fachada principal ocupa el lado menor del trapecio de la planta y se caracteriza por un gran acceso central enmarcado en un arco de medio punto, sobrepuesto por el escudo de la ciudad y por una torre campanario, todo ello acotado entre torres en cuyos remates aparecen los elementos definitorios del nuevo lenguaje. En el interior, Marrero proyectó tres patios comunicados por galerías cubiertas apoyadas en arcadas.

Torre del mercado de “Nuestra Señora de África”

El puente Serrador es el resultado de un paso importante sobre el cauce del barranco de Santos. Viene a unirse a los del Cabo, Zurita y Galcerán en su función de salvar el principal escollo orográfico de la ciudad, uniendo las dos vertientes para formar una nueva trama urbana. La obra del citado puente está íntimamente ligada al proyecto del mercado de Nuestra Señora de África, a su promotor y al arquitecto José Enrique Marrero Regalado.

El puente Serrador, reforzado en 2004, en su estado actual

El emplazamiento del puente se sitúa como el comienzo de la ampliación urbana de la ciudad al otro extremo del barranco y como prolongación de la calle del Norte para conectar directamente con el nuevo mercado a construir. Las obras se iniciaron en 1942 y finalizaron en 1946. Aunque el arquitecto Marrero Regalado fue el creador de la obra, la dirección de la misma no estuvo en sus manos, siendo que el encargado fue Rumeu de Armas, en calidad de arquitecto municipal, ayudado en los primeros momentos por otro arquitecto, José Blasco. En 2004 ha sido reforzado y reformado.

Hotel Santa Catalina

Fue realizado por el arquitecto Miguel Martín Fernández de la Torre. Para ello acopló la planta de un edificio de madera que se encontraba en el mismo lugar. Como en el caso anterior, se recurre a los elementos “tópicos” de la arquitectura vernácula, interpretados de manera muy arbitraria y descontextualizados del medio.

El hotel Santa Catalina es un referente de la ciudad de Las Palmas

Está enclavado en una zona de gran significación espacial ya que en realidad el hotel constituye una prolongación del denominado Pueblo Canario, cuyos bocetos preparó su hermano, el pintor Néstor Martín. Además, en este marco se proyectó un Monumento a los Caídos, como réplica al levantado en Santa Cruz de Tenerife[3]. 

Hotel Mencey

El proyecto realizado por el arquitecto Enrique Rumeu fue elegido en un concurso público celebrado en 1945. La idea de Rumeu consistió en integrar el vasto edificio neocanario en el conjunto residencial de las Ramblas. Se trata de un edificio de cinco plantas en donde se combinan los elementos clasicistas con los neocanarios, es por tanto ecléctico. Es uno de los emblemas de la ciudad y el hotel de mayor prestigio desde su inauguración.

El edificio original, de planta básica cuadrada en torno a patio central, presenta hacia la rambla un volumen de dos plantas a modo de basamento, con galería en el segundo nivel y en la parte superior una terraza perimetral. En su parte posterior es un volumen rectangular compacto de cuatro plantas. Todo el conjunto se articula por medio de terrazas y torres superpuestas.

El Hotel Mencey, recién terminado (1950)

Es un conjunto muy bien logrado de Enrique Rumeu

Hall principal del hotel Mencey

Vista del edificio desde los jardines

Hotel Mencey. Ejemplo de la recreación del neocanario

Los techos son de tejas a dos aguas. Las fachadas tienen composición simétrica, todas con vanos rectangulares alineados según ejes verticales, salvo los del primer nivel que son arcos de medio punto formando la galería.

En una primera ampliación el edificio original se aumenta a cuatro plantas; luego se adosa volumen lateral: un basamento con terraza delantera sobre la rambla y un edificio compuesto por un ala curva, no catalogado en las plantas superiores. Los jardines tienen gran importancia en relación al edificio, sobre todo el central con forma elíptica. Con la ampliación del ala norte, en los años sesenta, se aumentó también el jardín.

Monumento a los Caídos

Sin duda alguna es el conjunto arquitectónico de mayor impacto de la posguerra y donde se concentran y descifran todas las referencias al nuevo régimen. Está situado en el centro de la Plaza de España, histórico corazón urbano donde estuvo asentado el antiguo castillo de San Cristóbal. Tras finalizar la guerra civil española, en 1944, durante la época del Mando Económico, el capitán general García-Escámez apoya la idea de levantar un monumento en el centro de la plaza que rindiera homenaje a los caídos por la patria durante el conflicto bélico.

Para la elaboración del proyecto se convocó un concurso de carácter nacional que debería elegir un proyecto ganador para su posterior realización. Se adjudicó el primer premio a la propuesta presentada por el arquitecto Tomás Machado y Méndez Fernández de Lugo. Los trabajos comenzaron de forma inmediata prolongándose hasta el año 1946, siendo inaugurado todo el conjunto el 19 de febrero de 1947.

Vista aérea de la Plaza de España de Santa Cruz de Tenerife

El lenguaje empleado para la elaboración de este monumento está muy ligado a la ideología de los vencedores de la guerra civil española, siendo la obra un emblema de la época del Mando Económico. Toda la labor escultórica se define por la preferencia de lo corpulento y lo macizo, acogiéndose a cánones clásicos.

El conjunto conmemorativo está definido por una solución de círculos concéntricos en cuya base se encuentra una plaza, un acceso escalonado por el que se accede a la terraza, donde se encuentra la torre central con la cruz adosada, y dos columnatas semicirculares que abrazan a todo el entramado. Al monumento se agregan una serie de esculturas y relieves, sobre todo en la fachada principal y simbólica del conjunto, que son necesarias analizarlas para ofrecer una lectura más veraz.

Al fondo de la imagen vemos el edificio del Cabildo Insular

La fachada está custodiada por dos soldados que se apoyan en espadas-cruces. En la base del monumento, una fuente cobija a una nave de la que emerge la figura alegórica de la Victoria que porta en el brazo izquierdo, dirigido hacia atrás, un haz de espigas que se conecta con un relieve en el que aparecen unos indígenas con frutos naturales, aludiendo a la aportación de la población civil a la Cruzada de la Liberación, que es como el bando sublevado denominó su acción militar.

En el brazo derecho, también tendido hacia atrás, lleva una espada dirigida hacia un panel de relieves que representa a soldados de los tres ejércitos, expresando en este caso la contribución militar de Canarias a la guerra civil. Todo ello se completa por otro grupo escultórico que representa a una matrona (La Patria) que señala hacia el mar y una imagen masculina (el Caído) que indica el lugar hacia donde partieron “los cruzados”.

El escultor Alonso Reyes Barroso talló en piedra La Victoria y la nave, mientras que Enrique Cejas Zaldívar moldeó en bronce las figuras alegóricas al valor militar y civil, los paneles y las figuras que aluden a La Patria y al Caído. Al acto de inauguración, celebrado el 19 de febrero de 1947, asistió Luis Carrero Blanco en representación del jefe del Estado.

Detalle del conjunto arquitectónico de la Plaza de España

La exaltación a la empresa franquista se complementa con el monumento diseñado por Juan de Ávalos, en la intersección de la Avenida de Anaga y las ramblas, que convirtió en arcángel, en providencia divina, el avión que trasladó a Franco desde Canarias a Tetuán tras el estallido de la guerra civil.

El Mando Económico repartió su intervención de forma desigual entre las islas del archipiélago, constituyendo, sin duda, una versión regionalista de la arquitectura de la autarquía. Con ello logró la gestación de una estética, el neocanario, que entendido como fenómeno cultural tuvo aceptación y dejaría su huella en el tiempo[4].

Los técnicos que trabajaron a las órdenes de este singular comitente mantuvieron viva la llama del regionalismo. En el listado de sus arquitectos predilectos encontramos a Miguel Martín Fernández de la Torre, José Enrique Marrero Regalado, Fermín Suárez Valido, Domingo Pisaca y Burgada, Antonio Cardona Aragón, Enrique Ruméu de Armas y Tomás Machado y Méndez Fernández de Lugo.

Barriada García-Escámez

El 28 de noviembre de 1944 se aprueba el anteproyecto de construcción de este barrio. Fue auspiciada por el mando Económico y se construye siguiendo pautas regionalistas. Esta idea fue desarrollada por el arquitecto Enrique Rumeu de Armas el cual, elaboró un gran proyecto constructivo a las afueras de la ciudad con el objetivo de crear una estructura de nuevo barrio que diera acogida a la nueva población que llegaba a la ciudad después de la guerra civil.

La nueva concepción urbanística se pretendía tuviera una cierta autonomía respecto al centro de Santa Cruz, pues se trataría de la creación de una pequeña ciudad algo alejada y para funcionara era evidente que habría que dotar a la nueva barriada de los servicios mínimos que las ciudades requerían, dentro de los cuales estaría la elaboración de un mercado de abastos.

La nueva zona surge entre las montañas de Taco y Ofra en un terreno con pendiente hacia el sur, aprovechando este desnivel para crear un escalonamiento de las construcciones que se concentraron en tres grandes grupos, ubicándose el mercado, junto a otros servicios de interés (iglesia, casa parroquial, grupo escolar, etc.), en la zona central[5].

Inauguración de la barriada García-Escámez en Santa Cruz de Tenerife

La obra fue concluida en 1946, configurándose como un ambicioso proyecto planeado por el Mando Económico de Canarias para paliar las dificultades de viviendas y de mano de obra tras la contienda civil.

Conjunto residencial que se desarrolla aprovechando el escalonamiento del terreno y los accesos que ofrece, y cuenta con aproximadamente 200 unidades. El estilo arquitectónico que le caracteriza es el neocanario. Se estructura en tres núcleos ocupando el espacio central la zona significativa: iglesia, casa, parroquia, colegio, viviendas y mercado. Flanqueando esta zona se dispusieron viviendas con modelos diferentes. A todo ello se suman las zonas ajardinadas y la rambla. Uno de los accesos viales está enmarcado por un arco.

Arco de la barriada General García-Escámez

Las viviendas se desarrollan en tres tipologías distintas. La primera (tipo A) se presenta en forma de bloques de planta rectangular de dos plantas, conformando patio posterior al cual se accede por un pasillo que atraviesa el bloque. La fachada se compone por arcos en los pasillos y elementos de la arquitectura tradicional: balcones de madera, cubiertas y aleros de tejas. En algunos sectores la planta baja, comercial se presenta con una galería porticada.

Barriada García-Escámez. Vivienda tipo A

Barriada García-Escámez. Vivienda tipo B

Barriada García-Escámez. Vivienda tipo C

La segunda tipología (tipo B) es de viviendas de dos plantas adosadas, formando hileras, con jardín delantero y cubiertas a dos aguas con teja cerámica. En fachada presentan balcones de madera, pareados, con cubierta apoyada en pies derechos. La tercera tipología (tipo C) también se desarrolla con viviendas pareadas formando hilera. En fachada volúmenes salientes con cubierta a dos aguas de teja, formando un frontón triangular y bajo estos balcones abiertos de madera. Escalinatas de acceso a pórticos con arco pleno, en volúmenes salientes cubierto de tejas. Como elementos de interés presenta rambla, Iglesia, plaza y arco de entrada.

Barriada García-Escámez. Mercado suburbano

Barriada García-Escámez. Iglesia parroquial

La idea del mercado en la barriada García-Escámez fue desarrollada por el arquitecto Enrique Rumeu de Armas. En 1944 elaboró un gran proyecto constructivo a las afueras de la ciudad con el objetivo de crear una estructura de nuevo barrio que diera acogida a la nueva población que llegaba a la ciudad después de la guerra civil.

La nueva concepción urbanística se pretendía tuviera una cierta autonomía respecto al centro de Santa Cruz de Tenerife, pues se trataría de la creación de una pequeña ciudad algo alejada y para que funcionara era evidente que habría que dotarla de los servicios necesarios, entre ellos un mercado de abastos.

Fotos: Archivos de Fernando Ezquerro Barrera, Miguel Bravo y Juan Carlos Díaz Lorenzo


[1] Galante Gómez, Francisco. Historia crítico-descriptiva de la arquitectura en Canarias. La Laguna, 1987.

[2] Darias Príncipe, Alberto. Santa Cruz de Tenerife. Ciudad, arquitectura y memoria histórica (1500-1981). Santa Cruz de Tenerife, 2004.

[3] Galante Gómez, F. Op. cit.

[4] Galante Gómez, F. Op. cit. También Darias Príncipe, A., op. cit.

[5] Navarro Segura, María Isabel. Arquitectura del Mando Económico en Canarias (1941-46). La posguerra en el Archipiélago. ACT. Cabildo Insular de Tenerife. Santa Cruz de Tenerife, 1982.

Juan Carlos Díaz Lorenzo

Santa Cruz Antiguo es una página de facebook que tiene la virtud de hacernos revivir por medio de la imagen estampas de la ciudad de Santa Cruz de Tenerife que ya son historia. Al mismo tiempo, nos permite comprobar lo que hemos perdido para siempre, sobre todo en patrimonio arquitectónico e histórico-artístico, de una ciudad siempre abierta al mar como la nuestra.

En la foto vemos el antiguo edificio de la Audiencia y Juzgados de Santa Cruz de Tenerife, hacia 1940, en plena posguerra. Un soberbio ejemplo de arquitectura canaria, de fachada simétrica y ennoblecida, ubicado entre la calle Bravo Murillo y General Gutiérrez, llamada en otro tiempo de la Caleta, en alusión a la caleta de Blas Díaz, en la que se desembarcaba a la llegada a la ciudad.

La antigua Casa de la Audiencia de Santa Cruz de Tenerife, ya desaparecida

En los primeros años de la dura posguerra, en la puerta principal del edificio se advierte el escudo con el yugo y las flechas y un asta para izar la bandera nacional en días señalados. Esta edificación se mantuvo hasta después de 1942, cuando sus solares fueron expropiados para destinarlos a las actuales dependencias de Correos. Si se hubiera conservado y restaurado convenientemente, hoy disfrutaríamos de una joya arquitectónica. Una de tantas perdidas en la historia de la ciudad, justificada por los planes urbanísticos de la época.

Detrás aparece el edificio del Cabildo Insular de de Tenerife, un proyecto del arquitecto tinerfeño José Enrique Marrero regalado, cuya construcción comenzó a mediados de 1935, casi un año después de su adjudicación y motivó la demolición de la antigua Casa de la Aduana, en la que se encontraba la delegación de Hacienda. Las obras del nuevo palacio insular finalizaron en 1938, aunque las dependencias no fueron ocupadas hasta 1940, en tiempos de la presidencia de Francisco La-Roche Aguilar.

El edificio desaparecido estaba próximo al castillo de San Cristóbal, primera fortificación importante de la isla de Tenerife, construido en el último tercio del siglo XVI y derribado en 1928. El solar que ocupaba, y algunos rellenos al mar, dieron origen a la Plaza de España, cuyo monumento a los Caídos fue inaugurado en 1947. Muy cerca se encuentra, asimismo, la Plaza de la Candelaria, que es la plaza mayor de Santa Cruz de Tenerife, de la que también han desaparecido algunos edificios históricos y sobrevive milagrosamente, aunque sumido en el abandono, el Palacio de Carta, que data de 1752. En otro tiempo fue sede de la Capitanía General de Canarias, Gobierno Civil y Banco Español de Crédito.

En el comentario de la fotografía, su autor, Francisco Luis Yanes Aulestia, se fija en el detalle de “una furgoneta de Provisiones Imeldo nos recuerda las prácticas mercantiles y comerciales de los cambulloneros, ya mucho más organizados con automoción y publicidad establecida, que mucho hicieron por mantener suministrada a la isla de las grandes carencias existentes. Un burro, posiblemente de alquiler, también se ofrece a nuestra vista y algunos vecinos, ociosos probablemente por falta de trabajo, en una estampa que nos recuerda que estamos en tiempos de la posguerra”.

Foto: Archivo Santa Cruz Antiguo (facebook)

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